Comunidades en Áreas de Conflicto
Boletín - No. 129, 2025
Contenido
Editorial
Dom Bernard Lorent Tayart, OSB, Presidente de AIM
Meditaciones
• La paz en la regla de san Benito
Equipo Editorial
• “La paz os dejo, mi paz os doy” (Jn 14, 27)
Dom Maksymilian R. Navarra, OSB
• El mosaico del ábside de la basílica de San Clemente (Roma)
P. Alex Echeandía, OSB
Testigos
• El monasterio de Santa María de la Paz: de Nicaragua a Panamá
Monjas de Sorá
• La abadía de Mokoto
Dom Bernard Oberlin, OCSO
• Viviendo en una cultura de violencia; la experiencia nigeriana
P. Peter Eghwrudjakpor, OSB
• El monasterio de Belén: un monasterio junto a la muralla
Monasterio del Enmanuel
• El monasterio de Fons Pacis; Paz en la inseguridad y la incertidumbre
M. Marta Luisa Fagnani, OCSO
• Los Gritos Silenciosos de Madhya Pradesh
Hna. Asha Thayyil, OSB
• Semillas de esperanza en medio del sufrimiento
Sr. Maria Liudmyla Kukharyk, OSB
• La guerra más difícil
Patriarca Athenagoras
Liturgia
“Visión de paz”
P. Gerard Gally
Grandes figuras de la vida monástica
• Madre Máire Hickey, OSB
Sito Web de la abadía de Kylemore
• Dom Mamerto Menapace, OSB
Cuadernos Monásticos 234
Noticias
• La nueva secretaría de AIM
Equipo Editorial
• Extracto del informe de DIM-MID al Congreso de Abades Benedictinos
P. William Skudlarek, OSB
• El nuevo Secretario General de DIM-MID
P. Cyprian Consiglio, OSB
• Proyectos apoyados por AIM
Mahitsy, Umkon, EMLA
Editorial
Este Boletín está dedicado a las comunidades monásticas que actualmente sufren conflictos y guerras en varias regiones de nuestro mundo. La palabra «Pax» es uno de los lemas de los monasterios que viven bajo la Regla de San Benito. Esta palabra aparece en el Prólogo: «Apartaos del mal y haced el bien, buscad la paz y seguidla» (Prólogo 17). San Benito sabía de lo que hablaba, pues vivió las guerras en suelo italiano entre los ostrogodos de Totila y los bizantinos de Justiniano. Los monasterios ya eran refugios para el pueblo y, al mismo tiempo, testigos de esa paz divina que proviene de las palabras de perdón pronunciadas por Cristo en la cruz.
La tradición monástica siempre ha insistido en esta búsqueda: los monjes hesicastas son grandes testigos de ello, buscando la paz en su interior para tener un corazón unificado. Sin embargo, la paz es una lucha; no se consigue fácilmente. San Benito compara el monasterio con un ejército de vida fraterna que, al buscar la paz, gana amor.
Este nuevo número del Boletín de AIM ofrece un relato conmovedor de una serie de situaciones de violencia o guerra en las que se ven envueltas comunidades monásticas de diferentes continentes. Es una oportunidad para fomentar la solidaridad y profundizar en nuestra comprensión de las causas de estas situaciones de conflicto en el contexto internacional. También es una oportunidad para apreciar el coraje, la humilde perseverancia y el sacrificio de estas comunidades, que deben encarnar de manera muy concreta la paz, el apoyo material y el aliento espiritual que tanto necesitan las personas que sufren.
Además de una meditación y una reflexión sobre un famoso mosaico que aborda el tema de la paz, los lectores disfrutarán redescubriendo el famoso escrito del patriarca Atenágoras sobre la paz interior.
Un artículo trata sobre la liturgia, en particular el de la Dedicación, como visión de la paz, tal y como sugiere el famoso himno Urbs Ierusalem.
También se nos presentan como ejemplos dos grandes figuras monásticas, la madre Máire Hickey y Dom Mamerto Menapace. Ambos tenían estrechos vínculos con AIM.
Reimprimimos parte del discurso pronunciado por el padre William Skudlarek en el Congreso de Abades (septiembre de 2024), quien ha terminado su mandato como secretario general de DIM-MID, y la presentación realizada por su sucesor, el padre Cyprian Consiglio, monje camaldulense.
Por último, presentamos algunos proyectos que AIM desea apoyar y para los que solicita su generosidad. Gracias de antemano.
Dom Bernard Lorent Tayart, OSB
Nuevo Presidente de AIM
Articulos
La Paz en la Regla de San Benito
1
Meditaciones
Equipo Editorial
La Paz en la Regla de San Benito
Desde el Prologo San Benito nos invita a escuchar la Palabra de Dios con el oído de nuestro corazón y a conformarnos a ella. Se hace eco de las palabras del Salmo 33: «Buscad la paz y seguidla». Para él, la paz es ante todo un proceso interior: se trata de purificar el corazón de la ira, el orgullo y la rivalidad, es decir, de cualquier deseo de poder sobre los demás y sobre los acontecimientos. Sin esta conversión personal, no es posible una paz duradera entre los seres humanos.
En esto, san Benito sigue la gran tradición monástica que apunta a la paz del corazón, como tan acertadamente la describió Juan Casiano, con el fin de unirse a Dios en el amor. Esta hesiquía, tan buscada por los monjes, estuvo en el origen de un movimiento conocido como hesicasmo, que sigue muy vivo en el Monte Athos, por ejemplo, pero también en muchos otros lugares. Al practicar a diario las herramientas del arte espiritual, los monjes son capaces de canalizar positivamente sus pasiones humanas y vivir escuchando lo más profundo de su corazón. Así, según el Prólogo de la Regla, pueden correr con el corazón ensanchado por el camino de los mandamientos de Dios, que pueden resumirse en el mandamiento del Amor.
Es a través de esta labor espiritual que los monjes y monjas participan en la transformación del mundo y ofrecen, en cierto sentido, una forma de vida alternativa que no se basa en los intereses mundanos, sino en el espíritu del Reino, según las Bienaventuranzas.
En la vida diaria de una comunidad monástica, la paz se experimenta de maneras muy concretas. El silencio, recomendado a menudo en la Regla, no es simplemente un deber que cumplir, sino que es esencialmente una labor de preparación interior para la paz, ¡aunque el arte del canto sea a menudo una fuente de tensión! La humildad es también un fundamento esencial. Los que son humildes aceptan sus limitaciones, respetan a los demás y contribuyen así a la armonía común. La obediencia, vivida con espíritu de fe y fraternidad, es otro camino hacia la paz. Enseña a cada persona a renunciar a la soberanía sobre sí misma para unirse a los demás en la escucha de la voluntad de Dios y en su puesta en práctica.
La paz depende también en gran medida del papel del abad, a quien san Benito compara con un padre. Su misión es guiar con suavidad, corregir sin dureza y mantener la unidad entre los hermanos. La justicia en la distribución de los bienes, la atención a las necesidades de cada individuo y la oración comunitaria que une a toda la comunidad son medios para construir la armonía.
La paz que se vive dentro del monasterio no permanece confinada entre sus muros. A lo largo de los siglos, los monasterios benedictinos han sido lugares de acogida, refugio y reconciliación. Al cultivar la paz entre ellos, los monjes se convierten en testigos ante el mundo exterior. Incluso hoy, en un mundo desgarrado por las divisiones y la violencia, la Regla de San Benito sigue siendo sorprendentemente relevante: nos recuerda que la verdadera paz nace primero en el corazón y se construye pacientemente, día tras día, a través de la escucha, la humildad y la caridad.
Así, la Regla de San Benito nos invita a comprender que la paz es tanto un don de Dios como una responsabilidad humana. Es un camino espiritual que compromete a toda la persona y, cuando se vive con fidelidad, se convierte en una fuente de luz y esperanza para la comunidad y para el mundo.
“La Paz os Dejo, mi Paz os Doy”
2
Meditaciones
Dom Maksymilian R. Nawara, OSB
Presidente de la Congregación de la Anunciación
“La Paz os Dejo, mi Paz os Doy”
(Jn. 14, 27)
“La paz os dejo, mi paz os doy;
no os la doy yo como la da el mundo.
Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde”(Jn. 14, 27)
La cuestión de la paz
Muchos de nosotros que vivimos en países afectados por la guerra –y cada vez son más– nos enfrentamos a una pregunta difícil pero fundamental: ¿qué debo hacer?.
¿Qué debe hacer un monje, una monja, un sacerdote o un superior en tiempos de guerra, sufrimiento, pérdida y violencia, cuando la pesadilla no da señales de terminar? ¿Qué debemos hacer cuando todo parece conspirar para prolongar la guerra?
Respondemos continuamente a las necesidades de quienes sufren. En muchos lugares, hermanos y hermanas se esfuerzan heroicamente, durante largos períodos de tiempo, por no abandonar a quienes viven junto a ellos o acuden a ellos en busca de ayuda. Sin embargo, también nosotros sentimos miedo y ansiedad, y a veces perdemos la esperanza. Y la pregunta sigue surgiendo: ¿qué debemos hacer para construir la paz? ¿Dónde debemos buscarla? Señor, ¿qué debo hacer?
A menudo, la única forma de salvación reside en la oración silenciosa, que calma un corazón agotado. Las palabras del Evangelio según san Juan nos llevan a una comprensión más profunda de la paz, una paz que siempre se nos da, incluso cuando la guerra hace estragos en el exterior:
«La paz os dejo, mi paz os doy. Una paz que el mundo no puede daros. No dejéis que vuestros corazones se turben ni se acobarden»
(Jn 14, 27).
El mundo de la guerra y la paz
Al observar la historia de la humanidad, desde Caín y Abel hasta nuestros días, es fácil llegar a la conclusión de que la paz no es más que un intervalo entre guerras. Una tregua que dura mientras el vencedor puede imponer su poder y el vencido carece de fuerzas para rebelarse.
A pesar de los avances en tecnología, psicología y humanismo, el mundo sigue sin experimentar más paz y parece incapaz de alcanzar una paz duradera.
Pero Jesús ofrece un tipo diferente de paz. No es la indiferencia de un estoico que permanece impasible incluso cuando el mundo se desmorona a su alrededor. Tampoco es la pax perniciosa, la «paz destructiva» de una persona atrapada en su propio egoísmo o en el de los demás, que solo busca su propia «paz interior».
Esta idea de paz – equiparándola con el bienestar o una zona de confort – conduce a una ilusión. Al defender su territorio, el ego puede iniciar nuevas guerras, grandes o pequeñas, para conservar lo que cree que es suyo.
El don de la paz
La paz de Jesús brota de un amor más fuerte que la muerte. Es la paz del Crucificado y Resucitado, que nos hace «conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios» (Ef 2, 14-19).
Es el don de su presencia, la plenitud de toda bendición. Cuando Jesús nos deja, no deja un vacío, sino una paz que es independiente de las circunstancias externas.
«¡No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo!». Monseñor Mikołaj Łuczok, obispo de una diócesis ucraniana, dijo en una reunión de oración por la paz en Cracovia:
«El Espíritu Santo me recuerda constantemente que, por encima de todo, debo estar profundamente inmerso en la paz de Jesucristo. Esta es mi primera responsabilidad. Y cuando permanezco en su paz, entonces veo más claramente a quién y cómo debo ayudar. Porque si la paz de Cristo falta en mi corazón, el miedo me guiará. Sin paz, el miedo está presente. El miedo surge de un corazón herido. Inicialmente, conduce al aislamiento y a la supervivencia. Pero si el corazón no se cura, tan pronto como surge la oportunidad de romper el aislamiento, puede llevar a herir a los demás y convertirse en una fuente de guerra».
Este es un buen comentario sobre las palabras del Evangelio: Jesús nos da la paz para que nuestros corazones no tengan miedo.
Conclusión
El egoísmo humano puede que nunca permita que reine la paz total en el mundo. Pero la paz interior es posible. La paz es accesible para aquellos que están dispuestos a aceptarla. Las comunidades de paz existen. Jesús nos llama a esta paz. Y es esta paz la que él quiere darnos.
El mosaico del ábside de la basílica de San Clemente (Roma)
3
Meditaciones
P. Alex Echeandía
Monasterioi de Lurín, Perú
El mosaico del ábside de la basílica de San Clemente (Roma)
La basílica de San Clemente en Roma alberga un impresionante mosaico en su ábside llamado «El triunfo de la cruz», que data del siglo XII. Este mosaico, que se cree que fue creado por Jacopo Torriti y su equipo, transforma la cruz en un símbolo de vida, paz y salvación, rodeada de elementos que representan la eternidad y la protección divina.

Historia y reconstrucción: La basílica fue fundada en el siglo V sobre ruinas romanas, pero fue parcialmente destruida en el siglo XIII y posteriormente reconstruida, adquiriendo su aspecto actual.
Simbolismo: La cruz está rodeada de hojas de laurel y enredaderas en espiral que simbolizan la salvación, la paz, la vida eterna y la sangre de Cristo, representada por el vino.
Detalles: Entre las enredaderas hay figuras humanas, animales y símbolos bíblicos que representan la universalidad de la salvación, con elementos como los cuatro evangelistas, el Cordero de Dios, los santos Pedro y Pablo, así como la Jerusalén celestial, la ciudad eterna donde siempre reina la paz.
En esencia, este mosaico es un poderoso símbolo de paz, un faro de esperanza frente a la omnipresente violencia y el terror que azotan nuestro mundo. La paz, personificada por la cruz de Cristo, Príncipe de la Paz, es la fuente última de la redención. La cruz, elemento central de toda la creación, encarna el acto universal de redención obrado por Cristo, el triunfante dador de la Paz.
El Monasterio de Santa María de la Paz : de Nicaragua a Panamá
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Testigos
Las Monjas de Sorá, OCSO (Panamá)
Ex-Juigalpa, Nicaragua
El Monasterio de Santa María de la Paz : de Nicaragua a Panamá
Paz en Él
Nos gustaría compartir con ustedes un poco de la historia de nuestro rescate, de la que quizá hayan oído hablar. Por casualidad, la negativa a permitir la entrada en el país a un sacerdote argentino que había venido como capellán temporal nos puso en guardia. Los miembros de la Conferencia Episcopal nos alertaron sobre nuestra situación con respecto al Gobierno nicaragüense. El hecho de que hubiéramos acogido en nuestra casa de huéspedes a personas que luego publicaron comentarios hostiles al gobierno en las redes sociales, hizo que fuéramos clasificadas como opositores por el gobierno. También nos informaron que, si salíamos del país, no podríamos volver... y que a nadie que viniera a visitarnos desde el extranjero se le permitiría entrar. Teniendo en cuenta todos estos factores, nos aconsejaron, por nuestro propio bien, que saliéramos del país.
Así que, en el plazo de dos semanas, tuvimos que decidir qué llevarnos y cómo distribuir las pertenencias del monasterio. No queríamos olvidarnos de nuestros queridos trabajadores y sus familias. Fue desgarrador, porque llevábamos veintidós años en Nicaragua y ya teníamos una vida y una historia entre este pueblo que lleva sufriendo tanto tiempo.
Cuando nuestro Abad General y el Generalato se enteraron de lo que estábamos pasando, nos conmovió profundamente la gracia de pertenecer a una Orden que pone en práctica la Carta de Caridad, con su apoyo espiritual y material, ¡por lo que estamos muy agradecidas!
Unos meses antes de nuestra partida, llevamos a cabo un discernimiento comunitario, siguiendo el consejo de nuestro Padre Inmediato, P. Paul Mark Schwan (New Clairvaux, Vina, EE. UU.), y de Madre María Marcenaro, abadesa de nuestra Casa Madre (Hinojo, Argentina), para reflexionar sobre cómo proceder en caso de expulsión, para «escuchar» lo que el Señor nos decía al respecto. Finalmente decidimos ir a Panamá. Mientras aún estábamos en Nicaragua, pudimos contactar con el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa, que se había mostrado muy amable con nosotras desde nuestra llegada. Fuimos acogidas por los hermanos carmelitas descalzos, que nos mostraron una generosidad excepcional desde el principio. Nos sentimos profundamente rodeadas del amor de Dios a través del amor de nuestros hermanos y hermanas en Panamá. Después de nueve meses en el corazón de la ciudad, pudimos mudarnos a una gran casa que convertimos en un pequeño monasterio. Estamos situadas a 90 km de la ciudad de Panamá, en la localidad de Sorá, donde también se encuentra el terreno para el futuro monasterio.

Todas somos conscientes del llamado del Señor a seguir siendo, por su misericordia, un signo de la presencia de Dios entre estos pueblos de Centroamérica, y queremos responder a él con gran generosidad a pesar de nuestras debilidades físicas y espirituales. Vivimos aquí, esperando que comiencen los preparativos para que un nuevo monasterio pueda florecer en suelo panameño.
Les pedimos que sigan rezando por nosotras para que podamos adherirnos plenamente a la voluntad del Señor. Que podamos ofrecer la paz de Dios desde lo más profundo de nuestro corazón a nuestros hermanos y hermanas, como comunidad monástica, la comunidad de Santa María de la Paz.
La Abadía de Mokoto
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Testigos
Dom Bernard Oberlin, OCSO
Abadía de Mokoto, República Democrática del Congo
La Abadía de Mokoto (RDC)
En el 2003, miembros del M23 llegaron a nuestras colinas. A partir del 23 de enero, los aldeanos acusados por sus vecinos de ser cómplices de los atacantes se sintieron amenazados y se refugiaron en el monasterio. El 6 de febrero, llegaron hombres armados y llevaron a estos refugiados a un lugar seguro en la ciudad de Kitshanga, a 20 km del monasterio.
Pero el resto de los aldeanos se sentían inseguros y se refugiaron con nosotros: ¡más de 800 personas! El número aumentaba día a día. Alimentamos a los primeros en llegar, pero el número de refugiados se hizo demasiado grande. Esto dio lugar a acusaciones de que «los monjes están del lado del M23». ¡Era una situación difícil!
Sin embargo, nuestra cosecha de maíz fue muy buena y pudimos ayudar a todas estas personas durante un tiempo... Entre mayo y junio, el número de desplazados aumentó de forma alarmante: había 14 000 desplazados en nuestros pastos. Construyeron chozas. Tuvimos que organizarlos en barrios, construir puntos de agua y tuberías, y aumentar el número de letrinas. En octubre, había 30 000, y hubo casos de disentería y cólera. Finalmente llegaron las ONG Concern y Cáritas. Por nuestra parte, dimos trabajo a los desplazados. Las ayudas continuas los habrían convertido en dependientes de la asistencia social. Teníamos un proyecto para construir campos en terrazas. Cientos de personas trabajaron en él y recibieron su salario. En Mokoto, todo está en ladera.
Para comprar comida en Kitshanga, uno se enfrenta a la inseguridad en la carretera (los rebeldes Nyatura detienen, extorsionan, roban, violan y matan). La pequeña tienda de la entrada ya no vende solo queso y vino de guayaba, sino también sacos de arroz, harina de mandioca, azúcar, etc.

Desde el punto de vista de la vida monástica, ha sido una buena oportunidad para poner en práctica la caridad. Al principio, incluso tuvimos que alojar a gente en la iglesia. Pero el campamento también significa bares, restaurantes, gritos y música, y todas las tentaciones de la ciudad. ¡Los monjes aún no somos santos!
Un año después, el 23 de enero de 2024, el M23, al considerar más fácil vigilar un pueblo que controlar un campamento, expulsó a todos los refugiados por la fuerza. Algunos de ellos, procedentes de zonas de combate, intentaron encontrar alojamiento en los pueblos de los alrededores. Muchas madres no tienen esposos; buscan trabajo o mendigan para alimentar a sus hijos.
De ahí el éxito de nuestra última iniciativa: dado que nuestro rebaño de vacas se ha reducido considerablemente, parte de los pastos se alquilan a cualquiera que quiera cultivarlos: 10 libras por 900 m² al año. Esto no es posible para todos, por lo que seguimos teniendo que dar limosna.
Somos 35 hermanos, y el abad general y el Padre Inmediato sugirieron que buscáramos un anexo y un camión para poder huir si fuera necesario, como hicimos en 1996. El camión ya se ha comprado, pero aún no el anexo: ¿Tanzania? ¿Zambia? Sobre todo, rezamos todos los días por la paz. La vida monástica y cotidiana continúa. Como escribió el padre Víctor en 1996, tras una visita nocturna muy violenta y armada de bandidos: «He dormido bien y esta mañana estoy explicando los textos del Pseudo-Macario a los novicios».
Viviendo en una cultura de violencia; la experiencia nigeriana
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Testigos
P. Peter Eghwrudjakpor, OSB
Prior de Ewu-Ishan, Nigeria
Viviendo en una cultura de violencia;
la experiencia nigeriana
Nigeria no es realmente un país violento. En su diversidad de pueblos, culturas y religiones, la vida siempre ha sido considerada sagrada por todos, y la sangre es muy sagrada; los extranjeros son recibidos con los brazos abiertos. La gente no tiene miedo de trasladarse a territorios lejanos, extraños y desconocidos debido a la creencia común de que los extranjeros siempre deben ser bienvenidos y protegidos a toda costa. Por lo tanto, cualquier lugar es como el hogar. El respeto por la vida humana y la protección de los extranjeros están inscritos en el corazón y salvaguardados por la creencia en la ley natural del castigo y la retribución.
Sin embargo, hoy en día, Nigeria tiene una generación de personas que están incluso dispuestas a desafiar a los dioses de nuestra tierra, no solo a nuestros espíritus ancestrales. Si bien es cierto que Nigeria no es un país violento, también lo es que cuenta con algunas personas y grupos realmente violentos y sedientos de sangre. Por ello, dondequiera que te encuentres, debes aprender a estar alerta y vigilante, porque los hombres violentos, por pocos que sean, son verdaderamente crueles y bastante impredecibles. Desgraciadamente, esto se suele atribuir a la religión y el islam es el chivo expiatorio habitual, con razón o sin ella. La cultura del temor a los musulmanes existía, pero ahora está empezando a crecer una cultura de odio hacia los musulmanes, también debido a la violencia generalizada. Hay grupos terroristas que se identifican como islamistas, pero esto no es razón suficiente para generalizar ni demonizar al islam. Hay muchos musulmanes buenos.
En ocasiones, quienes perpetran actos violentos y asesinatos brutales parecen ser animistas, adoradores del «juju» que practican rituales diabólicos para los que necesitan sangre humana. También hay casos de personas en el negocio de los secuestros que afirman ser cristianas. A menudo, se trata de personas movidas por la codicia. Por lo tanto, ningún grupo religioso está libre de la actual cultura de violencia y asesinatos; aunque generalizado, el terrorismo a gran escala es reivindicado oficialmente por grupos extremistas islámicos: las sectas «Boko-Haram» e «IS-WAP».
La política y la codicia tienen la misma responsabilidad en la violencia nigeriana. La mayoría de los nigerianos temen las épocas electorales; el ambiente suele ser similar al de una guerra civil en toda regla. La política en Nigeria puede ser extremadamente sangrienta, y algunos políticos nigeriano no se avergüenzan de actuar de forma despiadada y violenta solo por el poder.
Por lo tanto, es justo decir que la violencia en Nigeria es ante todo una cuestión del corazón, que surge de la codicia y el egocentrismo, incluso antes de que la religión se vea arrastrada a ella. Comienza en un corazón empapado de codicia, y luego se adorna con el fraude y la corrupción. La violencia real puede considerarse como un mero disfraz de los delitos institucionalizados, a veces patrocinados y protegidos por las élites gobernantes. Este es nuestro verdadero problema: el egoísmo, la codicia y las mentiras. Estas son las raíces profundas de la violencia nigeriana.
Para los políticos y altos funcionarios del gobierno, se trata simplemente de un juego de poder y control, dinero y riqueza. La vida se devalúa por estas razones: ganancias insignificantes, ventajas egoístas sobre los rivales. Esta es también la razón por la que nunca se lleva ante la justicia a los autores de estos asesinatos violentos. Nunca se les castiga ni se les encarcela. No, no. Por ejemplo, los miembros del grupo terrorista Boko Haram son a veces arrestados, pero poco después son liberados. ¿Por qué? Se les llama «hijos del Gobierno». Es cierto que el ejército nigeriano a menudo realiza misiones para asaltar estos campamentos terroristas, con un gran gasto y riesgo para sus propias vidas. Sin embargo, los arrestados son tarde o temprano liberados ¡y puestos en libertad! ¡Así de ridículo puede ser el Gobierno!
Grupos de terror
Se pueden identificar fácilmente tres grandes grupos de terror en Nigeria. El más conocido es Boko Haram, al que ahora se ha unido IS-WAP (Estado Islámico - Provincia de África Occidental). Estos dos grupos afirman estar luchando la guerra islámica, la yihad. Son muy crueles y brutales en sus ofensivas. Cuentan con la fuerza del número y con armas pesadas, como un ejército regular; no suelen ir por pequeñas ganancias, sino realmente por grandes campañas. Sus operaciones suelen dirigirse a ciudades, pueblos, instituciones, cuarteles militares y autopistas importantes, así como a territorios conocidos por su riqueza en minerales raros, como el noreste de Nigeria. En general, se cree firmemente que estos grupos terroristas cuentan con colaboradores y patrocinadores en el Gobierno nigeriano, lo que explica en parte que sigan existiendo y prosperando. También son utilizados por los políticos para crear inestabilidad política en determinadas regiones y atacar a sus rivales.
Hay otros dos grupos de terror. No son tan grandes y organizados como Boko Haram y el IS-WAP, pero son muy crueles. Están más extendidos por el país y existen en casi cualquier lugar. Son los pastores Fulani y los Secuestradores.
Los Pastores Fulani
Los Fulani son una tribu nómada; se desplazan con su ganado por centenares, pastando a su paso. Tienen colonias por toda la región del Sahel, en África Occidental. Parecen ser musulmanes y se parecen a los árabes del Sáhara. Lo más importante es que vagan por la sabana y los bosques con sus animales. Tradicionalmente, no son violentos, sino pacíficos; cada hombre Fulani lleva un cuchillo corto («daga») principalmente para proteger o rescatar a sus animales de cualquier problema.
Hoy en día, la gente les tiene miedo y desconfía de ellos debido a su asociación con tanta violencia y asesinatos brutales. Se cree que los Fulanis tradicionales han sido infiltrados por sectas inmigrantes procedentes de más allá de las fronteras nigerianas. También se cree que estas sectas asesinas han sido traídas originalmente por políticos, con una agenda islámica. Estos infiltrados/mercenarios son despiadados, sanguinarios y aterradores.
Desgraciadamente, es difícil diferenciarlos unos de otros. Cuando uno se da cuenta de que el grupo que tiene delante es una de las sectas crueles, suele ser demasiado tarde. No tienen ningún respeto por las granjas y los cultivos de la gente. Llevan a sus animales por centenares a las granjas de la gente para que devoren sus cultivos. Cualquier intento de impedirlo puede salir muy caro e incluso resultar mortal. Matan, violan y también se dedican al secuestro y al tráfico de personas por dinero.
Hoy en día, debido a este grupo, los bosques y las tierras de cultivo ya no son lugares seguros, lo que explica que los productos agrícolas se hayan encarecido mucho. Varias comunidades de BECAN han abandonado sus tierras de cultivo debido a los repetidos ataques y la destrucción de los cultivos por parte de estas sectas. El año pasado, no obtuvimos nada de una de nuestras tierras de cultivo en Ewu porque estos pastores trajeron a sus rebaños por centenares, invadieron nuestras tierras y se comieron todo el maíz, la yuca y el ñame que habíamos plantado. Gracias a Dios, este año es diferente, hasta ahora. Muchos monasterios sufren lo mismo; todos nuestros monasterios son agrarios. Aunque cercar las propiedades de los monasterios es una de las mejores formas de ahuyentar a estos intrusos y a sus animales, no siempre es fácil de llevar a la práctica.
Secuestros a Nivel Nacional
Un tercer grupo se denomina simplemente «los secuestradores». El secuestro es un nuevo negocio en auge. Los secuestradores siempre van bien armados. No se trata de un solo grupo, sino de pequeños grupos dispersos por todo el país con un objetivo similar: el dinero. Es un gran negocio y una fuente de sustento para algunos.
Estos hombres a veces se colocan en las carreteras, montan controles de carretera para capturar a sus víctimas inocentes y desprevenidas. También llevan a cabo redadas. Iglesias, casas parroquiales, instituciones religiosas, comunidades religiosas y monasterios han sido asaltados; sacerdotes, religiosos y religiosas han sido secuestrados. Los secuestradores suelen pedir enormes sumas de dinero como rescate para liberar a sus víctimas. Hasta que se paga el rescate, las víctimas son brutalmente torturadas para presionar a sus seres queridos a que no retrasen el pago. En ocasiones, las víctimas son asesinadas si el rescate no se paga a tiempo. Hay muchos casos en los que las víctimas han sido asesinadas incluso después de haber pagado el rescate.
No se puede predecir dónde ni cuándo pueden aparecer los secuestradores, ni cuándo pueden atacar. Varios monasterios de la familia BECAN han sido atacados en diferentes ocasiones y tanto monjas como monjes han sido capturados. Un joven monje fue asesinado en uno de esos ataques.
Dado que los Fulanis son expertos naturales en bosques, se cree que tienen una mayor participación en este negocio. Naturalmente, esto ha dado lugar a una cultura de odio, temor y violencia física, además a la desconfianza de los cristianos hacia los musulmanes y a las personas del norte en general. Si bien puede que no sea prudente bajar la guardia por completo en ningún momento, no debemos dejar de avanzar con los brazos abiertos para tender la mano y estar dispuestos a acoger al otro. El Evangelio no nos da otra opción.
San Benito, en la Regla, también es claro al respecto: «Que todos los huéspedes que lleguen sean recibidos como Cristo» (RB 53). Es cierto que hay personas con malas intenciones, pero siguen siendo una pequeña minoría. Debemos guardarnos de las generalizaciones y no olvidar la frase del Evangelio: «Porque quien quiera salvar su vida, la perderá» (Mt 16, 25). Una vez más, entre los instrumentos de las buenas obras, san Benito mencionó «tener presente la muerte todos los días» (RB 4, 47). No debemos fallar en la caridad por miedo a la muerte.
Codo a Codo con los musulmanes
Al menos tres de las comunidades de BECAN, incluida la de San Benito de Ewu, se encuentran dentro de comunidades musulmanas. Las monjas benedictinas de Ochaja-Idah y los hermanos de Eruku-Ilorin son los más afectados hasta ahora, tanto por los pastores fulani como por los secuestradores.
Hoy en día, ambas comunidades siguen soportando muchas dificultades y penurias para sobrevivir. Los hermanos recorren largas distancias para encontrar tierras seguras donde cultivar y proteger sus cosechas de los pastores y sus rebaños, ya que la agricultura es su principal medio de subsistencia. Mientras tanto, las hermanas benedictinas de Ochaja-Idah no echaban a las familias musulmanas que se alojaban en su propiedad. Era fascinante y, al mismo tiempo, increíble ver a las mujeres musulmanas acudir a las monjas para pedirles agua y otros artículos que necesitaban para cocinar, mientras las monjas eran retenidas como rehenes y torturadas por los secuestradores que se creía que eran islamistas. ¿Qué podría ser más cristiano y más benedictino?
Los hermanos de Eruku-Ilorin mantuvieron durante mucho tiempo una buena relación con las comunidades musulmanas de los alrededores antes del violento ataque y secuestro de varios de los monjes, que también provocó la muerte de uno de sus hermanos. El brutal ataque no les hizo romper su relación con los musulmanes. Ahora han abandonado literalmente el monasterio, ya que el peligro tanto para sus vidas como para sus cosechas es ahora mayor de lo que pueden soportar. Incluso la policía les ha dicho que no puede hacer nada; estos hombres violentos gozan de protección federal, son «intocables». Mientras tanto, los monjes continúan su relación con estos musulmanes.
Nuestra comunidad en Ewu ha sido tradicionalmente un lugar de encuentro para todos. Aquí, cristianos, musulmanes y animistas rezan, trabajan, se relacionan y hacen cosas juntos sin ningún tipo de discriminación. Es cierto que es difícil mantener esto en la situación actual, pero seguimos haciéndolo, como hermanos y hermanas, como una sola familia. Es arriesgado, pero sigue funcionando.
Cuando nuestro problema con el agua estaba en su punto álgido, fue el rey musulmán, el Onojie, quien encontró una solución duradera para nuestro problema. Nos ofreció el arroyo que es su patrimonio, suyo y de su clan, para que el monasterio construyera una nueva presa para su suministro de agua. Todo gratis. Para evitar cualquier problema futuro, también redactó un documento oficial, lo firmó y le puso su sello. Hoy en día, esta es una de las principales fuentes de abastecimiento de agua del monasterio. No debemos ser ingenuos, pero tampoco debemos tener miedo, ya que el miedo es lo contrario de la caridad (cf. 1 Jn 4, 18).

El Monasterio del Enmanuel, Belén
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Testigos
Las Monjas del Monasterio del Enmanuel, OSB
Belén, Israel
El Monasterio del Enmanuel, Belén
Un Monasterio frente al Muro
Situado en una de las colinas que rodean Belén, nuestro Monasterio del Emmanuel es miembro de la Congregación Benedictina de la Reina de los Apóstoles, afiliada a la Congregación de la Anunciación. Con espíritu misionero, la vocación de nuestra Congregación es difundir la vida monástica y establecer la vida benedictina donde aún no existe o ha dejado de existir. Nuestra Congregación está presente actualmente en Bélgica, Portugal, Brasil, Congo, Angola y Chad, así como en Tierra Santa.
Las tres hermanas fundadoras de nuestro monasterio comenzaron en Argelia, en el monasterio benedictino de Médéa, a pocos kilómetros de Tibhirine. En 1954, un obispo greco-católico de Galilea acudió a ellas y les pidió que fundaran un monasterio greco-católico en Tierra Santa. De hecho, hay muchos fieles greco-católicos allí, pero actualmente solo hay dos monasterios de este rito.
Nuestras hermanas, que rezan en árabe y están familiarizadas con el mundo musulmán, pudieron asumir este reto más fácilmente. La Iglesia greco-católica es un puente entre la Iglesia latina y la Iglesia ortodoxa, ya que rezamos como los ortodoxos, pero formamos parte de la Iglesia católica. Por lo tanto, a la comunidad se le encomendó una doble misión: ayudar a revivir las tradiciones de la Iglesia indivisa dentro de la Iglesia católica y ser un centro de oración por la unidad de los cristianos.
Desde marzo de 2003, el muro de la «barrera de seguridad» que separa Belén de Jerusalén se encuentra frente a la entrada del monasterio. Nos encontramos a 200 metros de uno de los tres puntos de paso de la región entre Palestina e Israel y a 500 metros de la Tumba de Raquel, un lugar especialmente controvertido en Tierra Santa.
Belén siempre ha estado vinculada a Jerusalén, ante todo desde el punto de vista espiritual, ya que es el lugar de nacimiento de Cristo, que murió y resucitó en Jerusalén y por lo tanto, un lugar privilegiado de peregrinación para todos aquellos que deciden seguir los pasos de Jesús. También están conectadas desde el punto de vista geográfico (apenas 10 kilómetros las separan), también históricamente, por supuesto, y económicamente, ya que Belén no cuenta con una infraestructura industrial significativa capaz de generar empleo.
La construcción de un muro entre estas dos localidades ha provocado una separación muy violenta. Muchos palestinos de Belén tenían trabajos fijos en la zona de Jerusalén: profesores en instituciones cristianas, médicos, trabajadores de la construcción. La mayoría de ellos perdieron sus empleos y no han podido encontrar otros nuevos desde entonces. Desde las masacres del 7 de octubre de 2023, la frontera entre Jerusalén y Belén ha estado cerrada con mucha frecuencia y a menudo se abre de forma aleatoria. Para un residente de Belén, viajar a Jerusalén es una carrera de obstáculos. Aunque las dos ciudades están muy cerca, el muro se ha vuelto infranqueable sin un permiso: hay que tener una invitación del otro lado del muro, registrar las huellas dactilares y someterse a un reconocimiento facial, además de pagar una tasa. Los permisos solo se expiden en casos excepcionales o a miembros de la misma familia, en detrimento de otros. Se conceden para un lugar específico y por un número determinado de horas. Rara vez se permite pasar la noche «fuera» de la barrera de seguridad. Hay que registrarse periódicamente en una aplicación para informar la ubicación hasta que se regrese a Belén.
Todas estas complicaciones administrativas desaniman a muchos que tienen una necesidad existencial de comunicarse con Jerusalén, separando a las familias y haciendo casi imposible recibir ciertos tratamientos médicos que no están disponibles en Belén. Muchos jóvenes de Belén nunca han estado en Jerusalén. Las consecuencias de este confinamiento prolongado son extremadamente difíciles para muchos e impiden el desarrollo saludable de la actividad humana al hacer que el futuro sea cada vez más incierto.

Hoy en día, el área metropolitana de Belén, que también incluye las aldeas de Bet Jala y Bet Sahour, donde se encuentra el «Campo de los Pastores», que antes era casi totalmente cristiana, ahora está compuesta por un número igual de cristianos y musulmanes. Sin embargo, muchas familias cristianas, al no ver futuro en el contexto actual, están optando por emigrar. Esta emigración comenzó después de la segunda Intifada en los 2000 y ha seguido aumentando hasta ahora. Cuarenta familias cristianas de Belén han emigrado desde el 7 de octubre.
En este contexto dramático, ¿qué puede significar el mensaje de los ángeles en el nacimiento de Jesús: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace» (Lc 2, ¿14)? ¿Y cómo podemos llevarlo con fuerza en nuestros corazones?
En primer lugar, a menudo nos encontramos aprendiendo del valor y la resiliencia de quienes nos rodean. Se han puesto en marcha muchas iniciativas maravillosas de solidaridad. Como miembros de una comunidad religiosa, podemos cruzar el puesto de control. Esto suele ser una oportunidad para recibir ayuda de otras comunidades o de amigos israelíes que están deseosos de compartir lo que tienen para apoyar al pueblo de Belén. Por nuestra parte, a nuestra pequeña escala, intentamos ayudar a quienes llaman a nuestra puerta. Apoyamos los gastos escolares de varias familias. Cuando los jóvenes pueden estudiar, recuperan un poco de esperanza en el futuro. Admiramos su resiliencia. Una joven de Belén, cuya familia era muy desfavorecida, completó sus estudios de psicología en la Universidad de Oxford. Desde entonces, ha regresado a Belén y ha abierto un centro que, a pesar de los obstáculos para el desarrollo relacionados con la situación, está haciendo mucho bien. Durante la segunda Intifada, el monasterio fue un lugar de refugio para varias familias del centro de la ciudad que se veían amenazadas por los combates.
Para otros, se trata de satisfacer las necesidades básicas. No existe una seguridad social universal en Palestina, por lo que, aunque los gastos médicos son bajos, algunos pueden ser imposibles de pagar. También repartimos cestas de alimentos.
Es solo una gota en el océano, dado nuestro reducido número. Nuestro voto de estabilidad se convierte a veces, humanamente hablando, en una experiencia de impotencia y desolación. A pocos kilómetros de nosotros, en Gaza, se desarrolla a diario una tragedia humana. Esperamos que nuestra oración y nuestro compartir hablen donde las palabras fallan, «estando con» en un ardiente llamamiento a la paz y también en los dolorosos trastornos de esta tierra. Sí, hay muchas dificultades para vivir en este lugar, ¡pero vale la pena! Por muy desgarrada que esté esta tierra, sigue atrayéndonos aquí. Por ella, podemos dejarlo todo atrás. Cuánto más aquellos que nos rodean y que tienen la gracia de vivir en estos lugares.
Como Belén ha sido un territorio cerrado durante años, no es posible expandirse fuera de sus límites. Por lo tanto, la tierra es escasa y se reserva principalmente para la construcción y la vivienda. Si bien, por un lado, estamos literalmente contra una pared, por otro, nuestro monasterio da a todo el valle del Jordán, un paisaje hermoso y virgen que nos permite experimentar un poco de la espiritualidad de los Padres del Desierto que vivieron en estos valles. Su jardín, que se extiende a lo largo de una de las laderas y florece en invierno, se ha convertido con los años en uno de los únicos espacios verdes de Belén.
Para quienes vienen aquí, el lugar suele ser una oportunidad para renovarse profundamente o descansar del cansancio, del caos de la ciudad y los campos de refugiados.
Nuestra oración bizantina, cantada tanto en árabe como en francés, es también un fuerte vínculo con los lugareños. En primer lugar, porque siempre ha sido su tradición, y también porque, a través de su profundidad y sus cánticos rítmicos y repetitivos, nos sumerge en la profunda realidad de la promesa de Cristo, aunque esté velada a nuestros ojos: «¡Y yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo!». (Mt 28, 20). Es la tumba vacía la que, por su vacío, da sentido a la historia y también a nuestra pequeña historia detrás de este muro. La liturgia poderosamente hace eco de este kerigma, como un manantial vivo que nada puede detener, y nos mantiene creyendo cuando a veces ya no tenemos fuerzas para creer. Son palabras, ritmos y cantos utilizados por generaciones de santos y fieles antes que nosotros —algunos textos se remontan a los orígenes de la Iglesia— que nos recuerdan que estamos en este mundo, con este mundo, pero no para este mundo y que llegará el día en que «Él enjugará toda lágrima de nuestros ojos» (Ap 21, 4).
En el muro divisorio, con nuestro profesor de iconografía, hemos pintado un icono de la Virgen María, «Nuestra Señora que derriba muros». Le rezamos cada vez que nos vemos frente a ella, es decir, cada vez que salimos de nuestro monasterio. Todos los viernes por la tarde, junto con los hermanos de la Universidad de Belén y algunos lugareños, rezamos el rosario a lo largo del muro. Esta es nuestra humilde respuesta de fe al sufrimiento de estar encerrados. Pedimos a Dios que añada a nuestras oraciones el poder que proviene de Él para que esta tierra de nadie entre Jerusalén y Belén se convierta en un lugar de oración, de belleza, un lugar donde Dios consuela a hombres y mujeres y muestra Su presencia.
En su poesía profundamente penitencial, la liturgia bizantina nos vuelve a centrar en la verdadera batalla, el verdadero enemigo contra el que imploramos a Dios la victoria: «Dame, Señor, pensamientos de arrepentimiento, da también sentimientos de contrición a mi pobre alma; despiértame de mi sueño, cambia mi corazón endurecido y aleja la oscuridad de mi pereza, disipa la oscuridad de la desesperación, oh Verbo, para que de ahora en adelante me adhiera a ti y camine según tu voluntad» (Vísperas del lunes, vol. 2); o «Ayúdame, líbrame de los que me hacen la guerra y hazme heredero de la vida eterna» (Himno a la Virgen). Este «yo» litúrgico, lleno de arrepentimiento, no habla solo por nosotros mismos, sino que es una súplica en nombre de todos los que viven en la tierra y «en la confusión de este mundo», un alma que implora misericordia y paz para sí misma y para el mundo entero.
Una de las claves para esta paz, son sin duda, las peregrinaciones. Belén siempre se ha mantenido viva gracias a los peregrinos, que pueden pasar por el puesto de control sin dificultad. Es importante que las peregrinaciones se reanuden, aunque sea en grupos reducidos. Al pasar de un lado al otro, los peregrinos traen vida y esperanza. La organización de peregrinaciones es a menudo una oportunidad para la colaboración fraternal entre organizaciones y guías israelíes y palestinos y, por lo tanto, un fuerte mensaje de esperanza. Este es también nuestro mensaje: ¡Peregrinos, volved!
¿Cuándo llegará esta paz? Podemos parafrasear la oración del patriarca Atenágoras por la unidad de los cristianos: «Será un nuevo milagro en la historia. ¿Cuándo? Debemos prepararnos para ello. Porque un milagro es como Dios: siempre inminente».
Así pues, nuestro testimonio es esencialmente de presencia y confianza en una línea divisoria de la humanidad, y la hospitalidad siempre ha sido una dimensión importante de nuestra vocación. Perpetuar la alabanza a través del culto divino, incluso cuando estamos entre la espada y la pared, fomentar la presencia cristiana y el intercambio entre Oriente y Occidente son muy importantes para nosotros. Esta presencia es, en su pequeña escala, la base de un Oriente Medio diverso, donde la clave de la unidad no es la violencia, sino la convivencia.
Oración a Nuestra Señora,
que derriba muros

Santísima Madre de Dios,
te rogamos como madre de la Iglesia,
madre de todos los cristianos que sufren.
Te suplicamos, por tu ardiente intercesión,
que derribes este muro,
los muros de nuestros corazones
y todos los muros que generan odio, violencia, miedo
e indiferencia entre las personas y entre las naciones.
Tú que aplastaste a la antigua Serpiente con tu Fiat,
reúnenos y únenos bajo tu manto virginal,
protégenos de todo mal
y abre para siempre en nuestras vidas
la puerta de la Esperanza.
Haz nacer en nosotros y en nuestro mundo
la civilización del Amor que brotó
de la Cruz y la Resurrección de tu divino Hijo,
nuestro Señor y Salvador Jesucristo,
que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
El Monasterio de Fons Pacis: Paz en la Inseguridad y la Incertidumbre
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Testigos
Madre Marta Luisa Fagnani, OCSO
Superiora del Monasterio de Fons Pacis (Syria)
El Monasterio de Fons Pacis: Paz en la Inseguridad y la Incertidumbre
Siria está atravesando actualmente un periodo de gran inestabilidad. Nadie se siente realmente seguro y la incertidumbre impregna todos los segmentos de la sociedad. En estas condiciones, el éxodo de sirios continúa sin cesar, sin distinción entre cristianos y musulmanes, ya sean alauitas o suníes. Los jóvenes, y no solo ellos, sienten que no tienen futuro, ni perspectivas razonables para sus vidas. Por no hablar de los episodios reales de violencia que se producen día tras día.
En este contexto, nuestra vida cotidiana continúa y, en cierto modo, su significado se simplifica, reforzado por el sentido de estabilidad monástica al que nos hemos dedicado. Como alguien nos dijo: «Quedaos, porque vale la pena». Sí, vale la pena decirlo, no porque «nosotros» seamos fieles, ni porque tengamos la solución a los problemas que nos rodean, sino porque el Señor está presente, está con nosotros en la alegría, pero también en la pobreza, en el dolor, en las situaciones absurdas que el mal consigue crear a nuestro alrededor.
Explicarlo con palabras resulta un poco artificial; puede sonar a cliché, un poco consolatorio. Se trata simplemente de seguir viviendo, día tras día: rezando los salmos, que cobran un significado especial precisamente por la situación que nos rodea; trabajando la tierra; estudiando árabe; construyendo el monasterio; creando tantas oportunidades de trabajo como sea posible para las personas necesitadas; viviendo con alegría los pequeños momentos de celebración comunitaria. Damos la bienvenida a las muchas personas que acuden a nosotros en busca de un momento de amistad, de alguien que les escuche, pero también simplemente para «respirar» la belleza de la naturaleza y la paz del silencio. Para nosotros, es un camino de gracia, un camino en el que, con sencillez pero también con cierta urgencia, nos sentimos verdaderamente llamados a convertirnos a Cristo, es decir, a orientar toda nuestra vida hacia Él, que —creemos— es Aquel que unirá todas las cosas en Sí mismo, las del cielo y las de la tierra.

Los Gritos Silenciosos de Madhya Pradesh
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Testigos
Hna. Asha Thayyil, OSB
Superiora General de las Hermanas de Santa Lioba en India
Los Gritos Silenciosos de Madhya Pradesh:
Cómo el acoso del Gobierno está estrangulando la educación tribal y el servicio cristiano
En el corazón de la India, enclavado en los cinturones tribales de Madhya Pradesh, se está desarrollando una tragedia silenciosa. En los últimos años, las iniciativas misioneras que antes prosperaban —albergues, dispensarios y centros de formación— gestionadas por organizaciones cristianas en la diócesis de Sagar, han sido objeto de un escrutinio intenso, a menudo injusto. Lo que antes servía de refugio de esperanza para los más marginados, en particular las niñas tribales, ahora está siendo cerrado por las fuerzas estatales bajo el gobierno del BJP, impulsado por acusaciones falsas y alimentado por los prejuicios de elementos marginales de la derecha.
El albergue gestionado por las Hermanas de Santa Lioba, que acoge a más de 100 niñas tribales, es un doloroso ejemplo de esta persecución sistémica. Esta institución, que durante años ofreció refugio, educación, cuidados y empoderamiento a niñas de aldeas remotas y empobrecidas, se ha visto ahora obligada a cerrar. ¿El motivo? El acoso y la incesante interferencia de los organismos gubernamentales y del Comité de Bienestar Infantil (CWC), bajo pretextos vagos e injustos. Las frecuentes inspecciones, los obstáculos burocráticos y las amenazas han hecho insostenible la continuación de estos servicios.
Sin embargo, estas acciones no se basan en una preocupación genuina por el bienestar de los niños. Más bien, se basan en una narrativa falsa: que los cristianos están convirtiendo a los niños tribales mediante la educación y la atención. Esta acusación, difundida por elementos radicales con respaldo político, no tiene base factual. La realidad es que la población cristiana en la India se ha mantenido estable en un 2,3 % durante décadas, según datos oficiales del Gobierno. A pesar de décadas de presencia misionera en las regiones tribales, los niños criados y educados en nuestros albergues siguen siendo tribales orgullosos de su identidad, cultura y raíces.

Es una cruel ironía que las mismas instituciones que llenaron el vacío que dejó el gobierno, proporcionando educación, nutrición y protección, estén siendo ahora desmanteladas por el mismo gobierno bajo sospechas infundadas. Con el cierre de estos albergues, cientos de niñas han sido enviadas de vuelta a sus aldeas. Sus sueños de convertirse en mujeres educadas e independientes han sido dejados de lado. Muchas de ellas ahora no pueden acceder a la educación secundaria. Algunas son vulnerables al trabajo infantil, al matrimonio precoz y al abandono sistemático. Esta discriminación no se limita a la educación.
En Tulsipar, una aldea remota y desatendida de la diócesis de Sagar, un pequeño pero eficaz dispensario gestionado por nuestras hermanas prestaba asistencia médica a cientos de familias. Era el único centro de salud accesible en muchos kilómetros a la redonda. Con el pretexto de no cumplir ciertos «requisitos» gubernamentales, el dispensario también fue cerrado, a pesar de su servicio vital para los pobres. Ahora, solo se permite que una farmacia funcione en su lugar. No se trata de una mera regulación, sino de una represión bajo el manto de la burocracia.
Además, se está restringiendo incluso la formación y la libre movilidad de las jóvenes que desean incorporarse a la vida religiosa. Las candidatas menores de 18 años que desean formar parte de nuestras congregaciones y recibir formación espiritual y educativa no pueden trasladarse libremente a otros estados para recibir formación. Esta restricción ha causado importantes dificultades a la hora de fomentar las vocaciones y apoyar a las jóvenes que eligen libremente una vida de servicio.
Estas crecientes restricciones reflejan una agenda deliberada, un endurecimiento del control sobre la labor de divulgación de la comunidad cristiana entre las tribus pobres, basada en el miedo ideológico más que en la verdad. La narrativa de la derecha de que los cristianos están «convirtiendo» a las tribus no solo es falsa, sino profundamente perjudicial. Niega las décadas de servicio desinteresado, integridad y amor que los misioneros y congregaciones cristianas han dedicado a estas regiones, no con fines de conversión, sino por la dignidad humana.
Lo que estamos presenciando en Madhya Pradesh no es solo una negligencia del gobierno, sino una represión selectiva. Cuando se cierran las escuelas, los centros de salud y se obstaculiza la libre circulación de los ciudadanos, debemos preguntarnos: ¿quién se beneficia de este miedo y estas falsedades? Desde luego, no los pobres. Desde luego, no las niñas tribales que antes reían, estudiaban y soñaban entre las paredes de nuestros albergues.
Se trata de una cuestión moral que trasciende la religión. Es una cuestión de justicia, libertad y el alma de nuestra democracia. Instamos a la sociedad civil en general, a los medios de comunicación y a las personas de buena voluntad, independientemente de su fe o ideología, a que alcen la voz. Porque al silenciar nuestros albergues, están silenciando la voz de los que no tienen voz.
No permitamos que el miedo triunfe sobre el servicio. No permitamos que la sospecha destruya la compasión. Las niñas tribales de Madhya Pradesh merecen algo mejor. Y no dejaremos de defenderlas.
Semillas de Esperanza en Medio del Sufrimiento
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Testigos
Hna. Maria Liudmyla Kukharyk, OSB
Abadía de Zhytomyr (Ucrania)
Semillas de Esperanza en Medio del Sufrimiento
En el límite
Nuestro monasterio se encuentra en la frontera entre culturas y mundos, como el último cabo benedictino en las tierras de Europa del Este. Más allá de esta línea, durante miles de kilómetros, no hay presencia benedictina. Más allá se encuentra el llamado «mundo ruso», cuyos amargos frutos nos hemos visto obligados a saborear durante casi cuatro años.
Más allá de la frontera, todo cambia. Cruzar a Europa es siempre una prueba. Horas de agotadoras colas, espera nerviosa, tiempo que parece congelado. Esta humillante espera puede durar hasta diez horas. En las colas, hay sobre todo mujeres con niños. Arrastran en silencio sus maletas y bolsas, sin la ayuda de un hombre a su lado. Sus ojos están cansados, pero llenos de determinación.
Y solo cuando esta fila, tanto simbólica como brutalmente real, queda atrás, se abre otro mundo. Un mundo sin sirenas de ataque aéreo. Sin el sonido de las explosiones de misiles ni el zumbido de los drones rusos. Durante décadas, vivimos a la sombra de esta amenaza, sin darnos cuenta del peso que tenía. Se cernía sobre nosotros, invisible.
Nos habíamos regocijado por la libertad recuperada tras el colapso del sistema soviético: las hermanas habían podido finalmente colocar una cruz en la fachada del monasterio y volver a llevar el hábito, no solo en secreto por la noche, sino abiertamente, en la vida cotidiana.
Vivimos durante años junto a aquellos que ahora vienen armados para apoderarse de nuestra tierra. Antes comían en los mismos restaurantes y asistían a nuestros conciertos. Visitaban nuestros santuarios, rezaban ante nuestros iconos.
Más aún, acogimos a candidatas de Rusia. Muchas jóvenes de familias rusas, en las que el Señor inspiró vocaciones a la vida religiosa, se convirtieron en hermanas nuestras. Y hoy, jóvenes de esas mismas familias firman contratos para venir a nuestra tierra, a matar y saquear. ¿Cómo se puede comprender este terrible cambio? ¿De la oración al odio, de la sacralidad a los crímenes contra la humanidad? ¿Cómo puede alguien convertirse en un monstruo en un instante? Esta pregunta nos atormenta.
La vista desde nuestra ventana
Sí, la vida se ha vuelto más difícil. Cada vez es más difícil mantenerse concentrado y con los pies en la tierra. Permanecer atento y presente, sin perder el sentido ni la esperanza: esa es nuestra lucha diaria. Podemos sentirnos agotados, cansados, ansiosos y desorientados en estos días brutales y áridos. Se siente como un viaje por el desierto, ya que nuestro país vecino nos ataca cada día con implacable crueldad.
Simplemente vivimos esta realidad al máximo, tratando de permanecer conscientes dentro de ella. Contamos las explosiones durante los ataques nocturnos. Sí, nos roban el sueño. Cada vez que se enciende la defensa aérea, miramos por la ventana. Un resplandor rojizo tiñe el cielo. Algunas hermanas siguen bajando al sótano durante los ataques. Otras hace tiempo que dejaron de hacerlo. Milagrosamente, los misiles nos pasan de largo. Golpean en otros lugares: otras ciudades, otros hogares, otras familias dormidas. Esta misma conciencia no nos deja dormir. Permanecemos en vela, con los ojos bien abiertos.
Si permitimos que el miedo nos acorrale y nos aprisione, entonces el enemigo ya ha ganado. Pero mientras permanezcamos con los ojos bien abiertos, mirando al mal directamente a los ojos, no nos habremos rendido.
Y entonces llega el amanecer, como si nada hubiera pasado, como si el cielo no acabara de ser desgarrado por las sirenas. Comienza un nuevo día. Volvemos a nuestras tareas cotidianas: alguien sale a plantar flores, tratando de hacer el mundo un poco más bello, un poco más acogedor. Seguimos adelante. Incluso cuando parece que todo se nos escapaba de las manos.
Incluso cuando el sonido exterior no es de campanas, sino de explosiones, la gente sigue acudiendo a la iglesia. Las madres enseñan a sus hijos a hacerse la señal de la cruz en los refugios antiaéreos. Les enseñan a rezar. Permítanme compartir las palabras de una de nuestras feligresas. Su hijo de cinco años, escondido en un refugio durante un ataque aéreo, le dijo:
«Mamá, deberías estar feliz. Al menos tú tuviste una vida antes de la guerra. Yo nací en esto, no recuerdo nada más que explosiones y sirenas».
Estos niños no saben lo que es la paz. Y, sin embargo, él dice esto para consolar a su madre. Esta es nuestra cruda realidad: una nueva generación está creciendo sin sensación de seguridad, sin una infancia protegida del sonido de las sirenas y las bombas.
En los sótanos, durante los bombardeos, la gente abre las Escrituras. Alguien lee un salmo. Otro comparte comida con los niños, tratando de distraerlos. La oración se ha convertido en nuestra forma de soportar la realidad. Es un signo de esperanza en lugares donde ya no se busca la esperanza. Orar es creer que la oscuridad no tendrá la última palabra en la historia.
La agresión rusa nos ha traído un sufrimiento indescriptible, pero también ha despertado una profunda fuerza de solidaridad dentro del país. Sí, estamos agotados, cansados, a veces abrumados. Pero entre las ruinas y el derramamiento de sangre, somos testigos de cómo la bondad se abre paso en los corazones de las personas. La gente acude a nosotros en busca de consuelo, un espacio de silencio, un respiro en una atmósfera sofocante de miedo y ansiedad. Tienen sed de la Palabra de Dios. Y esa sed, ese profundo anhelo, es el testimonio más claro de la fe viva.
Aún no vemos la gracia del fin de este terror. El derramamiento de sangre continúa, incluso ahora, mientras escribo estas palabras y ustedes las leen. Cada día se pierden vidas. Cada día se bombardean más ciudades. Y cada mañana, como una Lectio divina, leemos las noticias diarias sobre víctimas y destrucción.
Nuestro país se está convirtiendo en un memorial viviente para sus víctimas. En cada plaza hay hileras de banderas y fotos de los caídos. Ondean por todas partes. Cada bandera representa una sola vida.

Sin odio, sin rencor...
Al volver a la pregunta de cómo puede existir tal agresividad en el corazón de Europa, me viene a la mente un pasaje impactante del diario de Etty Hillesum, la joven judía que pereció en Auschwitz y cuyos escritos se publicaron más tarde en «Una vida interrumpida: los diarios, 1941-1943». Ella escribe:
«Tenemos tanto trabajo que hacer en nosotros mismos que ni siquiera deberíamos pensar en odiar a nuestros supuestos enemigos... Y repito con la misma pasión de siempre... "Cada uno de nosotros debe mirar hacia dentro y destruir en sí mismo todo lo que cree que debe destruir en los demás. Y recordar que cada átomo de odio que añadimos a este mundo lo hace aún más inhóspito"».
Etty reflexionaba sobre las atrocidades cometidas por los soldados de las SS, del mismo modo que ahora nos estremecemos ante la brutalidad infligida por las tropas rusas. Pero su visión sigue siendo atemporal: la verdadera batalla contra el mal comienza dentro de nosotros mismos.
Ella no está excusando el mal. Más bien, señala el camino de la purificación interior. Para Etty, el mal no es solo «el otro», sino una fuerza que debe superarse dentro del propio corazón. Es una forma difícil, pero profundamente espiritual y honesta de entenderlo. En otra entrada, escribe:
«Cada uno de nosotros debe volverse hacia su interior y destruir en sí mismo todo lo que cree que debe destruir en los demás».
Estas palabras resuenan profundamente en la tradición benedictina. San Benito nos recuerda en su Regla:
«Si ves algo bueno en ti mismo, dale el mérito a Dios, no a ti mismo. Pero asume siempre la culpa por el mal que cometas». (RB 4:42-43)
atribuirnos lo bueno y en proyectar nuestras faltas en los demás. Esta ceguera interior es la que da lugar al odio, la división y la guerra. Y así, el camino hacia la paz —una paz duradera y verdadera— no comienza con la lucha contra los demás, sino con la purificación de nuestro propio corazón.
En tiempos de guerra, estas palabras cobran una nueva urgencia. Porque la tentación de vivir en el odio se vuelve abrumadoramente fuerte. Rusia nos arrebata lo más preciado: seres queridos perdidos en el frente o bajo los escombros de los misiles, niños secuestrados de los territorios ocupados, hogares y pertenencias convertidos en cenizas.
Una mujer tuvo que quedarse de pie sobre las ruinas carbonizadas de su casa y ver cómo todo lo que había construido y apreciado durante toda su vida quedaba reducido a escombros ennegrecidos. Confesó:
«Quiero maldecirlos. Odiarlos. No tenían derecho a quitarme esto y expulsarme de mi hogar».
Pero luego añadió, en voz baja:
«Sin embargo, si cedo a eso, me convertiré en alguien como ellos».
Tomó una decisión. Al igual que Etty Hillesum, quien, en el tiempo del Holocausto, se negó a dejar que el odio la destruyera por dentro: esta mujer ucraniana no dejó que el enemigo envenenara su corazón. Hillesum escribió una vez que, si permitimos que el odio eche raíces en nosotros, el enemigo ya ha ganado. Porque entonces, el fuego del odio se propaga y nosotros mismos nos convertimos en portadores del mismo mal que deseábamos derrotar.
El camino benedictino ofrece otra vía: reconocer nuestra debilidad y, a la luz de la gracia, permitir que Dios haga el bien a través de nosotros.

Regresar con vida
Hay un poderoso poema de Iryna Tsilyk que se ha convertido en una canción y en el lema de una fundación de ayuda humanitaria ucraniana: «Regresar con vida».
Tú, sobre todo, regresa a casa,
sacúdete por fin el polvo de las botas
y aprende de nuevo a vivir a partir de entonces,
con la fe tejida de nuevo en tu corazón.
Tú, sobre todo, regresa, habiendo vencido
el gemido sin masticar del mal puro,
y deja ir este odio para siempre
en la densa tranquilidad de la paz.
Tú, sobre todo, regresa por el camino
que preservará tanto tu alma como tu cuerpo.
La tierra negra, abrasada con su aroma ardiente,
solo deseaba lluvia, no sangre.
Este poema es más que un deseo de supervivencia: es una brújula moral, una plegaria, una súplica para que el alma regrese intacta. Para sobrevivir no solo en cuerpo, sino en conciencia, en corazón, con la humanidad intacta.
Las «botas polvorientas» se convierten en un símbolo del camino, de la lucha, del servicio agotador. «La fe retejida a través de tu corazón»: la fe aquí no es un dogma. Ha sido desgarrada por la guerra, pero puede ser retejida, como una tela. Cada uno de nosotros está pasando por este re-tejido.
La frase «gemido del mal puro» habla de la guerra como un horror sin filtros, sin justificación, sin disfraz. El que la atraviesa sin dejarse consumir por el odio no es un vencedor en el sentido tradicional, sino alguien que no ha permitido que el mal entre y deforme su alma.
«Deja atrás este odio para siempre»: este es el núcleo del mensaje: no te lleves el odio a casa. «La tierra negra... solo deseaba lluvia, no sangre». La tierra, símbolo de la vida, del hogar, de la fertilidad, no tiene sed de sangre. Anhela la lluvia, la renovación, la paz.
Este poema nos recuerda que la verdadera victoria no es la derrota del enemigo, sino la invencibilidad del alma que se negó a ser conquistada por el mal.
Regresar con vida significa conservar la capacidad de amar. No dejar que la venganza y el odio se conviertan en tu nueva forma de pensar. Recordar por qué luchamos: por la humanidad, por la dignidad, por la bondad. Reconocer el dolor, pero no dejar que se endurezca tu corazón.
No solo luchamos por las fronteras, sino por el alma de nuestro pueblo. Y el alma no puede salvarse con armas si perdemos la batalla interior.
Nosotros también, como monjes, estamos llamados a ejercer el discernimiento espiritual sobre cada pensamiento y cada decisión.
El mal rara vez se presenta como una figura monstruosa. A menudo se cuela disfrazado, como una «necesidad» o como algo «justificado». Por eso, el llamamiento de San Benito a la humildad y la pureza de corazón se convierte en un escudo contra la lógica interna de la violencia. En este contexto, tanto la Escritura como la Regla de San Benito se nos presentan como guías. Nos enseñan que el corazón puede permanecer libre y fuerte, incluso cuando todo a nuestro alrededor está en ruinas.
Es por la fe que seguimos en pie:
Por la fe, el soldado en primera línea encuentra el valor para luchar y defender a su pueblo. Por la fe, el médico en una zona de combate arriesga su vida para salvar a los heridos. Por la fe, el voluntario agotado y desgastado sigue encontrando la fuerza para llevar ayuda a lugares donde no queda nada. Por la fe, la gente común sale después de los bombardeos y pone flores entre los escombros, dando testimonio de que la vida es más fuerte que la muerte.
«La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (Heb 11, 1).
Todos estos momentos nos hablan de una esperanza poderosa, inquebrantable e invicta. Porque justo allí, donde el enemigo intenta arrebatarnos lo último que nos queda: nuestra fe, nuestro amor, nuestra dignidad, es allí donde nace nuestra verdadera resistencia.
La guerra más difícil
11
La guerra más difícil es la guerra contra uno mismo.
Hay que desarmarse.
Luché esta guerra durante años, fue terrible.
Pero ahora estoy desarmado.
Ya no le temo a nada, porque el amor expulsa el miedo.
Estoy desarmado de la necesidad de tener razón,
de justificarme juzgando a los demás.
Ya no estoy en guardia,
aferrándome celosamente a mi riqueza.
Acepto y comparto.
No me importan especialmente mis ideas, mis proyectos.
Si alguien sugiere otros mejores
—no, debería decir buenos, no mejores—,
los acepto sin remordimientos.
He dejado de hacer comparaciones.
Lo que es bueno, verdadero, real,
siempre es lo mejor para mí.
Por eso ya no tengo miedo.
Cuando no nos queda nada, no tenemos miedo.
Si uno se desarma, si uno se despoja,
si uno se abre al Amor que renueva todas las cosas,
entonces ese Amor borra el mal pasado
y nos crea un nuevo tiempo donde todo es posible.
Patriarca Atenágoras
“Visión de Paz” - Liturgia y Arquitectura
12
Liturgia
Padre Gérard Gally
Sacerdote de la Diócesis de Poitiers (Francia)
“Visión de Paz”
Liturgia y Arquitectura
Los monjes han concedido gran importancia a la disposición de su espacio vital. Se puede decir que la arquitectura es un elemento que da estructura a su espiritualidad. Este enfoque confiere a su existencia un carácter edificante, en el sentido figurado del término, donde el aspecto litúrgico desempeña un papel fundamental en la unión de todos los elementos: para ellos, la liturgia es a la arquitectura lo que el alma es al cuerpo.
Cuando hablamos de estas realidades monásticas, podemos fácilmente extender su significado a toda la vida cristiana: es esencial que los monjes y monjas se sientan, a través de la realidad fundamental de su bautismo, en estrecha proximidad con todos los demás miembros de la Iglesia de Cristo.
I- Liturgia de la Dedicación
En el año litúrgico cristiano, hay un período que es particularmente querido por los monjes y monjas, a saber, el otoño, cuando se celebran un gran número de Dedicaciones. ¿Qué es esto? La Dedicación es la ceremonia por la que se consagra una iglesia. Tras esta consagración, la comunidad de creyentes est á llamada a conmemorar el aniversario anual de este acto fundacional.
Hay un rico simbolismo aquí, porque además del hecho de que estas fiestas tienen su origen en la Dedicación del Templo de Jerusalén en el tiempo de Sucot (que evoca las cabañas erigidas en los viñedos en la época de la vendimia y las plantadas en el desierto durante los cuarenta años que Israel pasó en el desierto después de salir de Egipto, en cuyo centro se encuentra la Tienda del Encuentro, el lugar de la presencia de Dios y un presagio del Templo), también prevé la reunión del pueblo de Dios en unidad, como imagen de la promesa hecha por Dios a Abraham y Moisés, en una visión de paz.
Así, la liturgia cristiana forma parte de ese acontecimiento. Después de las fiestas de Pascua y Pentecostés, después de la Pascua de Cristo y el don del Espíritu Santo, la liturgia se orienta hacia el cumplimiento de la promesa mesiánica: la recapitulación de todas las cosas bajo una sola Cabeza, Cristo, que es la piedra angular de todo el edificio, el nuevo templo de su Cuerpo, que es la Iglesia.
Por eso, cada vez que las comunidades monásticas cantan el famoso himno Urbs Jerusalem beata durante las fiestas de dedicación, sus corazones se inflaman y se preparan para la gran transformación que Dios desea para todas las criaturas que viven bajo el cielo, hasta que formen un cuerpo.
Urbs Ierusalem beata
Dicta pacis visio
Quae construitur in caelis
Vivis ex lapidibus
Angelisque coronata
Sicut sponsa comite.
Dichosa ciudad de Jerusalén,
Llamada visión de paz,
Que es construida en los cielos,
Con piedras vivas
Y coronada por ángeles,
Como esposa por su compañero.
Por lo tanto, podemos decir que la vida cristiana tiene una vocación arquitectónica. Esta dimensión arquitectónica se refiere, por supuesto, a las piedras vivas que somos, y nos permite conectar la construcción de la Iglesia con el Cuerpo vivo en el que se convierte.
II- El umbral
Antes de disfrutar de la visión de la paz, es necesario todo un camino. En primer lugar, hay que cruzar un umbral. Entramos en el cuerpo de la Iglesia como si entrásemos en un espacio altamente sagrado. La puerta es un paso, a veces estrecho. Se trata de morir a las apariencias engañosas para acceder a la verdad del hombre-Dios, Cristo. Al cruzar el umbral de una iglesia, Adán, tentado de alejarse de Dios, experimenta una conversión de la voluntad y, en última instancia, se une a Jesús en comunión con su Padre.
Este paso para convertirse en miembro de Cristo se lleva a cabo a través del agua del bautismo. Esto puede tener lugar en el baptisterio exterior o en la entrada de la Iglesia. Cada uno de nosotros ha sido sumergido en el agua del bautismo y ha salido de ella para compartir la Pascua de Cristo como un nuevo nacimiento.
Los monjes prestan especial atención al simbolismo de los pasajes a través de las mil puertas que utilizan para cruzar el umbral de la iglesia, y al del agua, muy presente en su vida cotidiana.
III- La nave
Una vez dentro del edificio, los cristianos adoptan una actitud eucarística. Este es el significado total de la vida cristiana: adoptar esta actitud, independientemente del momento y del estilo de presencia en la Iglesia, litúrgico o de otro tipo.
En muchas iglesias antiguas existe un símbolo en forma de laberinto: no se trata de algo esotérico. Simplemente ofrece una imagen del viaje desde la puerta exterior hasta la morada interior. Hombres y mujeres emprenden un viaje para formar un pueblo que camina hacia la Jerusalén celestial. El camino es largo y, en cierto modo, desconocido. Para simbolizarlo, a los monjes les gustan las procesiones. Entran juntos en la iglesia para celebrar el servicio y salen de la misma manera.
Durante la Eucaristía, otra procesión es la de la ofrenda de los dones para el Ofertorio: esto fue felizmente enfatizado por las reformas del Vaticano II y brilla en todo su esplendor en la liturgia bizantina con el canto del Himno Querubínico.
Finalmente, durante esta misma liturgia, los monjes, como todos los cristianos, vienen en procesión a recibir la comunión.
Esto muestra hasta qué punto el espacio arquitectónico es un espacio comunitario. Además, la propia forma del edificio, con sus pilares y bóvedas, nos invita a considerar la reunión de un nuevo pueblo que se mueve hacia su centro. Los pilares son como gigantes en marcha y las bóvedas los unen. Los capiteles decorados rebosan vida y los frescos que antaño adornaban las paredes de las iglesias aumentan el número de participantes, llevando a los fieles a la presencia de la comunión de los santos. Incluso cuando uno está solo y entra en una iglesia, hay buenas razones para hacer una peregrinación allí en presencia de todo un pueblo.

IV- El altar
Cuando emprendemos un viaje, rara vez es sin un propósito. En la arquitectura de la vida monástica y cristiana, la peregrinación conduce a la escucha de la Palabra y su expresión eucarística alrededor del altar.
La Palabra de Dios debe elevarse en el edificio de la iglesia como testimonio de la presencia del Verbo hecho carne.
Conocemos bien la cita de la Constitución sobre la Liturgia del Concilio Vaticano II en su capítulo 7: «Dios está presente en su Palabra, ya que es Él mismo quien habla cuando se leen las Sagradas Escrituras en la Iglesia» (Sacrosanctum Concilium, 7).
El contacto privilegiado con la Palabra de Dios es ante todo litúrgico; de hecho, en la liturgia, la Palabra se recibe, se transmite, se interpreta y se actualiza; no puede pertenecer solo a mí; verdaderamente reúne a todo el pueblo de Dios en una poderosa comunión. Sin embargo, esta escucha litúrgica es aún más fructífera cuando se prepara en silencio y resuena más allá de la celebración, en la comunión personal con Dios. Comprendemos bien la importancia del lugar de la Palabra.
Ya sea fijo o no (no todas las liturgias tienen las mismas prácticas a este respecto), este lugar manifiesta la presencia de una Palabra distinta de la nuestra, una Palabra que, a través de la voz de sus ministros, resuena como una llamada a seguir: no simplemente como una orden que hay que obedecer pasivamente, sino como un lugar de compartir, de intercambio vivo y de interpretación común interpretación común donde cada miembro de la Iglesia puede encontrar un lugar para hablar y escuchar.
Sin embargo, escuchar la Palabra exige acción. El símbolo del altar representa este movimiento en el que la Palabra hecha carne se entregó por completo en amor a su Padre y a la humanidad, para que el mundo pudiera reconocer el camino hacia la vida verdadera y encontrar la salida de los callejones sin salida de su propio laberinto sin sentido.
El altar representa, por tanto, a Cristo en su misterio pascual. Toda su vida es un sacrificio de alabanza; en el centro y la cumbre de esta vida se encuentra su autosacrificio en una relación de confianza con su Padre y en total compartir con toda la humanidad, ya sean amigos o enemigos. El altar representa esto porque se refiere al altar del sacrificio donde se entrega todo a Dios en un gran movimiento de bendición. Dios lo dio todo en su Hijo, y en su Hijo, todo se le entrega y se comparte entre todos.
Se entiende que, al entrar en una iglesia, se saluda al altar antes que a cualquier otro signo. Tradicionalmente, el altar representa a Cristo en su misterio pascual. Al saludarlo y venerarlo, hacemos un acto de fe para seguir a Cristo y hacer de su Palabra nuestra realidad cotidiana. Es aquí donde verdaderamente se construye la arquitectura de una vida cristiana. Los monjes centran sus vidas en torno a este centro y tratan de compartirlo a diario, más allá de la mera celebración.

V- La liturgia
Como ya se ha dicho, la liturgia es como el cemento que entrelaza la arquitectura eucarística de la vida cristiana y monástica.
Concluiré destacando algunos aspectos que me parecen especialmente significativos:
– La primera está tomada de la liturgia de la Dedicación. Antes de entrar en la iglesia, tras bendecir las paredes exteriores, el obispo se coloca en la puerta de la iglesia y golpea la puerta con su báculo mientras se canta el Salmo 23: «¡Portones, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria!». En el interior, los cantores preguntan: «¿Quién este Rey de la Gloria?», y la respuesta es: «Él, el Señor Dios de los ejércitos, él es el rey de la gloria». Entonces el obispo, seguido de todo el pueblo, entra en el edificio: hay una puerta magnífica, en la que toda la vida volverá a encontrar confianza: «Llamad y se os abrirá».
– El segundo es el asombroso repertorio de cantos de diferentes tradiciones litúrgicas, compuesto por salmos, troparios, himnos...Resuenan como el sonido de los océanos: representan a la inmensa multitud de aquellos que buscan a Dios y que viajan incansablemente.
– El tercero es el significado de la Palabra divina en el corazón del edificio, con el deber del pueblo de responder a ella y ponerla en práctica. En la liturgia cristiana, nunca hay un don de la Palabra sin una respuesta a cambio.
– El cuarto es la posibilidad de la comunión, sacramental o no, para saborear la misericordia de Dios que quiere hacernos como él. «gustad y ved qué bueno es el Señor» es el versículo del Salmo 33 que se utiliza con más frecuencia en la liturgia cristiana para acompañar el movimiento de la comunión.
Más allá de la liturgia, está la vida cotidiana, donde continuamos nuestra peregrinación, y está la esperanza de la Jerusalén celestial que mencionamos al principio de este artículo, sin la cual nuestra arquitectura espiritual quedaría incompleta. Sí, seamos monjes, monjas o cristianos bautizados sin ninguna otra forma de consagración, la arquitectura de nuestras vidas está llamada a ser profundamente litúrgica.
Madre Máire Hickey
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Grandes figuras de la Vida monástica
Del Sitio Web de la Abadía Benedictina de Kylemore
Irlanda
Madre Máire Hickey
(1938-2025)

Ex abadesa de las comunidades benedictinas de la abadía de Kylemore y de la Abadía de St. Scholastika, Dinklage, Alemania, y finalmente de Clontarf, Dublín. El 23 de febrero de 2025, la hermana Máire falleció pacíficamente en el monasterio de la Inmaculada Concepción, en la abadía de Kylemore, bajo el cariñoso cuidado de la madre Karol O'Connell OSB y rodeada por la comunidad benedictina y su familia. Profundamente llorada por las monjas benedictinas de la abadía de Kylemore, su hermana, Una, y su cuñado, Sam Wilson, y sus sobrinas, Orla Wilson, Fiona Malan, Kathryn Wilson y sus familias, así como por la comunidad monástica en general.
Máire Hickey nació en Dublín en 1938. Estudió Clásicos en la Universidad de Cambridge, donde obtuvo una licenciatura con matrícula de honor (Classical Tripos) en 1965 y un doctorado en 1973. En 1974 ingresó en el monasterio de Santa Escolástica en Dinklage, Baja Sajonia, Alemania, haciendo su primera profesión en marzo de 1977 y su profesión perpetua en marzo de 1980.
En 1983, la comunidad eligió a la Hna. Máire como segunda abadesa de Dinklage y en 1995 fue reelegida para servir durante otros 12 años, hasta 2007. La Hna. Máire se comprometió a construir una comunidad en el contexto mundial de la Orden Benedictina. Fue durante mucho tiempo presidenta de la Asociación de Monasterios Benedictinos Femeninos de los países de habla alemana (VBD).
Durante su mandato como abadesa en Dinklage, ayudó a fundar la Communio Internationalis Benedictinarum (CIB), la Comunión Internacional de Mujeres Benedictinas – y fue elegida primera moderadora de la CIB en 1998, cargo que ocupó hasta 2006.
En 2007, se trasladó a la abadía de Kylemore, donde ejerció como líder de la comunidad monástica hasta 2023. Durante sus quince años como abadesa de Kylemore, la Hna. Máire guió a la comunidad a través de un periodo de grandes cambios y desarrollo. Estableció una nueva visión para la abadía de Kylemore, creando The Kylemore Trust, lo que permitió muchas nuevas mejoras y desarrollos físicos en la finca.
En consonancia con la larga tradición educativa de la abadía de Kylemore, que se remonta a Ypres en 1665, la Hna. Máire lideró el desarrollo de una colaboración con la Universidad de Notre Dame (Indiana, EE. UU.), que estableció un Centro Global de Educación de Notre Dame en Kylemore. Por su compromiso con la educación y la espiritualidad, recibió un doctorado honoris causa de la Universidad de Notre Dame en 2016.
Su gran interés por la historia de la comunidad y por el monacato femenino irlandés en general la llevó a impulsar proyectos que finalmente dieron lugar a la publicación de The Benedictine Nuns and Kylemore Abbey: A History (Dublín, 2020) y Brides of Christ: Women and Monasticism in Medieval and Early Modern Ireland (Dublín, 2022).
En 2019, puso en marcha el proyecto The Mustard Seed, que vincula a la comunidad benedictina de Kylemore con las Hermanas Benedictinas de Christu Jyothi en la diócesis de Cuddapah (Kadapa), Andhra Pradesh, India.
En 2024, recién jubilada del cargo de abadesa, la Hna. Máire celebró junto con la comunidad la inauguración del nuevo monasterio de la Inmaculada Concepción en la abadía de Kylemore. Se trataba de la materialización de un sueño centenario: construir un monasterio específico en Kylemore, junto con un centro educativo y residencial de retiro. Este histórico hito fue un testimonio del liderazgo, la fe y la dedicación de la hermana Máire, que guió el proyecto a través de muchos retos.


La hermana Máire es recordada con cariño por las monjas benedictinas de la abadía de Kylemore, su hermana, Una, y su cuñado, Sam Wilson, y sus sobrinas, Orla Wilson, Fiona Malan, Kathryn Wilson y sus familias, junto con los miembros de la junta directiva de The Kylemore Trust, el equipo de la abadía de Kylemore, y por el mundo monástico en general y la comunidad local. En nombre de la comunidad benedictina de Kylemore, la madre Karol O'Connell dijo:
«La Hna. Máire era una mujer de gran fe, humildad y sabiduría. Fue una constructora de la paz benedictina, la comunidad, la apertura y la creatividad sagrada. Su legado seguirá vivo aquí, en la abadía de Kylemore, en la comunidad monástica en general y mucho más allá, llevando bendiciones allá donde ponía sus manos y su corazón».
Dom Mamerto Menapace
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Grandes figuras de la Vida monástica
Artículo de Cuadernos Monásticos 234, 2025, p. 371-373
Con el gentil permiso de Dom Enrique Contreras
Dom Mamerto Francisco Menapace
(1942-2025)

La partida de nuestro querido padre Mamerto a la Casa del Padre marca un momento crucial en la vida de nuestra comunidad en la abadía de Santa María de Los Toldos, Argentina. Nos dejó un legado tan maravilloso y profundo que nada ni nadie podrá arrebatárnoslo jamás. Llegó a la comunidad benedictina de Los Toldos siendo muy joven y se mantuvo profundamente fiel y admirablemente perseverante a lo largo de toda su vida.
A los 18 años hizo sus votos temporales y, seis años más tarde, fue ordenado sacerdote. Durante esta etapa de su vida monástica, desempeñó diversos servicios, siempre con notable lucidez y gran dedicación, en un período complejo y exigente.
Durante varios años convivió con los monjes fundadores de nuestro monasterio. Acompañó a muchos hermanos de diversas comunidades del Cono Sur, que desempeñaban importantes tareas en sus respectivas casas, dentro de la Conferencia de Comunidades Monásticas del Cono Sur (SURCO) y de nuestra Congregación Benedictina de la Santa Cruz del Cono Sur. Al comienzo de nuestra vida monástica, acogió a muchos de nosotros, nos acompañó y nos guió con mano experta.
Fue superior de nuestro monasterio de Los Toldos durante dieciocho años. Sirvió a la comunidad con total dedicación, conduciéndola a una plena integración en nuestro vecindario, nuestra diócesis y la Iglesia argentina. Un fiel ejemplo de esta labor es la iniciativa de la peregrinación anual que llega desde diferentes ciudades de la diócesis a nuestro monasterio para venerar a nuestra Santa Madre, la Virgen Negra.
Al final de su servicio como prior y primer abad de nuestra comunidad, fue elegido abad presidente de la Congregación. Dedicó toda su energía a esta difícil misión hasta que su cuerpo y su edad le impidieron continuar con su labor. Fueron veintisiete años de dedicación lúcida, desinteresada y fructífera.
Al final de este exigente período, su cuerpo comenzó a mostrar signos cada vez más evidentes de debilidad, que se agravaron rápidamente durante el último año.
El padre Mamerto también nos dejó un regalo muy especial: su notable obra literaria. A través de sus libros, logró llegar a todos los rincones de nuestro país, así como a naciones de otras partes del mundo. Sus obras son sencillas, profundas y ricas en experiencias espirituales únicas. Su contribución a la espiritualidad cristiana y monástica no solo es innegable, sino que también marca un importante punto de inflexión entre los autores benedictinos.
Este regalo que nos ha legado nuestro querido padre Mamerto proviene de su ejemplar fidelidad a la lectura diaria de la Palabra de Dios. Su ejemplo debe desafiarnos y animarnos a seguir el mismo camino.
Muchas gracias, padre Mamerto, por tu inspirador ejemplo. Perdónanos por lo que no pudimos aprender o apreciar durante tu vida. Ahora nos encomendamos a tu intercesión y sabemos que, sin duda, nos acompañarás mientras nuestra comunidad avanza hacia el futuro.
¡Dios es bueno! Nos ha privado de tu presencia física, pero nos concede tu presencia espiritual y tu ayuda en todo lo que la Providencia nos depare. Conocemos tu gran devoción por la Madre de Dios, la Virgen Negra. Ruega por nosotros para que ella nos proteja y nos guíe por caminos tranquilos.

SALVE, Regina,
mater misericordiae, vita, dulcedo, et spes nostra, salve.
Ad te clamamus exsules filii Evae.
Ad te suspiramus, gementes et flentes in hac lacrimarum valle.
Eia, ergo, advocata nostra,
illos tuos misericordes oculos ad nos converte.
Et Iesum, benedictum fructum ventris tui,
nobis post hoc exsilium ostende.
O clemens, O pia, O dulcis Virgo Maria. Alleluia.
Lo Nuevo Secretario de AIM
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Noticias
Lo Nuevo Secretario de AIM
El padre Bernard Lorent Tayart, presidente de AIM, tras consultar con el padre abad primado, Dom Jeremias Schröder, ha nombrado al padre Charbel Pazat de Lys secretario general de AIM por un mandato de cinco años.
El padre Charbel nació en Madrid, pero es de origen francés. Ha sido monje en la abadía de Sainte-Madeleine du Barroux (Francia) durante cuarenta años. Médico y profesor de liturgia, habla varios idiomas y ha desempeñado numerosas responsabilidades y cargos dentro del monasterio: asistente del maestro de novicios, maestro de estudiantes, maestro de los hermanos, director, gerente de la almazara, cocina, informática en la universidad, diseñador, publicaciones, archivos, cancillería, banco de alimentos, etc. El padre Charbel también ha participado en actividades pastorales (movimiento litúrgico juvenil, asociación para divorciados, retiros).
Tras la reorganización de la Secretaría, nos gustaría informarles de las nuevas direcciones de correo electrónico de AIM:
– Presidente, P. Bernard : president@aimintl.org.
– Administración de la Secretaría, gestionada por el P. Charbel: secretary@aimintl.org. Todas las solicitudes de financiación de proyectos deben enviarse al P. Charbel a esta nueva dirección.
– Para el boletín y el sitio web de AIM (que sigue gestionando la hermana Isabelle): newsletter@aimintl.org.
Todas las demás direcciones de AIM y las antiguas direcciones se cerrarán en unos meses. En su momento se publicará más información práctica sobre la nueva organización de la Secretaría en el sitio web de AIM.
Noticias de DIM-MID
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Noticias
Extracto del informe de DIM-MID al Congreso de Abades Benedictinos (septiembre de 2024)
Padre William Skudlarek, OSB
Secretario General saliente
En el último Congreso de Abades celebrado en 2016, mi informe fue una introducción a un taller bilingüe sobre el diálogo interreligioso. Agradezco a los organizadores del congreso de este año que me hayan invitado a presentar mi informe final como secretario general en una sesión plenaria del congreso. Un nuevo secretario general, que se encuentra entre nosotros, me sucederá el 1 de octubre, y concluiré mi informe invitándole a dirigirse a ustedes.
En 2007, fui nombrado sucesor del padre Pierre-François de Béthune, monje de Clerlande en Bélgica, que se convirtió en el primer secretario general en 1994. Ese fue el año en que DIM-MID se convirtió en una secretaría independiente dentro de la Confederación Benedictina. Antes de eso, había existido desde su fundación en 1978 como una subcomisión de AIM. Durante sus trece años en el cargo, el padre Pierre estableció comisiones regionales y lingüísticas de DIM-MID, organizó programas de intercambio espiritual muy exitosos y continuos con monjes y monjas budistas zen japoneses, publicó un boletín para informar sobre las actividades de DIM-MID y diversos temas interreligiosos, y estableció una importante dotación para apoyar las actividades de DIM-MID. El monacato benedictino tiene una inmensa deuda de gratitud con el padre Pierre por fomentar y seguir promoviendo la participación de monjes y monjas en el diálogo interreligioso.
En este informe, comentaré solo dos actividades en las que DIM-MID ha participado durante los últimos ocho años. La primera es la publicación de una revista internacional multilingüe en línea. Se llama Dilatato Corde, y su primer número salió en 2011. El título, como se puede apreciar, está tomado del Prólogo de la Regla de San Benito y sugiere que el diálogo interreligioso también puede contribuir a expandir los corazones de los monjes y monjas.
Dilatato Corde publica obras tanto textuales como visuales de practicantes espirituales y estudiosos de diferentes tradiciones religiosas que desean informar, reflexionar y examinar el diálogo de la experiencia espiritual o religiosa. Es especialmente notable el segundo número del año 2023, que conmemoraba el quincuagésimo aniversario de la muerte de uno de los grandes pioneros del diálogo interreligioso monástico, el monje francés Henri Le Saux, también conocido como Swami Abhishiktananda.
Mantengo una lista de correo electrónico de todas aquellas personas que desean ser informadas cuando aparecen nuevas contribuciones en Dilatato Corde. Para ser añadido a esa lista, simplemente envíeme un correo electrónico a wskudlarek@csbsju.edu
La segunda actividad importante de estos últimos ocho años ha sido la ampliación del diálogo con los musulmanes. En sus primeros años, el Diálogo Interreligioso Monástico se centró especialmente en el diálogo con budistas e hindúes, dos antiguas tradiciones espirituales en las que el monacato desempeña un papel importante. Aunque el islam no tiene una institución monástica, la práctica musulmana de la oración comunitaria a determinadas horas del día es paralela a nuestro énfasis en el Oficio Divino, a la que san Benito dice que nada es preferible.
Desde 2011, el DIM-MID ha participado en el diálogo con los musulmanes chiítas, y desde 2017 ese diálogo se ha centrado especialmente en África, un continente con aproximadamente entre 500 y 550 millones de musulmanes, que representan entre el 45 y el 50 % de la población total del continente. Según el Atlas de la OSB, África también alberga aproximadamente 125 casas, prioratos y abadías benedictinas, varias de ellas entre las más grandes del mundo. El desarrollo de buenas relaciones entre las comunidades monásticas y sus vecinos musulmanes no solo es importante para el bienestar de ambas comunidades, sino que es una señal profética para el mundo en general de que personas de diferentes convicciones religiosas pueden vivir en paz y compartir sus dones espirituales.
El nuevo Secretario General de DIM-MID
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Noticias
P. Cyprian Consiglio, OSB
Presentación al Congreso de Abades, Septiembre 2024
El nuevo Secretario General
de DIM-MID

Soy Cyprian Consiglio, benedictino camaldulense de la costa central de California. Ahora estoy en mi trigésimo tercer año de vida monástica. Lo principal que me gustaría compartir con ustedes es que me enorgullece considerarme parte del linaje de Bede Griffiths y Abhishiktananda. Conocí al P. Bede en 1992, justo cuando ingresaba en la vida monástica, cuando regresaba a la India, donde falleció pocos meses después. Mi encuentro con él me conmovió tanto que desde el primer momento de mi vida monástica comencé a estudiar no solo sus escritos, sino también a profundizar en la filosofía y la espiritualidad asiáticas, incluso mientras me formaba en la historia monástica y el misticismo occidental. También hice mi tesis de maestría sobre ese tema. Como sabrán, el P. Bede se unió a nuestra congregación junto con el Saccidananda Ashram, por lo que considero a los monjes y monjas de allí como mis colegas cercanos. He estado allí casi una docena de veces y, por supuesto, también he viajado por otras partes de la India.
Pasé diez años viviendo lejos de mi comunidad, en una especie de vida experimental, antes de que me llamaran para el servicio de prior. Tenía una ermita en el bosque, pero también trabajé extensamente en el diálogo interreligioso, labor que finalmente me llevó a muchas partes del mundo. Además del diálogo con el budismo y el hinduismo (principalmente a través del zen Soto y la tradición del yoga), he recibido una gran influencia del taoísmo y he podido conocer a exponentes de esa tradición, especialmente en Singapur y Malasia.
De vuelta a mi hogar en California, fundé una sangha cristiana para atender a las muchas personas que exploraban tanto la espiritualidad asiática como la occidental, muchas de las cuales eran cristianos que intentaban reconciliar los tesoros que ellos, al igual que yo, habían encontrado en otra tradición y habían regresado a la Iglesia. También trabajé con y para un grupo misionero danés llamado Danmission que había conocido en la India. Además de llevarme a Dinamarca para una serie de conferencias y conciertos, también organizaron un viaje increíble para mí al Líbano y Siria, realizando una serie que llamaron «Diálogo a través de la música». Durante ese mismo período, ayudé a iniciar un movimiento en California llamado «La tienda de Abraham» para fomentar momentos de encuentro, diálogo y amistad entre judíos, cristianos y musulmanes. Con miembros de ese mismo grupo, hice una peregrinación a Israel y Palestina que supuso un cambio radical en mi vida y me hizo darme cuenta del privilegiado lugar que ocupan los cristianos en la relación con los demás hijos de Abraham.
Durante muchos años, mi primera disciplina fue la liturgia y la música, y tuve la suerte de trabajar para y con algunos de los pioneros del Concilio Vaticano II, en particular el P. Lucien Deiss. Esa experiencia me ha proporcionado una base sólida para trabajar en el diálogo interreligioso y, por supuesto, la música ha sido un puente increíble entre los pueblos y las culturas. He escrito y grabado muchas canciones basadas en textos y/o música de estas diversas tradiciones y culturas.
Cuando el P. William y el abad Gregory me pidieron que asumiera este cargo, se me ocurrió que abarcaría casi todo lo que me gusta y me siento llamado a hacer: escribir, trabajar en retiros y también la música.
Me han dicho que el interés por este diálogo ha disminuido en la Iglesia en los últimos años. Me entristece oírlo, pero lo considero un reto, porque, como ha señalado el Santo Padre, el diálogo me parece no solo el rostro más bello de la Iglesia, sino también algo vital para la paz mundial. Y, por supuesto, hay algo específico que los monjes aportamos a esta labor: una profundidad espiritual y una vida ascética basada en la oración, la meditación y la cercanía a las Escrituras.
Dos frases de Raimon Panikkar me sirven como una especie de tema en relación con todo esto. Él insiste en que no buscamos tanto la unidad de las religiones como la armonía entre ellas. Y la otra frase que creo que es suya es: «caminos trillados entre cabañas». No necesitamos necesariamente más seminarios, conferencias y congresos: necesitamos abrir caminos de amistad entre las personas y los pueblos. Según entiendo, este fue el mandato original que nos dio el Vaticano. Los camaldulenses también recibimos un mandato especial de Juan Pablo II. En su visita al Sacro Éremo en 1993, nos instó a continuar con la labor que ya habíamos emprendido en este campo. Por lo tanto, no hace falta decir que agradezco a William sus muchos años de servicio, y a él y al abad Gregory su confianza en mí; y me siento honrado y humilde por intentar ser ese rostro del monacato cristiano ante un mundo tan necesitado de esta amistad, en nombre de Jesús, el Señor.
Noticias de junio de 2025
Estoy terminando mi prolongada estancia en Estados Unidos en la abadía de Saint John, en Collegeville, Minnesota, en compañía del P. William Skudlarek, mi predecesor y actual director ejecutivo de la rama estadounidense de MID, y dos miembros de la junta directiva de MID, el P. Michael Peterson, también de Saint John, y el P. Lawrence Morey, de la abadía de Gethsemani. Varios otros miembros de la junta se unieron a nosotros en línea desde diferentes partes del país. Fue una forma muy apropiada de poner fin a esta estancia, ya que hace exactamente un año estaba aquí impartiendo el retiro a la comunidad monástica cuando el P. William me preguntó si estaría dispuesto a sucederle en el cargo. Y el resto es historia, una historia que continúa...
Los miembros de la junta y yo hemos mantenido interesantes conversaciones sobre cómo reactivar la labor del MID en Estados Unidos, un debate similar al que he mantenido y mantendré con otros directores de todo el mundo en los próximos meses. Creo que debemos recordar a la gente que, al igual que el Concilio Vaticano II no fue una moda pasajera, la labor del diálogo interreligioso va a ser un ministerio permanente en la Iglesia y en el mundo. Aunque sea difícil recuperar el impulso tras el COVID (y con nuestras comunidades envejecidas, a veces en modo de supervivencia), los monjes seguimos teniendo el mandato del Vaticano de asumir un papel de liderazgo en el diálogo interreligioso. Como dijo el cardenal Pignedoli en 1974:
«La presencia del monacato en la Iglesia católica es en sí misma un puente que une todas las religiones. Si nos presentáramos ante el budismo y el hinduismo, por no hablar de otras religiones, sin la experiencia religiosa monástica, difícilmente seríamos creíbles como personas religiosas».
Las palabras clave que han estado en mi mente estas semanas son los dos verbos utilizados para describir mi función: promover y participar en el diálogo interreligioso. Considero que el primero, promover, es intrarreligioso, es decir, dentro de nuestra propia tradición, especialmente dentro del monacato, haciendo hincapié en la importancia continua del diálogo; mientras que el segundo, participar, es extraeclesial, dirigirse a personas ajenas a nuestra tradición, esperemos que, en su propio terreno, una actividad que me parece estimulante, además de refrescante y de vital importancia.
Proyectos apoyados por AIM
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Proyectos apoyados por AIM
Mahitsy (Madagascar) :
Construcción de una unidad de biometanización
El monasterio benedictino de Mahitsy, perteneciente a la Congregación Subiaco-Cassinese, se encuentra a 30 km al noroeste de Tananarive (Antananarivo), a una altitud de 1500 m. La comunidad cuenta actualmente con una veintena de monjes. Mahitsy fue fundada en 1955 por la abadía de La Pierre-Qui-Vire (Francia). Actividades de la comunidad:
– Casa de huéspedes (25 camas)
– Sesiones mensuales de preparación al matrimonio para la parroquia
– Clases de francés e inglés para los jóvenes locales
– Publicación de obras sobre la tradición monástica y la espiritualidad en lengua malgache
– Cría de gallinas ponedoras, pollos locales y vacas lecheras
– Explotación del bosque de pinos y eucaliptos: venta de madera o leña.
La comunidad tiene previsto construir y explotar una planta fija de biogás de 60 m3. El objetivo de esta operación es ahorrar más de 200 m3 de leña al año, preservar el bosque (que se replanta periódicamente) y contribuir así a la lucha contra el calentamiento global.
La producción de metano es un proceso biológico que se produce durante la degradación de la materia orgánica. Se da en muchos procesos naturales. También es una técnica utilizada en las plantas de metanización, donde el proceso se acelera y controla para producir un gas combustible (biogás, conocido como biometano tras su purificación). Los residuos orgánicos (o productos de cultivos energéticos, sólidos o líquidos) pueden así convertirse en energía.

Los beneficiarios del proyecto serán la comunidad monástica y sus huéspedes, así como parte de la población circundante que depende de la silvicultura, incluido un numeroso grupo de personas pobres que venden madera muerta. La comunidad Mahitsy contribuye con 2000 euros al proyecto. AIM apoya este proyecto con 3970 euros.
La Comunidad de Umkon, Shillong (noreste de la India): Construcción de viviendas para el personal escolar
Las Hermanas Benedictinas de Santa Lioba comenzaron su misión en Umkon, en el noreste de la India, en 2021, en la parroquia de Umkon dirigida por los Misioneros Salesianos. Su principal objetivo al llegar a este estado del noreste es proclamar el Evangelio y profundizar en la formación religiosa de los fieles, promoviendo al mismo tiempo la educación y el empoderamiento.
En esta zona remota, las hermanas gestionan y administran activamente una escuela, proporcionando educación básica a niños que no tienen acceso a profesores cualificados. Además de enseñar, realizan visitas domiciliarias y ofrecen clases particulares adicionales para mejorar el rendimiento académico de los niños. Para ellas, la educación es una herramienta para el cambio social.
Fieles a su carisma, «Nunca abandonar la caridad», participan en diversos apostolados, como la enseñanza, la asistencia sanitaria, el trabajo social y las actividades pastorales. La comunidad local aprecia enormemente su presencia, como lo demuestra su activa participación en la Iglesia. Tras haber gestionado con éxito una escuela y un dispensario en la diócesis de Nongstoin, Meghalaya, confían en poder replicar este modelo en este nuevo distrito.
Actualmente están construyendo alojamientos para el personal con el fin de atraer a profesores cualificados a la escuela y proporcionar una mejor educación en esta región desfavorecida. Aunque han recaudado el 70% de los fondos necesarios a nivel local, la lejanía y los elevados costos de transporte dificultan la cobertura de los gastos restantes. Todavía necesitan alrededor de 30 000 euros para completar el proyecto.

El nuevo edificio tendrá varios usos:
– Alojamiento para el personal, con el fin de atraer a profesores cualificados.
– Centro de estudios para alumnos con dificultades, que ofrecerá clases extraescolares fuera del horario lectivo.
– Lugar para que los niños aprendan sobre su fe.
– Un espacio para sesiones de empoderamiento y desarrollo personal, especialmente para las mujeres del pueblo.
AIM apoya este proyecto con 30 000 €.
Reunión de EMLA
El próxima EMLA (Encuentro Monástico Latinoamericano) se celebrará del 3 al 10 de noviembre de 2025 en Salvador de Bahía (Brasil). Este encuentro se celebra cada cuatro años en diferentes países sudamericanos.
CIMBRA (Conferencia de Intercambio Monástico Brasileño) acogerá este encuentro de todos los monasterios que siguen la Regla de San Benito en el continente latinoamericano. Habrá entre 90 y 110 participantes en representación de las diferentes regiones de Sudamérica a través de las asociaciones monásticas locales: ABECCA, SURCO y CIMBRA.
Además de las contribuciones del padre abad primado Jérémias Schröder, el abad general de los cistercienses, Dom Mauro-Giuseppe Lepori, el abad general de los trapenses, Dom Bernardus Peeters, la moderadora de la CIB (Comunión Benedictina Internacional), la hermana Lynn McKenzie y el presidente de la AIM, Dom Bernard Lorent Tayart, cada región y varios ponentes presentarán un aspecto del tema general: «Comunidades fraternas para un mundo fraterno. Que todos sean uno para que el mundo crea (Jn 17, 21)»: «Fundamentos de la vida fraterna en la Regla», «El camino de la fraternidad hoy, obstáculos, perdón y reconciliación», «Las comunidades como lugares de formación en la fraternidad», «La vida monástica, esperanza para la Iglesia y para el mundo».
Bien sûr, l’essentiel de ces réunions consiste toujours en la rencontre personnelle avec d’autres personnes en charge. Les sujets à aborder sont nombreux dans des contextes variés.
Por supuesto, el objetivo principal de estas reuniones es siempre conocer a otras personas responsables de sus comunidades. Hay muchos temas que debatir en diversos contextos. Todo esto tiene un costo, por supuesto, en términos de alojamiento, viajes del equipo de preparación, organización de una excursión durante la reunión, costos de salas y equipos, etc. AIM aporta 25 000 € en financiación.

