Una comunidad de comunidades: la familia cisterciense

Padre Abad Armand Veilleux, OCSO,
Abadía de Scourmont (Bélgica)

La Orden de la Trapa (OCSO) tiene sus características particulares. El Padre Armand Veilleux muestra aquí las fuerzas, oportunidades y fragilidades que ella presenta. Es un ejemplo de red monástica que ha evolucionado a través de los tiempos y lugares. Se trata de una estructura especialmente sólida en la que la centralización es menor de lo que se dice.

AVeilleuxComo parte de la gran familia constituida por todas las comunidades que viven según la Regla de San Benito se encuentra la familia cisterciense. En ella están comprendidas todas las comunidades que salieron del Císter. Reagrupa, en la actualidad, dos grandes órdenes jurídicamente distintas: la Ordo cisterciensis strictoris observantiae, llamada popularmente Orden de la Trapa. A esta misma familia cisterciense pertenecen también la Orden de las monjas cistercienses bernardinas de Esquermes, la congregación cisterciense de san Bernardo, llamada de Las Huelgas, en España, y algunos monasterios independientes.

Aun cuando todas las comunidades que pertenecen a estas diversas agrupaciones viven el mismo carisma cisterciense, lo hacen siguiendo modalidades diferentes, a menudo a causa de los avatares de la historia. En el presente artículo, me limitaré a describir cómo se vive este carisma en nuestros días en la orden a la cual pertenezco: la orden cisterciense de la estricta observancia. Además, lejos de pretender realizar una presentación global del carisma propio de mi orden, y teniendo en cuenta el objetivo preciso de la presente publicación sobre las redes monásticas, me limitaré a describir cómo se articulan las relaciones entre los monasterios de nuestra orden.

Císter nació en 1098 cuando Roberto, Abad de Molesmes y fundador del mismo, dejó dicho monasterio junto a unos veinte monjes, con el fin de intentar una forma renovada de encarnación del monacato benedictino en una sociedad y una Iglesia en plena ebullición cultural. Entonces se vivían los últimos años del siglo XI y el fin del período llamado reforma gregoriana, en una ola de creatividad bastante excepcional. Císter es, con Vallambrosa, Camaldoli y La Cartuja, una de las muchas nuevas formas de vida monástica que aparecieron en Occidente en esa época. Luego de un comienzo lento y difícil, esta fundación conocería una expansión extraordinaria.

1. La comisión central

StsfondateursRoberto, llamado a Molesmes por sus hermanos y obligado por el Papa a responder a este llamado, volvió a dicho monasterio. A la fundación del Císter lo habían seguido dos de sus cofundadores, Alberico y Esteban.  Este último, Esteban Harding, de origen inglés, era un genio de la organización. A él se debe la inspiración de la Carta de Caridad o Carta Caritatis, que describe la relación entre la comunidad del Císter y todas las comunidades fundadas por ella, así como también las propias fundaciones de éstas y sus casas afiliadas. Por primera vez en la historia del monacato, se había encontrado la forma de reunir varias comunidades en una gran orden, respetando totalmente, al mismo tiempo, la autonomía de cada una de ellas.

Se puede decir que la intuición fundamental de Esteban Harding y de la Carta Caritatis del Císter fue hacer de la orden una comunidad de comunidades. La célula fundamental de la orden sigue siendo la comunidad local con un abad elegido por ella misma. En la situación canónica actual, aunque existan condiciones diferentes para convertirse en priorato o en abadía, toda comunidad (sea priorato o abadía) es una comunidad autónoma desde el punto de vista canónico y su superior es un superior mayor. Incluso en casos excepcionales donde es necesario nombrar provisoriamente un superior ad nutum a la cabeza de una comunidad, ese superior es un superior mayor, y la comunidad no pierde nada de su autonomía jurídica. La única diferencia es que el superior es nombrado, en lugar de ser elegido por la comunidad.

2. El capítulo general

Los abades o priores de todas las comunidades se reúnen periódicamente en capítulo general. Cuando la orden comenzó, esta reunión se realizaba todos los años; actualmente, se efectúa cada tres años. El capítulo general es la única autoridad que tiene poder jurisdiccional por encima de la comunidad local. Es posible entender que este poder procede del hecho que las comunidades autónomas que constituyen la orden le delegan una pequeña parte de su autoridad. Esta delegación está establecida en las constituciones de la orden aprobadas por la Santa Sede.

El capítulo general tiene poderes claramente definidos y delimitados en las constituciones. Puede aprobar nuevas fundaciones, incorporar o suprimir monasterios, aceptar la dimisión de los abades y, en casos excepcionales, destituirlos. Puede promulgar leyes o reglamentos que se aplican en todos los monasterios; sin embargo, no puede intervenir en la gestión interna de las comunidades, salvo para corregir abusos, si se diera el caso.

3. La filiación

Otra estructura que se remonta a la Carta caritatis es la de la filiación. Se considera que cada comunidad es una casa-hija de la que la fundó y a ésta se la llama, entonces, casa-madre. El abad o prior de la casa-madre se llama padre inmediato de todas sus casas-hijas. El padre inmediato tiene la responsabilidad de la vigilancia pastoral sobre sus casas-hijas, y está llamado a asistirlas y ayudarlas de formas muy diversas, tanto materiales como espirituales. Eventualmente, puede corregir abusos, pero de ninguna manera puede intervenir en la conducta interna de la comunidad, que compete por completo a su abad. Tiene la responsabilidad de hacer la visita regular a la comunidad (llamada visita canónica según el derecho canónico), al menos cada dos años.

Algunas comunidades de donde se originaron muchas otras han desaparecido a lo largo de los siglos. En estos casos, los títulos de casa-madre y padre inmediato, se han traspasado a otras comunidades. Las filiaciones muchas veces se han reorganizado para evitar que ciertas casas se vean sobrecargadas con un número demasiado grande de casas-hijas. Sin embargo, el principio de filiación permanece absoluto; toda casa de la orden es una casa-madre. Se trata claramente de una relación entre dos comunidades, aunque sea el superior de la casa-madre quien tenga mayor vinculación en la relación. La situación del Císter es especial, evidentemente, ya que el abad general actúa como su padre inmediato.

4. El abad general

VialeAfricaJanv2013Efectivamente, la orden tiene un abad general, cuyo papel es muy importante para nosotros, aunque sus poderes jurídicos sean limitados. Es, por cierto, el presidente de derecho del capítulo general, que funciona como colegio donde el presidente es un primus inter pares. Puede hacer la visita regular de todas las comunidades. Tiene ciertos poderes canónicos que le son otorgados por las constituciones, tales como dar dispensa de los votos temporales, por ejemplo; sin embargo, no tiene autoridad para intervenir en la vida interna de las comunidades. No podría, por ejemplo, dar a un monje un permiso que le hubiera sido rehusado por su abad. Su papel esencial es ser un vínculo vivo entre todas las comunidades de la orden, así como también preocuparse de estimular la calidad de la vida monástica al interior de todas las comunidades. En casos excepcionales, con su consejo, elegido por el capítulo general, puede tomar decisiones urgentes, a nombre del capítulo general, utilizando la autoridad de este último. Desde hace algunos años su consejo está formado por monjes y monjas.

5. Las monjas

Hasta ahora, siempre he hablado en masculino, si bien nuestra Orden comprende 75 monasterios de monjas, en tanto que los de monjes son 100. La historia de las relaciones entre las comunidades de monjas y las de monjes al interior de nuestra orden es compleja y sólo la resumiremos en esta ocasión. Detengámonos sobre todo en describir la situación actual a partir del Concilio Vaticano II.

Se considera que cada monasterio de monjas de nuestra orden es la casa-hija de un monasterio de monjes, cuyo abad o prior titular es el padre inmediato. Hasta el Concilio Vaticano II, nuestras monjas cistercienses estaban sometidas a las decisiones de los capítulos generales, compuestos únicamente por superiores masculinos. A partir de mediados del siglo XX, empezaron a realizarse reuniones periódicas de abadesas, las que gradualmente fueron tomando el nombre de capítulo general.

Con ocasión del aggiornamento post conciliar y de la revisión de nuestras constituciones, se discutió largamente, por supuesto, el asunto de las relaciones entre los monasterios de monjas y los de monjes. Se podría haber pensado en dos órdenes paralelas con el fin de dar a las monjas total autonomía: una orden de monjas y otra de monjes, que trabajaran en armonía, sin ninguna dependencia jurídica entre ellas. Las monjas fueron las primeras en rechazar esta posibilidad. La solución contenida en nuestras constituciones era lo más lejos que se podía llegar en esa época, que fue considerar que todos los monasterios de la orden, tanto los de monjas como los de monjes, formaran una orden única, pero con dos capítulos generales, separados e interdependientes, y constituciones distintas.

En realidad, las constituciones son casi idénticas para los monjes y las monjas, salvo por algunos puntos propios, ya sea para unos o para otras. En la práctica, los capítulos generales, a partir de 1987, se celebran en forma simultánea en forma de “reuniones generales mixtas” y las votaciones que tienen alcance constitucional se realizan en forma separada. La elección del abad general involucra a los dos capítulos y el elegido debe tener mayoría en las dos asambleas. Finalmente, desde 2011, tenemos un solo capítulo general, compuesto por abades y abadesas, que tienen autoridad sobre el conjunto de la orden.

6. Estructuras más recientes

En nuestros tiempos, han nacido en el seno de la orden algunas estructuras que responden a nuevas necesidades. La primera fue la comisión central. Nació después del Concilio, o más bien, durante el mismo, como órgano necesario para preparar bien los capítulos generales, en el momento en que estos se encontraban confrontados con las exigencias de renovación post conciliar. Su papel ha evolucionado con el correr de los años. Por el momento, su función, consiste esencialmente, en preparar los capítulos generales sobre la base del trabajo que hacen las conferencias regionales de la orden. La comisión está compuesta por el abad general y su consejo, y representantes de todas las regiones de la orden. Cuando se reúne, la comisión central puede servir también de consejo ampliado del abad general para los asuntos importantes que quiera presentarle. Hasta hace muy poco, existían dos comisiones centrales jurídicamente distintas, una masculina y otra femenina, y las dos se reunían siempre al mismo tiempo. Desde el advenimiento del capítulo único, no hay más que una comisión central para toda la orden.

Durante el Concilio Vaticano II, los abades y abadesas comenzaron a reunirse informalmente para intercambiar sus preocupaciones y experiencias en el contexto de la renovación conciliar. Así se constituyeron conferencias regionales que gradualmente se convirtieron en una nueva estructura de la orden. Se trata de agrupaciones de monasterios por áreas geográficas. No son en manera alguna como las provincias de otros institutos religiosos y tampoco tienen ningún poder de decisión y aún menos poder de legislación. Ante todo, son un lugar de intercambio pastoral entre los participantes que son los superiores de los monasterios de la región y una cantidad de delegados no superiores, que varía según las regiones. La orden les confía, en ocasiones, el estudio de asuntos importantes relacionados con el conjunto de la orden, antes que estos se traten o decidan, si es oportuno, en el capítulo general.

Estas conferencias regionales han tenido una función importante en la preparación de nuestras nuevas constituciones y estatutos adicionales, como por ejemplo en lo concerniente a la formación, administración temporal y la visita regular. Esta elaboración de las constituciones, que involucra activamente a todos los miembros de la orden, se hace por un período de veinticinco años y las regiones sirven como etapas previas para llegar con los puntos de vista de las bases al capítulo general.

7. Servicios de ayuda mutua

Me ha tocado oír a menudo entre mis hermanos y hermanas benedictinas que nuestra orden es muy centralizada. Ciertamente, desde el punto de vista jurídico no es el caso.  Desde ese ángulo, probablemente sea menos centralizada que la mayor parte de las congregaciones de la confederación benedictina. La verdad es que durante los siglos precedentes y también en forma más acentuada en nuestra época, nuestra orden ha establecido numerosos organismos de cooperación entre los monasterios, o bien estructuras de ayuda mutua que están al servicio de las comunidades, sin transgredir su autonomía. Estos servicios existen tanto a nivel regional, como a nivel del conjunto de la orden.

Cabe establecer, para comenzar, que existe un cierto número de comisiones. Algunas tuvieron una función provisoria y dejaron de existir, como la comisión para la redacción de las constituciones, o como las comisiones creadas para la preparación de un estatuto determinado. La comisión de liturgia de la orden tuvo una función importante durante el período de adaptación de nuestra liturgia a las exigencias del Vaticano II. Luego dejó de existir y fue reemplazada por un simple secretario para la liturgia. Algo similar sucedió con la formación. En la orden tenemos un secretario general para la formación, cuya función esencial es hacer circular la información en las regiones. A nivel regional, también existen secretarios para la formación, cuya tarea es hacer circular la información y proponer sesiones de formación, especialmente para las diversas etapas de la formación inicial. En muchas regiones, estos organismos al servicio de la liturgia o de la formación, así como también otras agrupaciones tales como las reuniones de bodegueros, hospederos, queseros, etc., se realizan con miembros de otras órdenes monásticas o incluso con personas que no pertenecen al mundo monástico.

Existe una Comisión de Derecho al servicio del abad general y de su consejo, como también de las regiones. También hay superiores locales para el estudio o la solución de todo asunto relacionado con el derecho propio de la orden o de la Iglesia universal. Durante el capítulo general, los miembros de esta comisión que allí se encuentran, ya sea a título de capitulantes u otro, constituyen la comisión de derecho del capítulo. También existe una comisión de finanzas de la orden, al igual que una comisión que tiene por misión la coordinación de la ayuda mutua de carácter económico entre los monasterios de la orden.

8. Comisiones de ayuda

En el transcurso de las dos últimas décadas, se ha desarrollado la costumbre de crear una comisión especial para acompañar a una comunidad que vive una situación especial, ya sea a consecuencia de una crisis interna, o bien, en la mayoría de los casos, para enfrentar asuntos relacionados con el envejecimiento de los miembros de la comunidad y la escasez de vocaciones. Comúnmente, estas comisiones reciben el nombre de “comisión de ayuda” o, a veces, “comisión para el futuro”. Dichas comisiones se crean a solicitud del superior de la comunidad o del padre inmediato y, en ocasiones, del capítulo general. No reemplazan al padre inmediato, que forma parte de ellas la mayoría de las veces. Estas comisiones no tienen ningún poder de decisión. Su tarea consiste, simplemente, en ayudar a la comunidad en su camino y, si es preciso, ayudar al superior y al padre inmediato en el ejercicio de su servicio a la comunidad. Se trata de una realidad en plena evolución.

9. Red ampliada

freresComo se ve, la realidad de la orden cisterciense de la estricta observancia es compleja. Se trata de una comunidad de comunidades, relacionadas entre ellas en todo un conjunto de redes que se entrecruzan. Con espíritu de responsabilidad colegiada y con respeto absoluto a la autonomía local, numerosas estructuras se esfuerzan por asegurar de esta forma un ejercicio eficaz y claro de la caridad y del apoyo mutuo.

Al mismo tiempo, la orden mantiene relaciones con otras redes monásticas. Es por eso que la orden siempre ha tenido un papel activo en el interior del consejo de la AIM; y también por esa razón, los monasterios de la orden, sobre todo en las Iglesias jóvenes, participan en las asociaciones que reúnen comunidades que pertenecen a las diversas órdenes monásticas.

Todas estas redes no son simplemente estructuras humanas de coordinación y ayuda mutua, sino que también encarnan en la vida diaria de nuestras comunidades la realidad cristiana fundamental de la Koinonia.

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