Madre Andrea Savage, OSB
Abadesa de Stanbrook (Inglaterra)

OBEDIENCIA TOTAL A LAS
ÓRDENES DEL ABAD

 

MAndreaLa Madre Abadesa de Stanbrook, ofreció a la CIB una reflexión sobre el delicado tema de la escucha a un superior o superiora que hace lo contrario de lo que dice. El asunto no es nuevo, pero sigue siendo de gran actualidad y profundiza aspectos importantes de la escucha con el corazón.

 

“Obedecer en todo los preceptos del abad, aun en el caso de que él obrase –Dios no lo permita– de otro modo, recordando aquel mandamiento del Señor: “Haced lo que dicen, pero no hagáis lo que hacen”. (RB 4, 59-61)

El mandato de la superiora que no sigue lo que dice, puede claramente crear conflicto entre los miembros de la comunidad. Entonces ¿cómo puede una superiora inculcar en las hermanas la disposición de “escuchar con el oído del corazón” cuando su comportamiento no corresponde con lo que dice?

Hace siete años mi propia comunidad vivió un proceso de discernimiento antes de nuestra elección del Abad. Fue dirigido por la Priora General de las hermanas Bernadinas de Esquermes. Nos asistió examinando la función de la abadesa y lo que nosotros, como comunidad esperábamos de ella. Esto fue lo que conformó nuestras discusiones. Hay una idea particular que quedó en mí y la compartí con mi comunidad en ese tiempo. La superiora es alguien que por medio de su aliento ayuda a sus hermanas a liberarse. ¿Cómo? Mediante la búsqueda de la verdad y la verdad es Dios. Esto es lo que nos libera. Este es un viaje que hacen juntas, la abadesa/priora y la comunidad, no separadas. La mayor dificultad puede ser que nuestro pecado y nuestras heridas pueden evitar esta libertad. Nos enredamos con el pecado y las heridas antiguas y esto es lo que endurece nuestros corazones evitando que escuchemos, como individuos y como comunidad.

LazarusclrHay una imagen bíblica que refleja para mí la liberación de estas ataduras. Es la resurrección de Lázaro del Evangelio según san Juan. Jesús se tardó en su vuelta a Betania, para entonces Lázaro ya llevaba muerto cuatro días. Jesús resucita a Lázaro, pero en lo que quiero enfocarme es en ese momento en que Jesús llama a Lázaro fuera el sepulcro: “El que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadlo, y dejadle andar.” (Jn 11, 44)

Algunos de ustedes pueden conocer o haber tenido la suerte de ver la escultura de la resurrección de Lázaro por Sir Jacob Epstein en New College, Oxford. Representa a Lázaro saliendo del sepulcro al llamado de Jesús. Está tratando de liberarse de las ataduras que lo retienen. Sus hombros y brazos son tirados hacia atrás y casi se puede sentir la restricción de su movimiento a causa de las vendas que lo retienen. Jesús grita: “Desatadlo y dejadle andar.” Hay otra palabra que quisiera añadir al grito del Señor: la palabra “libre”. “Desatadle y dejadle ir libre.” Lázaro ha salido del sepulcro al oír la voz del Señor, luego Cristo suelta sus ataduras.

San Benito nos dice en su Regla: “En efecto, la fe nos dice que (el Abad) hace las veces de Cristo en el monasterio, ya que se le designa con su sobrenombre” (RB 2, 2). Conecto esto a la historia de Lázaro. Siento que una de las funciones más importantes de la Abadesa o Priora es ayudar a su comunidad a caminar en libertad. Ayudar a desatar los lazos que retienen a sus hermanas y les impiden oír la voz de Cristo diciendo “desatadla y dejadla ir libre”. ¿Cómo lo hace?

Regresemos al segundo capítulo de la Regla: san Benito nos dice que la superiora debe “preceder a los discípulos con doble enseñanza, es decir, que muestre todo lo que es bueno y santo con hechos más bien que con palabras, de manera que, a los discípulos capaces, les proponga los mandamientos del Señor con palabras, a los duros de corazón en cambio, y a los más rudos, les enseñe los preceptos divinos con sus obras”. (RB 2, 11-12)

Mi punto es que lo que la superiora dice es importante, pero de la misma importancia son sus obras y acciones; estas son otra forma de expresarse. Viene del ejemplo de los padres y madres del desierto. Algunos de ellos no podían leer, pero el ejemplo del Abba o Amma tenía la misma importancia que lo que decían. De esta manera el discípulo crecía en amor y servicio del Señor. Así es como aprendían a escuchar con el oído de su corazón, como los discípulos en el camino a Emaús, en el Evangelio de san Lucas. Ellos no reconocieron al Señor resucitado en el camino, solamente después de que Jesús se fue dijeron: “¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros, cuando nos hablaba en el camino, y nos explicaba las Escrituras?” (Lucas 24, 32). Sus corazones ardían y cuando nuestras palabras y acciones se unen, más brillamos también como testigos y ejemplo para otros. Me acuerdo inmediatamente de esta historia de un Padre del desierto:

“El Abba Lot fue a visitar a Abba José y le dijo: ‘Abba, en tanto puedo yo rezo mi oficio breve, ayuno un poco, oro y medito, vivo en paz, y lo más que puedo purifico mi mente. ¿Qué más puedo hacer? Entonces el anciano se paró y estiró sus manos hacia el cielo. Sus dedos parecían diez lámparas de fuego y le dijo, ‘Si quieres, puedes ser enteramente llama”. ’(Sentencias de los Padres del Desierto, trad Benedicta Ward. Mowbrays). Pág. 88 No. 7)

Sería muy difícil para una superiora inculcar en sus hermanas la disposición de “escuchar con el oído del corazón”, si su comportamiento no corresponde con lo que dice. La señal de una buena líder es que puede liderar con el ejemplo. Lo que dice y lo que hace deben estar en armonía. Esto crea fe y confianza mutua. En una comunidad benedictina, son esta fe y confianza las que abren los corazones de todas las hermanas, incluso el de las superioras, al impulso del Espíritu Santo. Si sin buena razón, la abadesa o priora actúa al contrario de lo que dice, traerá conflicto y el endurecimiento del corazón, mientras se destruyen la fe y la confianza. Esto es lo que crea conflicto. La llama de Cristo que arde en cada miembro de la comunidad podría apagarse.

Entonces ¿cómo puede ella inculcar ese corazón que escucha de nuevo en su comunidad? La solución es simple, viviendo la vida que proclama. El peligro para la mayoría de las superioras hoy es que nos enfocamos tanto en los asuntos de cada día que perdemos de vista a Cristo. Nos perdemos en los asuntos del mundo. El Papa Francisco en una homilía el año pasado al Capitulo General de la Orden de San Agustín nos dice algo sobre esto:

“Mira en lo profundo de tu corazón, mira en lo íntimo de ti mismo, y pregúntate: ¿tienes un corazón que desea algo grande o un corazón adormecido por las cosas? ¿Tu corazón ha conservado la inquietud de la búsqueda o lo has dejado sofocar por las cosas, que acaban por atrofiarlo? Dios te espera, te busca: ¿qué respondes? ¿Te has dado cuenta de esta situación en tu alma? ¿O duermes? ¿Crees que Dios te espera o para ti esta verdad son solamente “palabras”? (Papa Francisco, 28 Agosto 2013)

Podemos ser superioras muy ocupadas, pero puede que también nos hayamos dormido en el proceso. “Levantémonos, pues, de una vez, que la Escritura nos desvela diciendo: “Ya es hora de despertarnos del sueño”. Y abiertos los ojos a la luz deífica, escuchemos atónitos lo que cada día , nos advierte la voz de Dios que clama diciendo: “Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis vuestros corazones”. (RB P. 8-10). La superiora tiene el lugar de Cristo en el monasterio. Si deseamos inculcar en nuestras hermanas la disposición de “escuchar con el oído del corazón” debemos vivir en imitación del Maestro.