Noticias de la comunidad de Cuba
- 3 mar
- 4 Min. de lectura
Abad Javier Aparicio Suárez OSB
Abad Presidente
Congregación de Sankt Ottilien
Las noticias sobre Cuba llevan semanas inundando los periódicos. Tras la captura del presidente Nicolás Maduro en Venezuela, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que «el próximo país en caer será el régimen cubano».
No cabe duda de que la vida de los cubanos se ha vuelto aún más difícil desde entonces, si es que eso es posible... Pero si caen, no será «desde muy alto», pues la situación de los últimos años se ha deteriorado hasta niveles nunca vistos, ni siquiera durante el llamado «período especial», cuando, debido al colapso de la Unión Soviética en 1991, la ayuda disminuyó drásticamente, y, por supuesto, por las graves consecuencias que un embargo tan prolongado está teniendo sobre la población.
Por ello, no sorprende que Cuba haya tenido que afrontar en los últimos años el mayor éxodo de su historia, con cifras que superan el millón de ciudadanos, principalmente jóvenes, desde 2021.
La vida cotidiana de los cubanos puede resumirse en interminables colas para conseguir los alimentos más básicos a precios exorbitantes, o en una atención sanitaria a la que cada vez le faltan más elementos esenciales, o en trabajadores que, si pueden, se desplazan a sus empleos en bicicleta o a pie durante horas y horas, ante la ausencia de transporte público.
En medio de esta situación, nuestra comunidad, San José de las Lajas, se ha hecho famosa porque, en palabras de un superior provincial, «estáis construyendo un monasterio, es decir, pretendéis continuar, permanecer aquí; y porque producís y ofrecéis alimentos básicos para la población».

Desde la casa de la Congregación de Ottilien, procuramos acompañar a la comunidad en la medida de lo posible. El secretario de la Congregación, el P. Basil Barasa OSB, de la Abadía de Tigoni en Kenia, tuvo la oportunidad de compartir la Navidad con ellos y experimentar de primera mano —antes del anuncio del presidente Trump de un embargo más duro— la vida cotidiana de la comunidad.
Tengo la intención de visitar la comunidad dentro de unas tres semanas para acompañarlos durante unos días, ante la situación que afronta el país, y para seguir de cerca el avance de la construcción.
Curiosamente, en los últimos meses el ritmo de la construcción había avanzado mucho, pero ahora se ha ralentizado debido a la absoluta falta de combustible y, por tanto, de electricidad.
Comparto ahora un texto que recibí ayer, martes 10 de febrero, del prior de San José de las Lajas, el P. Aaron Jang, originario de la Abadía de Waegwan, Corea del Sur, en el que describe la situación actual en la que están viviendo:
«Cuba lleva varios años sufriendo una crisis energética por falta de combustible. Sin embargo, el gobierno pudo evitar el colapso del sistema energético gracias a la ayuda del gobierno del expresidente Maduro de Venezuela. Pero tras la operación militar estadounidense en Caracas el 3 de enero, Cuba perdió a su mayor proveedor de combustible.
Los efectos fueron casi inmediatos. Se suspendieron el transporte público y las escuelas. Se redujeron los servicios hospitalarios y sanitarios. La venta de combustible se limitó a 20 litros, y la gente tenía que esperar varios días para poder comprarlo. Además, el gobierno cubano advirtió a las aerolíneas internacionales de que se estaba quedando sin combustible de aviación. Como resultado, se cancelaron algunos vuelos y se modificaron los horarios.
La mayor preocupación es el futuro inmediato. Los estudios estimaban que, sin nuevos envíos de petróleo, Cuba entraría en una crisis grave en marzo. Aunque algunos países prometieron ayuda, el presidente de Estados Unidos amenazó con imponer aranceles comerciales a todos los países que suministraran petróleo a Cuba.
En el caso de nuestra comunidad, tanto la construcción como el trabajo agrícola están limitados.
Actualmente, los constructores vienen en bicicleta y trabajan a mano, sin maquinaria. El mes pasado llegaron a Cuba desde España tres contenedores de materiales, pero debido a la escasez de combustible no han podido transportarlos al monasterio.
En la granja, usamos un tractor solo cuando es absolutamente necesario. La temporada de siembra del arroz se acerca pronto. Pero si esta situación crítica continúa, tendremos que dejar muchas zonas sin sembrar.
De hecho, lo más importante no es la construcción ni la granja, sino la vida de la comunidad. Necesitamos prepararnos de algún modo por si se produce un colapso total. Por ejemplo, ¿cómo vamos a resolver el problema del agua potable? Ojalá no se llegue a lo peor. Les invitamos a recordar a Cuba en sus oraciones. Que el Señor ayude al pueblo cubano y lo conduzca a la esperanza».

El texto no necesita más comentarios, y probablemente las palabras no pueden describir la realidad más profunda de un pueblo que no entiende de geopolítica ni de conflictos internacionales, pero que confía en un futuro más digno.
El cansancio está pasando factura al pueblo de Cuba; la crisis ya no es un asunto ocasional; la incertidumbre sobre el futuro inmediato está profundizando la herida que lleva tanto tiempo abierta. Siguen llegando desde el extranjero transferencias de dinero de amigos y familiares, que aportan una ayuda mínima para sobrevivir en medio de la desesperación.
Y en medio de la desesperación, también se han hecho presentes la solidaridad y la capacidad continuada de ayudarse unos a otros. En este contexto, las comunidades religiosas —las que aún no se han marchado— siguen desempeñando un papel importante, ofreciendo no solo compañía y consuelo, sino también un apoyo real, en la medida de lo posible, tanto humano como espiritual.
Es Cuba y el pueblo cubano quienes deben decidir su futuro. En los próximos años, Cuba necesitará reconstruirse, tanto humana como materialmente; una reconstrucción que devuelva la dignidad a su pueblo, moral, social y espiritualmente. Ese futuro requerirá la ayuda de todos.
En este arduo camino, nuestra comunidad es un signo de perseverancia, de lucha, de trabajo generoso y de compromiso con quienes más lo necesitan.
Hoy, Miércoles de Ceniza, comienza un tiempo de conversión. Pero es también un tiempo de esperanza, en el que se revelarán un cielo nuevo y una tierra nueva en medio de nuestra fragilidad.




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