JÓVENES BENEDICTINAS DE EUROPA

BAYEUX, 29 SEPTIEMBRE - 3 OCTUBRE 2014

Hermana Josephine Parkinson OSB, Abadía de Stanbrook (Inglaterra)

 

El 2014 ha sido un año para recordar: 100 años desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial y 70 del día D, del Desembarco de Normandía, que apuró el fin de la Segunda Guerra Mundial. Esto creó un trasfondo conmovedor para nosotras, un grupo de monjas benedictinas de toda Europa, encendiendo velas y rezando juntas por una paz duradera en la playa de Arromanches, Normandía.

El Monasterio de la Santísima Trinidad, en Bayeux, generosamente acogió al quinto encuentro de YEBW (Young European Benedictine Women1). Este grupo se reúne cada dos años y es fruto de los encuentros del CIB (Communio Internationalis Benedictinarum), el cual cada cuatro años invita a una joven hermana de cada una de las 19 regiones que participan en el Simposio en Roma.

Para pertenecer a la categoría “jóvenes hermanas”, se debe haber tomado los votos solemnes hace 5 a 10 años y tener menos de 50. Para aquellas afortunadas que tienen la oportunidad de asistir al simposio, la experiencia es una de aquellas que moldea nuestra perspectiva de la vida monástica. Cualquier oportunidad para reunirse, escuchar y tratar nuestra forma de vida, nuestras esperanzas, miedos, preocupaciones y celebrar la vida benedictina femenina, es una ocasión maravillosa.

groupeBayeuxHace diez años las delegadas del CIB se reunieron en Polonia. Fue durante esta visita que algunas analizaron la posibilidad de organizar un encuentro europeo, específicamente para jóvenes hermanas, que se reuniría cada dos años. La madre Zoe, priora de la Abadía de Turvey fue parte de esta discusión y recibió el primer encuentro en Turvey, Inglaterra. Desde entonces las jóvenes hermanas han organizado ellas mismas el encuentro y conseguido un orador. Dada la declinación de las vocaciones en las décadas recientes en Europa, es sencillo ver el valor de estos encuentros. Veinte jóvenes hermanas de Inglaterra, Alemania, Bélgica, España, Polonia, Suecia y Lituania, se reunieron desde el 30 de septiembre al 3 de octubre. Tomamos la Estabilidad como tema de fondo. Se logró un buen equilibrio entre hermanas que habían asistido a encuentros previos y otras para quienes era su primera vez.

Los encuentros son siempre acogidos por una comunidad benedictina. Esto significa que podemos simplemente entrar en la liturgia y el horario diario de la comunidad y esto provee una estructura para el encuentro en donde podemos insertar nuestras propias actividades y contribuciones. Juntarnos en un nuevo, aunque familiar contexto, es verdaderamente una profundización de nuestro deseo de ser fieles discípulas de la tradición monástica.

La Madre Zoe de Turvey, generosamente accedió a participar en este encuentro y presentarnos cada mañana, diferentes aspectos de la Estabilidad. Todas hemos experimentado la tristeza de alguien dejando nuestra comunidad después de sus votos solemnes y a estas alturas, hemos experimentado los desafíos de vivir en comunidad y nuestra propia estabilidad ha sido desafiada. Hablamos de lo que verdaderamente nos mantiene firmes, nuestra relación Con Cristo, que está constantemente creciendo y profundizándose que expresamos en nuestra vida en comunidad con las hermanas. Comenzamos cada sesión con una forma de Lectio compartida, esta oración nos condujo a todas como seres individuales de diferentes países, comunidades y expresiones de la vida benedictina a reconocernos, en los elementos fundamentales que nos unen como benedictinas.

En la tarde nos dividimos en grupos más pequeños para discutir pasajes de la Regla y las Escrituras, que nos podían inspirar en el tema de la estabilidad, nos pidieron a cada una traer una foto de alguien que nos hubiera enseñado con su vida sobre la estabilidad. En grupos pequeños la discusión podía ser más personal y fue un privilegio escuchar las alegrías y preocupaciones que cada una de nosotras lleva. Mi propia experiencia de este tipo de encuentros, es el valor de estar con otros participantes en el mismo nivel de compromiso en la vida monástica, en la misma etapa de esta vida y cómo ésta traspasa diferentes expresiones de la vida, el lenguaje y las culturas.

No le toma mucho tiempo a un grupo así transformarse con los días en una comunidad y poder profundizar. La Regla, nuestras oraciones en común y la Lectio, nos fueron uniendo.

Tuvimos la oportunidad de visitar la catedral de Bayeux y de pasar un tiempo con la comunidad que nos acogió. No podrían haber sido más generosas, tanto en su acogida como en el espacio que proveyeron para nosotras para llevar a cabo este encuentro. Ellas apreciaron la presencia de hermanas más jóvenes y lo comentaron especialmente al llenar las bancas del coro. La comunidad de Bayeux no tiene misa todos los días, por lo que estuvimos felices que hubiera un sacerdote para celebrarla cada día de nuestra visita, fue muy conmovedor poder celebrarla algunas veces en una mezcla de francés e inglés. Fue notable cuando cantamos los cánticos en latín, la mayoría estaban familiarizados al menos con el Ordinario.

ArromanchesEn la última tarde, pudimos organizar un viaje en auto hasta Arromanches y rezar juntas por la paz en la playa. Estando paradas en el lugar donde tantos murieron, cada una de nosotras, de países con una historia y heridas propias, sabiendo que tiempo atrás habíamos luchado unos contra otros. El mar se contuvo el tiempo justo para que pudiéramos encender nuestras velas y rezar por una paz duradera, en Europa y el resto del mundo. Éste fue verdaderamente un final adecuado para nuestros días juntas. Sabemos que nuestra vida de oración puede desafiar muchas veces al mundo sobre el propósito de la vida monástica. La solidaridad de esta oración común fue ciertamente un fruto de nuestra estabilidad, cada una de nosotras permaneciendo fieles a la vida que profesamos y al Cristo que amamos.