Padre Cyrill Schäfer, osb
Monje de Saint-Ottilien (Alemania)

Padre Alwin Schmid (1904-1978),

pionero de la construcción de iglesias modernas en Corea

 

PASchmidEn Corea del Sur, en una iglesia católica, es probable que se sienta gratamente impresionado por la arquitectura simple, elegante y moderna. Esto también se aplica a los edificios religiosos y a los centros parroquiales. Dom Alwin Schmid, benedictino de Münsterschwarzach, Baviera, pasó la mayor parte de su vida en Corea. Fue un pionero de la construcción de edificios religiosos.

Nacido en 1904, en el sur de Alemania, en el seno de una familia numerosa que incluía muchos profesores, se sintió atraído desde su juventud por las disciplinas artísticas. Estudió Artes plásticas, sucesivamente en Munich, Berlín y Viena, en ambientes en diálogo con la modernidad, durante los años tumultuosos que marcaron el inicio de la Primera Guerra Mundial.

En 1931 entró en el monasterio de Münsterschwarzach. Sus años de formación monástica no fueron pacíficos debido a su simpatía con los escritos de Nietzsche y su aversión o al menos escepticismo hacia lo que consideraba la esclavitud del clericalismo tradicional. Sin embargo, se embarcó en el estudio de la teología en Würzburg en los años 1933- 1937. Fue ordenado sacerdote en 1936. En mayo de 1937 fue enviado como monje misionero al norte de China, a la región de Yanji, donde los misioneros benedictinos tenían la responsabilidad pastoral. A pesar que el vicariato apostólico de Yanji estaba bien localizado en la China continental, los cristianos de esta región eran en su mayoría emigrantes coreanos. Puesto que Manchuria, al norte de China, estaba en ese momento bajo ocupación japonesa, los misioneros de Yanji necesitaban aprender tres idiomas asiáticos a la vez, chino, coreano y japonés.

SchmidBeomilA su llegada a China, Dom Alwin se vio inmerso en una apasionada actividad misionera. En aquella época el celo apostólico era tan ferviente que, en el momento de la brutal interrupción de 1945, habían sido fundadas no menos de 25 parroquias. Poco después de su llegada, recibió el encargo de una parroquia, pero debido a sus limitaciones lingüísticas, su ministerio sacerdotal fue francamente insatisfactorio. Paralelamente a sus actividades pastorales, Dom Alwin se dedicó a concebir y diseñar varias iglesias parroquiales, consiguiendo combinar de manera original elementos del “modernismo” o Jugendstil con la arquitectura clásica tanto europea como asiática. En mayo de 1946 los soldados del nuevo gobierno comunista arrestaron a todos los monjes, quienes fueron condenados y enviados a campos de trabajos forzados bajo el cargo de presunta colaboración con los antiguos ocupantes japoneses. Dom Alwin fue liberado en 1949 y regresó a Alemania.

De regreso a Münsterschwarzach, el padre Alwin trabajó como profesor de artes plásticas en el colegio de su monasterio durante doce años, precisamente en la época del gran movimiento litúrgico que lo entusiasmaba. No pudo dar rienda suelta a sus aptitudes artísticas porque sus obras eran percibidas en un estilo de vanguardia, en una época en que la restauración más que la novedad estaba de moda. En el plano arquitectónico, en una Alemania del Este devastada por la guerra, donde todo estaba por reconstruirse, estuvo fuertemente influenciado por dos grandes figuras de la arquitectura: Rudolf Schwarz (1897- 1961), en Colonia, y Hans Schädel (1910-1996) en Würzburg, dos arquitectos que introdujeron la modernidad en la construcción de las iglesias, tanto en Renania como en el sur de Alemania.

Mientras tanto, los misioneros benedictinos, expulsados del norte de China y de Corea del Norte, fundaron un nuevo monasterio en Corea del Sur, en Waegwan, cerca de la gran ciudad portuaria de Daegu. El padre Alwin recibió en 1958 la misión de diseñar y realizar una nueva iglesia parroquial.

Esto fue, por así decirlo, el comienzo de su carrera, porque este encargo fue seguido por muchos otros. El padre Alwin se trasladó al monasterio de Waegwan en diciembre de 1961 y abrió una oficina de arquitectura. No sólo se le encargó la construcción de edificios religiosos, sino que también tuvo que diseñar su decoración, la elaboración de frescos, altares, esculturas, etc. En los años 60, cuando la Iglesia coreana despegó, el padre Alwin tuvo que afrontar varios proyectos simultáneamente. Para las formas arquitectónicas, adoptó la estructura de las iglesias modernas desde el Vaticano II, que se encuentran en particular en Rudolf Schwarz, pero supo adaptarla a la realidad de Corea del Sur. Como el presupuesto era a menudo escaso, buscó soluciones más económicas. Estaba dispuesto a ajustar el modelo de las iglesias a su entorno paisajístico. Hasta 1978, el mismo año de su muerte, todavía tenía la responsabilidad de la construcción de siete iglesias al mismo tiempo.

SchmidJiryeDurante su ministerio en Corea, el padre Alwin diseñó 85 edificios religiosos: iglesias, centros parroquiales, monasterios y capillas. Las salas que construyó, luminosas, sencillas y funcionales, manifiestan evidentemente su teología de la “comunión”. Todos los asientos están orientados hacia el altar. ¿Cómo? Por la disposición interior en forma de abanico u oval. La distancia entre el altar y el espacio comunitario se minimiza lo más posible; además, el altar no está estructuralmente separado de la asamblea que celebra. Las fuentes bautismales se dirigen hacia el centro, mientras que el tabernáculo se encuentra ligeramente en retirada. El ambiente general es acogedor y familiar, bañado en una armonía de luz. Para ello, el padre Alwin combina hábilmente elementos simétricos y asimétricos. Los visitantes se sienten intencionadamente acogidos. El mobiliario en las iglesias es francamente sobrio. Las formas geométricas permanecen abstractas para preservar esta impresión de “santa sobriedad”.

Los edificios se construyen según una modulación suelta y aérea, que lleva a una cierta discreción, modestia, excluyendo en todo caso el peso majestuoso, como también la exhibición triunfalista percibida como una amenaza aplastante. En la estructura interior, las líneas transparentan la solvencia litúrgica de un monje que domina perfectamente la acción litúrgica y sabe guiar el ojo y establecer un vínculo de funcionalidad entre la sacristía y el espacio que rodea el altar. La preocupación pastoral del artista es patente en la integración armoniosa de los espacios previstos para las actividades parroquiales, vinculados de modo original a la iglesia misma. Por otra parte, la iglesia puede también ser parcialmente transformada a propósito, para servir a actividades no directamente cultuales. Según la concepción teológica del padre Alwin, la “casa de Dios” no se construye exclusivamente para servir con fines sacramentales; es también un centro para albergar diversas actividades de la comunidad parroquial.

En la actualidad, un número bastante considerable de iglesias construidas por el padre Alwin han sido demolidas, es más económico construir un nuevo edificio que adaptar edificios antiguos a las normas modernas. Sin embargo, cabe señalar el papel esencial desempeñado por estas construcciones en Corea; permitieron pasar de una forma de iglesia percibida como una “administración” a la edificación de una comunidad viva de creyentes. En el fondo, la arquitectura religiosa del padre Alwin permitió sin duda que la liturgia llevada por el soplo del Vaticano II entrara decididamente en Corea. ¿Es el fruto del trabajo del padre Alwin o de los grandes principios teológicos? En cualquier caso, la Iglesia coreana contemporánea ha tenido una irradiación absolutamente excepcional.