† Padre Dominique Catta, osb
Abad de Saint-Benoît de Keur Moussa (Sénégal)

 

La música, medio privilegiado de buscar
y encontrar a Dios

 

DCatta“La búsqueda de Dios llevó a los monjes de la Edad Media a una cultura de la Palabra”, dijo en resumen el papa Benedicto XVI al mundo de la cultura en París (12 de septiembre de 2008 en el Colegio de los Bernardinos). Releamos sus importantes palabras:

“La búsqueda de Dios requiere, pues, por intrínseca exigencia una cultura de la palabra (…). Para orar con la Palabra de Dios el sólo pronunciar no es suficiente, se requiere la música. Dos cantos de la liturgia cristiana provienen de textos bíblicos, que los ponen en los labios de los Ángeles: el Gloria, que fue cantado por los Ángeles al nacer Jesús, y el Sanctus, que según Isaías 6, es la aclamación de los Serafines que están junto a Dios (...). En San Benito, para la plegaria y para el canto de los monjes, la regla determinante es lo que dice el Salmo: Coram angelis psallam Tibi, Domine –delante de los ángeles tañeré para ti, Señor (cf. 138, 1). Aquí se expresa la conciencia de cantar en la oración comunitaria en presencia de toda la corte celestial y por tanto de estar expuestos al criterio supremo: orar y cantar de modo que se pueda estar unidos con la música de los Espíritus sublimes que eran tenidos como autores de la armonía del cosmos, de la música de las esferas (…) los monjes con su plegaria y su canto han de estar a la altura de la Palabra que se les ha confiado, a su exigencia de verdadera belleza”.

 

1) La música religiosa debe ser fruto de la música emitida por el Creador en el mundo

Benedicto XVI, hablando de la música medieval, fruto de la escucha amorosa de la Palabra de Dios, nos invita a repensar la música religiosa y, sobre todo, la música litúrgica, oración oficial de la Iglesia no “como una obra de creatividad” privada, en la que el individuo se erige un monumento a sí mismo, tomando como criterio esencialmente la representación del propio yo. Se trata más bien, dice también Benedicto XVI, “de reconocer atentamente con los “oídos del corazón” las leyes intrínsecas de la música de la creación misma, las formas esenciales de la música puestas por el Creador en el mundo y en el hombre, y encontrar así la música digna de Dios, que al mismo tiempo es verdaderamente digna del hombre e indica de manera pura su dignidad”.

Estas palabras de Benedicto XVI no podían siquiera ser adivinadas en 1963 por los monjes de Keur Moussa. Imaginemos su sorpresa y asombro cuando encontraron ciertos modos de canto gregoriano en la música popular de Senegal. Estos cantos populares muy antiguos, son un lenguaje, al igual que los modos de la música antigua antes del Renacimiento que permitió a los compositores del canto gregoriano expresar su fe través de la música. A un nivel más simple, los cantos de la selva del Sahel y otras regiones de África son la expresión de una vida social en la que lo divino y lo humano se mezclan. Ellos marcan el ritmo de las estaciones, los trabajos y las fiestas que son parte de la existencia desde el nacimiento hasta la muerte, y su reunión con los antepasados siempre presentes en el corazón de la naturaleza. Así que no es de extrañar que se puedan encontrar ciertos vínculos entre las melodías populares del África, no tocada por la música contemporánea de las ciudades, y las melodías del canto gregoriano, hasta el punto de que éstas han servido a los monjes de Keur Moussa como cantera para utilizar uno u otro canto africano como base de una melodía litúrgica.

Sin embargo, la Palabra de Dios, cuando se encarna en el canto profano, por hermoso que sea, actúa sobre él, como un perfume se apodera de un jarrón hasta entonces destinado a conservar el agua pura, pero destinado a usos profanos. No hay que olvidarlo cuando se aplica sin reflexión la Palabra sagrada a músicas que no estaban destinadas a esto. De ahí las siguientes reflexiones sobre la música sagrada.

 

KeurMoussa2) Música sagrada

Lo que separa la música profana de la litúrgica sagrada es que en ésta canta la Palabra de Dios. En la liturgia, que es el canto de la Iglesia, la música canta a Jesucristo, presente en los salmos y en los cánticos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Por eso, sobre la base de música popular, expresiones de la vida de los hombres, el soplo del Espíritu Santo debe purificar y elevar el canto encarnando en él a Jesucristo y sus Misterios. Se trata de una obra en la que Dios y los compositores, así como los cantantes y los instrumentistas, colaboran íntimamente mediante la oración y la meditación. San Benito designa la oración litúrgica, los Oficios, con la expresión Opus Dei, la Obra de Dios. Dios es el primer obrero de la oración. En primer lugar porque, como criatura, no somos capaces de alcanzarlo en profundidad, a menos que nos de la gracia, y luego, porque, como pecadores, estamos saturados de nuestro yo, obstáculo a la elevación del corazón hacia Dios y el prójimo. Pero si la gracia nos lleva a la atención de Dios, de sus santos y de sus ángeles y a los misterios del Señor que celebramos en el coro, entraremos en la obra misma de Dios, y esto se traduce en el modo de componer música sacra, cantarla o acompañarla con instrumentos del lugar.

 

3) Aplicaciones prácticas

1. Comprender el texto que se canta o se lee.

MusiqueConocer el sentido de un camino es saber dónde va y caminar sin vacilación hacia su término. No se cantan palabras, sino frases que agrupan o separan palabras que tienen sentido. Uno de los obstáculos del canto coral cotidiano, en los monasterios, es el de la rutina y la falta de atención al sentido global de las frases. De ahí viene esta tendencia casi general a centrarse en el fin de cada palabra, como si estuviera aislada, independiente del resto, porque la atención en el sentido se ha debilitado. Hay que estar presente en el texto, que, antes de salir de los labios, ha pasado por la mente y el corazón.

2. La buena música da también un sentido.

Este sentido se añade al del texto y lo amplifica. El canto gregoriano en sus mejores obras da muchos ejemplos: las músicas del Sanctus XII (Modo RE) y Sanctus III (Modo MI) dan dos expresiones musicales muy diferentes del Misterio de la Trinidad. Pero tal riqueza de expresión se traduce en hechos sólo si el coro ha captado el espíritu que anima la música de un texto y lo ejecuta en consecuencia. ¿Podemos dar pistas que den fácil acceso a esta riqueza de expresión?

3. La línea melódica revela a menudo el espíritu de la música

La música no es simplemente una sucesión de notas subiendo y bajando. Una frase musical puede subir a una cima y luego descender a su punto de partida. También puede brotar desde un principio a una cumbre como se encuentra a menudo en canciones populares de Mandigo, y descender por etapas sucesivas. También puede progresar en intensidad por la repetición de una nota, como un saltador que se apoya sobre una tabla elástica para saltar por encima del obstáculo. Todas las formas son posibles y buenas si la línea melódica habla, si uno siente que el compositor tiene algo que decir a través de su línea melódica. Una vez comprendido el sentido, las voces deben expresar el avance o la meditación o el descenso mediante una intensidad de movimiento continuo controlado por esta conciencia.

Benedicto XVI recordó que, para san Benito, los monjes oran y cantan en presencia de toda la corte celestial y, por tanto, sometidos y unidos a la música de los espíritus sublimes… “que los monjes con su plegaria y su canto han de estar a la altura de la Palabra que se les ha confiado, a su exigencia de verdadera belleza”.

Se ha reprochado a la escuela gregoriana de Solesmes que practican un canto etéreo, carente de virilidad y de humanidad. De hecho, uno de los principios de esta escuela, que en cierto momento y todavía hoy ha permitido a muchos hombres y mujeres de diversas culturas encontrar a Dios y orar, es seguir el texto y la línea melódica y expresar su sentido, aumentando progresivamente en intensidad hacia el punto alto y volviéndose más suave a medida que las voces llegan a la conclusión. La violencia, que a menudo se busca en el canto profano para expresar la intensidad de los sentimientos, está en contradicción con la humildad de la oración. La imagen más elocuente de este control de la fuerza es la del incienso opuesto al lanzamiento de piedras que caen fuertemente sobre el objeto afectado. Lanzado con fuerza, el incienso sube hacia Dios en volutas cada vez más ligeras, flexibles, que se desvanecen bajo las bóvedas de la catedral.

Este principio se mantiene bastante bien para todos los cantos religiosos, incluyendo cantos en idiomas africanos con ritmos auténticamente africanos. Cuando el arte se pone al servicio de la Palabra de Dios hay una conversión. La percusión de tom-tom, balafon, kora y calabash que acompañan la Palabra están al servicio de Cristo, gentil y humilde de corazón, presente en la Palabra. La fuerza controlada por el Espíritu puede expresar brillantemente tristeza o entusiasmo. Pero el canto cristiano no es agresivo cuando se dirige a Dios ni está atento a los aplausos. Un buen percusionista está al servicio de la Palabra, y lleva al coro al ritmo del canto sin aplastarlo o dominarlo, como suele suceder con la música secular, en la que la percusión es a menudo el corazón de la fiesta. Para la música sagrada la Palabra de Dios es el alma del canto coral.

 

Conclusión

La música moderna, vertida tan agresivamente por todo el mundo por los medios de comunicación durante las últimas décadas, influye más o menos conscientemente en los compositores cristianos y coros parroquiales. A diferencia de la música modal de la Edad Media o de la antigua África, la música moderna no tiene su origen en la antigua sociedad familiar donde se funden lo divino y lo humano. Adoptada por cantantes cristianos que se inspiran en ella para proclamar la Palabra de Dios, apoyada por sintetizadores, guitarras eléctricas y sistemas de sonido, esta música está ahora muy extendida en coros de jóvenes y no tan jóvenes. No puede dudarse de la generosidad, el valor en la fe y el impulso apostólico de estos músicos. Sin embargo, en contraste con lo que hemos dicho sobre la antigua música profana que debe ponerse al servicio de Dios, para ser purificada y ennoblecida por la encarnación de Jesucristo, se tiene la impresión de que es la Palabra de Dios la que se pone al servicio de la música profana. ¿Por qué el Verbo de Dios encarnado en Jesucristo no purificaría esta música, sino más bien lo contrario? Quizás sea un camino de conversión y una pista para una verdadera creatividad musical.