Dom Jean-Pierre Longeat OSB
Presidente de la AIM

 

JPLongeatEl año 2014 estuvo marcado en el plano monástico por dos grandes manifestaciones, el Simposio de la Comunión Internacional de Benedictinas (CIB) y la del Capítulo General de la Orden de los Cistercienses de la Estricta Observancia (OCSO). En este número del Boletín de la AIM queremos hacer un eco de estos dos encuentros.

El primero de ellos orientó su reflexión a “escuchar con el corazón”, aquello en que la Regla de San Benito y toda la tradición monástica han insistido. Éste es efectivamente un tema mayor para nuestro tiempo. Las comunidades monásticas y las comunidades cristianas en general deben poner énfasis en este tema en su vida cotidiana. Sin la escucha profunda, no es posible un fundamento sólido ni un desarrollo sano. Cuando Cristo nos dice que “donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón”, o cuando la tradición indica que toda la práctica espiritual consiste en hacer pasar la percepción de todas las cosas desde el intelecto al corazón, lo que se necesita es un movimiento importante de vaciado de sí mismo y de renacimiento. Seguir el camino Pascual, morir a las propias ilusiones, es unirse a la presencia de Dios en lo más íntimo de nuestro ser, que en Cristo nos promete venir a nosotros para hacer su morada. Es a partir de esta escucha que pueden desarrollarse armoniosamente todos los potenciales humanos de deseo, sentimiento o de la razón. Hemos optado por valorizar el desarrollo bíblico (Nuevo Testamento) sobre este tema de la escucha, como un hecho importante de la dimensión mesiánica del Reino de Dios, a través de la persona de Jesús y de sus discípulos.

Pero no resulta hoy fácil en comunidad ser coherente con este hecho ni darle la importancia que requiere. Es el caso, por ejemplo, cuando la Regla nos exhorta a conformarnos según el ejemplo de los mayores y lo que realmente ocurre en nosotros es el deseo de la autoafirmación. Del mismo modo, ¿cómo es posible aceptar escuchar a los superiores, cuando ellos mismos no lo hacen? Estos dos aspectos son abordados por la Madre Hannah Van Quakebeke, de Loppem y la Madre Andrea Savage, de Stanbrook, a la luz de su experiencia como superioras de sus comunidades.

En lo que se refiere al Capítulo Trapense, nos ha parecido interesante hacernos eco de la intervención del Abad general, Dom Eamon Fitzgerald, sobre diferentes aspectos de la fragilidad de nuestras estructuras monásticas; reproducir también la contribución del Abad general de la Orden Cisterciense, Dom M.-G. Lepori, acerca de la vida comunitaria en nuestros monasterios. La exposición de los padres salesianos Franco Lever y Fabio Pasqualetti, propuso a los miembros del Capítulo algunas pistas sumamente lúcidas sobre la manera de hacer compatible la vida monástica y la utilización de Internet. Entregamos aquí una parte de su intervención en la sección “Apertura al Mundo”.

Estos dos últimos artículos son suficientes para demostrar que la vida monástica está en contacto con las realidades de la vida de nuestro tiempo. Escucha del corazón, vulnerabilidad de las instituciones y las personas, apertura a los nuevos medios de comunicación, son todos elementos que ayudan a crear espacios de reflexión sobre nuestra conducta y nuestra respuesta a la vocación que hemos recibido.