EL MONACATO BRASILERO
EN EL SIGLO XXI

P. Matías Fonseca de Medeiros OSB, Abadía de Rio de Janeiro (Brasil)
Responsable de la edición en lengua portuguesa del Boletín de la AIM

 

1. Un poco de historia

En el contexto de la vida monástica en América Latina, Brasil cuenta en la actualidad con un número considerable de comunidades de tradición Benedictina. A diferencia de otros países latinoamericanos de colonización española[1], cuyos cimientos monásticos sólo comenzarán a establecerse hacia fines del Siglo XIX, los benedictinos portugueses establecen un primer monasterio en Salvador de Bahía en 1582. En los años siguientes, nuevas fundaciones se efectuarán hasta alcanzar la cifra de once monasterios en los albores del siglo XVII. Ya en 1596, por decisión del Definitorio[2] de la congregación benedictina portuguesa, se constituirá la “Provincia Brasilera” de la Congregación, teniendo como sede el monasterio de Salvador de Bahía. Su abad será el Provincial y Visitante.

En 1827, luego de la independencia de Brasil, el papa León XII erige a los monasterios de la Provincia Brasilera en Congregación propiamente tal y exige a los monjes, dentro de la Bula de erección, que se ocupen de la educación de la juventud. Sin embargo, las leyes anti-clericales del gobierno imperial, que tenían por objeto la eliminación de las órdenes religiosas, impiden la admisión de novicios. En 1889, tras la caída del imperio y la proclamación de la República, un decreto del nuevo gobierno republicano provocó la separación de la Iglesia y el Estado y permitió a las órdenes –casi moribundas– reabrir sus noviciados cerrados durante los últimos cuarenta años. Para responder al llamado del último Abad General de la antigua Congregación Brasilera, Fray Domingo de la Transfiguración Machado, el papa León XIII pide a la joven Congregación de Beuron prestar ayuda a su “hermana” brasilera y restaurarla. En 1895, bajo la égida valiente de Dom Gérard van Caloen, monje de Maredsous, un grupo de monjes de este monasterio llega a la Abadía de Olinda para comenzar la obra de restauración, que concluirá en 1910 con la promulgación de nuevas Constituciones.

 

2. La llegada de otras familias monásticas

Numerosas congregaciones monásticas se establecieron en Brasil desde los comienzos del siglo XX. En primer lugar, cabe señalar la presencia de las hermanas benedictinas misioneras de Tutzing que llegan a Olinda en 1903. Invitadas por Dom Gérard van Caloen, cuya visión de un monacato más bien misionero, comenzará pronto a irritar a sus superiores de Beuron, las hermanas abren escuelas y dispensarios para los pobres y un poco más tarde parten para la Misión de Rio Branco (en el norte de la Amazonia, en la frontera con Venezuela), conjuntamente con monjes-misioneros. Entretanto, Dom Gérard será nombrado obispo de esta misión (1905) y será archiabad de la Congregación (1908). Hoy, bien arraigadas en Brasil, las hermanas de Tutzing tienen dos Prioratos y numerosas vocaciones.

En 1904/1905 llegan los Trapenses, enviados por el Abad de Sept-Fons, Dom Jean-Baptiste Chautard, a la búsqueda de lugares de refugio para sus monjes. Inmediatamente después, llegan también las monjas trapenses de Mâcon. Esas dos fundaciones fueron cerradas en los años 30. Los Trapenses volvieron para bien de Brasil en 1977, procedentes de los Estados Unidos, y se establecieron en Campo do Tenente, en el sur del país, donde han recibido numerosas vocaciones. Análogamente, monjas procedentes de Chile fundaron un nuevo monasterio en Rio Negrinho, cerca del monasterio de monjes.

En 1911 un grupo de jóvenes brasileras formadas en la abadía inglesa de Stanbrook, fundó en Sao Paulo el primer monasterio de monjas benedictinas de América, a partir del cual se han fundado prácticamente todos los monasterios de monjas benedictinas de Brasil, Argentina y Uruguay. A partir de los años 30-40 los cistercienses comienzan a llegar desde Alemania, Austria e Italia, con un estilo monástico predominantemente pastoral. Las monjas cistercienses también fundaron tres monasterios.

En los años siguientes veremos la instalación de nuevas comunidades monásticas pertenecientes a varias congregaciones benedictinas: Húngara, Vallombrosiana, Olivetana, Camaldulense, Casinense Americana, monjas de la Reina de los Apóstoles, Olivetanas y de Vita et Pax; hermanas americanas de la Federación de Santa Escolástica, hermanas misioneras polacas, por no hablar de varias comunidades diocesanas pequeñas de inspiración benedictina. No debemos olvidar a las Cartujas de “Nossa Senhora Medianeira”, fundada en 1984.

 

3. La hora actual

Todo este universo monástico, instalado en Brasil desde hace más de cuatrocientos años y que llegó por las razones más diversas, ha ocupado su espacio propio. La Fundación de la CIMBRA (Conferencia de Intercambio Monástico de Brasil) en 1967, permite que las distintas comunidades se conozcan mejor y puedan colaborar entre ellas. El fruto de este conocimiento recíproco es la dinámica de comunión que anima a las comunidades de monjes y monjas, para buscar y encontrar vías comunes de colaboración y asistencia fraterna en diversos planos, sobre todo en la formación de los jóvenes hermanos y hermanas. Los encuentros periódicos de los superiores y superioras ofrecen la oportunidad de un diálogo abierto y de un intercambio de puntos de vista sobre las cuestiones que, a menudo, se plantean para la vida concreta de los monasterios, su misión, su presencia en la sociedad contemporánea, en el mundo del trabajo y de la cultura, entre otros.

Para el monacato brasilero de tradición benedictina, la Regla de San Benito sigue siendo la fuente de unidad, en una pluralidad de expresiones que enriquece y hace crecer cada una de las comunidades.

 

 

[1] La corona española se resistió siempre a la implantación de las órdenes Monásticas en sus colonias americanas.

[2] Consejo del Abad General de la Congregación.