Instituto de formadores BECAN (BFI)

Monasterio benedictino Reina de la Paz, Ozubulu, Nigeria
4 noviembre al 4 diciembre 2012

BECAN es un ente común a los benedictinos y cistercienses de Nigeria. Encontraremos una descripción más acabada en el libro del cincuentenario de la AIM o en el sitio web de la AIM. Dentro de BECAN hay un instituto de formación de formadores, el BFI (Becan Formators Institute). La última reunión se celebró en septiembre de 2012. Varios participantes han dado su testimonio en este artículo y hacen ver cómo una organización de red monástica puede funcionar sobre un punto particular en una región del continente africano. Otros ejemplos de estructuras similares habrían sido posibles.

Hermano Pedro Eghwrudjakpor, osb

La reunión de formadores del Instituto BECAN (BFI) se suele celebrar cada cinco años. En el año 2012, fue la cuarta edición. La primera BFI se desarrolló en 1997, la segunda en 2002 y la tercera en 2007. Sin duda podemos decir que ha evolucionado en muchos aspectos, de gloria en gloria.

Este año, había cuarenta y cinco participantes: veintiocho mujeres y diecisiete hombres de diecinueve comunidades. Estuvieron representados los dieciséis monasterios pertenecientes a la asociación de benedictinos y cistercienses de Nigeria. Además, había  representantes de otras tres comunidades: Una monja benedictina de la comunidad Elukwatini de la unión de comunidades benedictinas de África austral (BECOSA), un monje de Nuestra Señora de Bamenda, monasterio cisterciense de Camerún, y dos hermanas del monasterio de Clarisas en Ljebu-Oda en el oeste de Nigeria. Era la primera vez que una comunidad que no sigue la Regla de San Benito había sido autorizada a participar en el BFI. La riqueza de la diversidad de las tradiciones y culturas fue un aporte para esta reunión que tuvo gran éxito.

BECAN3Para esta reunión de formación, había cinco oradores: el padre Joseph Nwosa, el padre Mark Butlin, osb; el hermano Colman Ó Clabaigh, osb; la hermana Phippa Manweller, oc y la hermana M. Jane Aririguzo, ihm. Los temas que se trataron fueron muy variados, incluyendo entre otros un estudio del movimiento monástico a través de los siglos, la formación, dirección espiritual y discernimiento, oración y conversión fueron temas tratados por los padres cistercienses, además de algunas cuestiones específicas y elementos canónicos sobre la vida religiosa, entre otros.

En el contexto de la sociedad nigeriana contemporánea, esta institución monástica ha sido y sigue siendo muy importante, incluso vital. Es evidente que la formación debe ser tomada muy en serio en Nigeria actualmente. Nuestra sociedad está fuertemente influenciada por el neo-paganismo y la religión dominante se basa en “el milagro de la sangre de Jesús” que nace del pentecostalismo fundamentalista. Otras áreas importantes que mantienen la confusión en nuestra sociedad se relacionan con el sincretismo, la pobreza y la corrupción, así como el ataque de las tecnologías modernas y de la comunicación que compartimos con numerosas partes del mundo.

Además de las presentaciones en forma de conferencia, los participantes tuvieron la oportunidad de compartir sus experiencias personales e intercambiar ideas sobre temas relativos a la formación, en el corazón de las complejas realidades de la Nigeria contemporánea.

Los participantes se mostraron, en general, felices y agradecidos por lo que han recibido en esta reunión. La mayoría de ellos eran nuevos en el trabajo de formación, con poca o ninguna experiencia. Por lo tanto, esta reunión puede ser considerada como muy oportuna, un regalo de Dios. La mayoría de los participantes consideraron esta reunión como una ocasión favorable para la adquisición de habilidades, con las herramientas necesarias para el crecimiento personal y desarrollo autónomo. Al final, se habló mucho de la renovación espiritual, lo que fue un aporte importante en este encuentro.

Gran parte de lo que se ha presentado y en el estilo en el que fue hecho ha sido esclarecedor y estimulante para el compromiso, según varios testimonios. De este hecho se puede decir que el Instituto tiene a bien su nombre de “formador de formadores”.

Hoy en día, la vida monástica en Nigeria se enfrenta a enormes desafíos y varios monasterios se han visto disminuidos. Gran parte de nuestros problemas están relacionados con la formación. Se espera que una parte de los frutos de este taller sea que los participantes adquieran un apoyo a título personal, y estén mejor equipados para ser más eficientes en la tarea de formación y con una mayor capacidad para hacer frente a los desafíos incubados por las sociedades contemporáneas.

En resumen, se podrían enumerar algunas áreas que han sido particularmente útiles en el BFI:

- Un contexto propicio para la reflexión, la adquisición de conocimiento y el compartir.

- Un contenido enriquecedor.

- Una puesta en común que facilitó la adquisición de habilidades y herramientas útiles para la formación.

- Una mezcla de culturas y tradiciones diversas.

- Un sentido de unidad y comunión en una misma familia / una misma comunidad a pesar de las diferencias.

El resultado final ha sido un ramo de diferentes formas de belleza. Los participantes han tenido una liturgia en común, comidas en común, distracciones todos juntos, y las tareas han sido asumidas por turnos. Los participantes se sintieron también fortalecidos en su camino personal y en su compromiso monástico después de visitar otros monasterios y centros espirituales durante los fines de semana.

Al final, el ambiente se llenó de alegría y del deseo de compartir lo que se había adquirido. Cada uno quería poner en práctica lo que había recibido durante su formación.

Como en el pasado, todos los presentes expresaron unánimemente su agradecimiento a la AIM, por su patrocinio de la reunión 2012 de formadores monásticos del Instituto BECAN.

Hermana Cecilia Ekwunife, osb

Nos hemos sentido profundamente enriquecidos por este taller a través de los cinco testigos que trataron los siguientes temas:

El padre Joseph Nwosa en el acompañamiento y dirección espiritual, comenzó haciendo una referencia a los diferentes tipos de candidatos que tocan nuestras puertas. Nos habló sobre el discernimiento en las vocaciones: las etapas iniciales, intermedias y finales en el discernimiento. Él nos ha iluminado sobre tres elementos que se pueden presentar en la formación: el conformismo, la identificación e internalización. Hizo hincapié y profundizó sobre la importancia de la madurez emocional de los candidatos. Abordó las cuatro áreas de formación: humana, espiritual, intelectual y pastoral, así como sus fundamentos antropológicos, teológicos y pedagógicos. El punto culminante de su enseñanza fue el tema de la formación como transformación. En cuanto a la dirección espiritual, analizó su origen y objetivo, y sus posibles bloqueos. También abordó el tema del acompañante y la psicoterapia.

BECAN2El padre Mark Butlin, osb, habló del sentido de la conversión y cómo vivir en el seno de la comunidad monástica, un llamado a una espiritualidad de comunión profunda. Insistió sobre la necesidad de la reflexión en nuestra vida monástica, del encuentro con Dios, y de la virtud del principio de la realidad. Esto condujo a la enseñanza de la experiencia de conversión, de la experiencia en el camino monástico, hubo un grupo de trabajo sobre la definición de la conversión con un vocabulario rico y profundo en este tema. El padre Mark presentó también la conversión y el bautismo como un punto de partida en el proceso de cambio y crecimiento relacionándolos a los signos de crecimiento y cambio en el proceso de conversión. También habló del objetivo y propósito de la conversión, así como sus agentes: Jesús, el Espíritu Santo, la Palabra de Dios, la gratitud y la Santa Eucaristía. Mencionó algunos de los elementos del sacramento de la reconciliación. Profundizó junto a nosotros en una espiritualidad de comunión y nos introdujo en un estilo de lectio divina, la lectio divina como una experiencia vivida.

El hermano Colman Ó Clabaigh, osb, nos ha permitido revisar el desarrollo de la vida monástica y profusión desde su nacimiento hasta el día de hoy: La vida de los Esenios y de los “Terapeutas”; san Antonio de Egipto, san Pacomio, los padres y madres del desierto, san Basilio y el monaquismo capadocio, Juan Casiano, las escuelas monásticas del mundo mediterráneo, san Benito de Nursia, san Benito de Aniano y su reforma, el monasterio de Cluny y su reforma, la aparición de grupos de ermitaños, cánones agustinos, las órdenes militares, camaldulenses, cartujos, eremitas y anacoretas, la tradición cisterciense, los hermanos, dominicanos, carmelitas, las mujeres y el monacato, la reforma de los monasterios de mujeres; la decadencia y el declive del monacato medieval, los movimientos de reforma monástica. La reforma católica, el Concilio de Trento, los jesuitas, la congregación benedictina inglesa, los ataques hostiles a la iglesia (la revolución americana y la revolución francesa). Varias reformas del siglo XIX; y por último, el monacato en Nigeria.

La hermana M. Philippa Manweiler se hizo cargo de la conclusión general y fue capaz de enlazar todos los temas de los involucrados ​​en el seminario. Empezó con algunos acontecimientos de la historia de la Iglesia, en relación con la Regla de San Benito. También profundizó sobre el proceso de conversión propio de la vida monástica, y los desafíos de comunión en la vida diaria. Abordó los cuatro padres cistercienses: san Bernardo, Guillermo de Saint-Thierry, Guerrico de Igny y Elredo de Rievaulx (su regla para la vida retirada). Finalmente se centró en el tema del Adviento y la Encarnación.

Por último, una canonista del Instituto Católico de África occidental, la Hermana M.  Jane Aririguzo, ihm, animó la última reunión. He aquí algunos de los temas de su intervención: el acto canónico de la consagración religiosa según el Vaticano II, los efectos jurídicos de la vida consagrada, el sentido de la consagración religiosa, la relación entre la consagración bautismal y la vida consagrada, y, finalmente, las implicaciones teológicas de nuestra consagración religiosa.

Hermano Cyril M. Osamade, ocso

Este seminario anual de formadores es totalmente excepcional, fue para mí una revelación como miembro de la sesión. Era la primera vez que participaba en este seminario del Instituto Becan que se celebra una vez cada cinco años. Tuvimos algunos temas interesantes sobre la formación de los candidatos. Fue un privilegio compartir con hombres y mujeres que han tenido experiencia en la vida monástica / religiosa durante muchos años y han intervenido activamente a partir de la riqueza de su experiencia vivida. Lo que sigue son los frutos recogidos durante este seminario para los formadores monásticos:

La formación: se abordaron diversos asuntos en relación a la formación actual de los candidatos, el tema dominante de la reunión fue: “¿Qué tipo de formación damos a nuestros candidatos hoy en día?” Se siguió luego con una serie de puntos de atención para una formación ajustada de los candidatos:

- Nuestra formación debería estar centrada en Cristo.

- Tenemos que formar con el ejemplo de nuestras vidas; tenemos que avanzar a lo largo del camino con los que están en formación, y esforzarnos en enseñar a partir de nuestra vida, ya que “una buena vida es la mejor de las religiones”.

- Debemos enseñar la verdadera doctrina de la Iglesia.

- Seguir los valores del Evangelio.

- Entregar una noción correcta sobre la vocación.

- Ayudar a los candidatos a desarrollarse en el conocimiento de si mismos.

- Reconocer el lugar de las personas en el proceso de formación, etc.

Puede existir una tensión por una formación dirigida a todos: esta debiera conducir a los candidatos a una “relación personal con Dios”. Es toda la persona la que es objeto de la formación. De los tres tipos de conocimiento; “conformidad, identificación e interiorización”, este último es el que debe ser cultivado en la formación de los candidatos, ya que permite a aquellos que se forman integrar e interiorizar los valores a recibir y vivirlos en sus relaciones con los miembros de la comunidad. Además, los formadores deben estar bien instruidos en las áreas de formación humana, ya que no podemos dar lo que no tenemos: Dat quod nemo non habet.

BECAN1La experiencia: aquí se trataba de la experiencia vivida y compartida. Nos han dicho estar atentos a la “realidad visual” que se basa en lo que se ha visto y observado más que sobre simples ideologías de vida. La realidad visual no es ni real ni verdadera. Nosotros debemos descubrir las realidades de la vida. La espiritualidad de la conversión es así la clave de la experiencia monástica. Thomas Merton tenía razón cuando decía: “Cuando nos detenemos y reflexionamos, llegamos a tocar la realidad de la vida”. Necesitamos detenernos y reflexionar para actuar correcta y razonablemente. La perspectiva de san Benito sobre la conversatio morum es en relación a la experiencia de la vida cotidiana, es el centro de nuestros votos monásticos, y es a la vez el fin y el objetivo de nuestro viaje monástico. Esta conversatio, esta conversión nos hace cada vez más cercanos a la persona de Cristo. De acuerdo a lo que se ha dicho durante el seminario: “La tarea principal de la vida monástica es apoyarse sobre la experiencia”.  La vida cristiana y la vida monástica son las dos un “viaje”; es una perspectiva dinámica y no estática. La conversión es un proceso, se trata de un abandono, de una metanoia, es decir, un compromiso radical y continuo hacia Dios y lo que es bueno.

La historia monástica: algunos temas se trataron como una luz sobre nuestra gran tradición. Una pregunta fundamental se estableció: ¿Por qué estudiar la historia monástica? Es trabajando con la comunión de los santos que conocemos nuestras raíces, profundizando nuestros conocimientos, conociendo nuestro patrimonio, nuestros fundadores y mirando hacia el futuro es que aprendemos del pasado. En resumen, aprendemos con el fin de identificarnos con nuestra tradición. Tradición proviene de la palabra latina traditio, que significa revisar lo que hemos aprendido. El orador nos ayudó a reconstituir la historia monástica de Egipto en Ozubulu, ese lugar donde fuimos acogidos este año para el seminario de formadores. Habló largo y tendido sobre la vida ascética, sobre la idea de la renuncia en los ascetas. Según él, los primeros ejemplos de la ascesis cristiana se encuentran en mujeres, en viudas, en vírgenes (Cf. Hechos 9, 36 – 41). Afirmó que muchos cristianos adoptaron la vida ascética como un medio de seguir a Cristo más de cerca.

En conclusión, tuvimos el privilegio de terminar con una canonista de CIWA (Instituto Católico de África Occidental). Ella compartió una intervención sobre: "El valor de la consagración religiosa según el Concilio Vaticano II”. Insistió que la vida consagrada a Dios implica a toda la persona y que este acto de consagración marca un cambio profundo de la persona. Este cambio es ontológico. Nuestra vida es una consagración total a Dios, ya que implica un abandono total de si mismo a Dios. Ella demostró que el canon 573 del nuevo código, dice que, la consagración actualizada por la profesión de los consejos evangélicos, se identifica con una entrega total a Dios. Con esta nueva y especial consagración, aunque no es sacramental, las personas consagradas hacen suyas el camino de vida practicado por Cristo, casto, pobre y obediente, imitándolo. Así ellos constituyen una parte de la santidad de la Iglesia.

Hermano Michael Asogwa, osb

La tarea de la formación (padre José M. Nwosah)

Es bastante difícil hablar con claridad y precisión del camino de los candidatos a la vida monástica, sin un conocimiento previo del desarrollo de la persona. El padre José M. Nwosah, director del Centro de Formación Nazaret, en Isiagu, en la diócesis de Awka, ha abierto el seminario BECAN de este año con discusiones sobre el desarrollo humano, el acompañamiento espiritual y discernimiento vocacional. Él cree que “es la persona como un todo la que debe ser formada”, la persona humana en su totalidad. La formación, como la transformación, deben ocuparse, ante todo, de formar el corazón, sede de todas las actividades humanas tanto como de la no-actividad. El primer lugar se le da a la “oración del corazón” como instrumento principal de formación. De esta manera, el Espíritu Santo puede llegar a ser el maestro principal. El formador, siendo un agente indispensable, es también necesario por la economía de la encarnación. En este contexto, el discernimiento de las vocaciones se transforma en una mirada de conjunto, rogando por una respuesta a los llamados del Espíritu Santo por parte de aquellos que se están formando.

“Una persona es una unidad dentro de su complejidad”. Existe, por lo tanto, interacción entre los diferentes aspectos de la persona humana. La formación integral es la única opción posible, es decir, la formación de todos los aspectos de la persona humana, cuerpo, espíritu y sentimientos, movidos por el Espíritu de Dios que habita en nosotros. El padre José alienta a los formadores a enfocarse en el crecimiento de la madurez afectiva de los candidatos. Él piensa que una persona que se convierte en lo que está llamada a ser vale más que una persona que no sabe lo que está llamada a ser. El propósito de un formador es el crecimiento integral del candidato. Los encuentros entre las personas en formación y los formadores son momentos llenos de gracia. Los formadores deben ser percibidos, ante todo, como “facilitadores de crecimiento.” El padre José prefiere este término al de “director espiritual”.

Sobre la relación entre el formador y la comunidad, el padre Nwosa afirma que eso es una ayuda siempre y cuando los formadores puedan dar un informe a la comunidad sobre la evolución de los candidatos en base a los esfuerzos y dificultades y sobre lo que se ha hecho acerca de estos problemas. La relación con los superiores se basa en la comunión, la información sobre los progresos, la invitación y el impulso. La formación religiosa está fundada en la colaboración plena y armoniosa entre el candidato, el formador y el Espíritu Santo. Los tres deben trabajar en armonía. El padre José sostiene que no se puede delegar la responsabilidad, el superior es el primer representante de Cristo. El candidato es el principal protagonista en el proceso de formación, mientras que el formador es un agente indispensable. El protagonista es, en esencia, el Espíritu Santo. El Espíritu está activo en el formador y en el candidato. El padre José señala que toda formación es una auto-formación y enumeró tres elementos de auto-formación: conocimiento de si mismo, convicción personal y la formación de si mismo, para lo cual un guía es indispensable. La formación como  transformación implica que los formadores deben animar a los candidatos a formarse ellos mismos. No es suficiente informar, si no hay forma en la persona que recibe la enseñanza. El interés personal y la responsabilidad son muy importantes porque, como dice el proverbio africano: “Se puede llevar un caballo al agua, pero no se lo puede forzar a beber”. La vocación es una respuesta personal a la llamada de Dios: es una invitación y una misión por parte de Dios solo. La formación es una parte de la respuesta a este llamado. La formación debe tener una meta objetiva; no es solamente una elección individual.

El Padre Nwosa ha enumerado siete puntos sobre el discernimiento vocacional, lo que explicó con la teoría de las vivencias de santa Teresa de Ávila.

- La fe es el fundamento de la vida religiosa y la condición de su estabilidad y crecimiento.

- La fe llama a un compromiso personal hacia Cristo vivido en la acción.

- Es una fe que revitaliza a la persona en su conjunto y produce un cambio interior expresado en la confianza en Dios, y conduce a una relación interpersonal con Dios.

- Los formadores deben estar conscientes que ellos no pueden entregar lo que no tienen; están animados por su consagración religiosa a vivir estas expresiones de la fe, que son muy significativas para nuestro tiempo.

- Los formadores debieran evitar cualquier compromiso.

- Ellos debieran esperar de los candidatos que acepten las dimensiones más profundas de la oración y la integración de un modo de vida ligado a la vida religiosa.

- La integración en la vida religiosa es, ante todo, un don de Dios, mas el formador tiene un rol que desempeñar en la respuesta de los candidatos. La docilidad y la sinceridad son las premisas básicas para poder ser recibido en el noviciado. La asimilación y apropiación de valores son necesarios en el proceso de internalización.

El padre José concluyó insistiendo sobre el hecho que estos valores no se enseñan en clases, y que son  recibidos de una manera natural.

Sobre la conversión (padre Mark Butlin, osb)

Los formadores fueron divididos en ocho grupos de cinco y seis personas, que fueron invitados a compartir algunas reflexiones sobre nuestras experiencias en las siguientes áreas:

- ¿Qué significa para nosotros la conversión en la vida cristiana?

- Escriban una experiencia de conversión en su vida cristiana y en la vida monástica.

Cuando los grupos volvieron para poner en común su trabajo, hubo una variedad de reacciones y reflexiones que enriquecieron a todos los participantes. Se dijo que el viaje monástico es una experiencia de conversión, orientado hacia Dios. Es un proceso que consiste en abandonarse y morir a sí mismo, para permitir al hombre nuevo crecer en Cristo. La conversión es la eliminación de los obstáculos al crecimiento en Cristo. Se trata de vivir centrado en Cristo, en una unión total y compromiso con Dios. La conversión es radical, no se detiene. La conversión es llegar a ser una persona nueva, una nueva creación que implica la bondad. La conversión es una transformación de la vida cotidiana, viviendo nuestra vida de todos los días con un gran compromiso en la escucha del Espíritu Santo. Es estar dispuesto a ser guiados por el Espíritu. Se trata de una transformación relacionada con nuestros votos bautismales. La conversión implica el conocimiento y elección, un giro a la fe y a la razón.

Después de la asamblea general en la que se compartieron experiencias de conversión, el padre Mark insistió diciendo que el punto de partida de la conversión es lo que nos lleva a la vida eterna. El punto de partida de la conversión es la conciencia de si mismo. Y comienza por el amor a Dios: el que permanece en el amor, permanece en Dios. La fe crece cuando se vive como una experiencia del amor recibido. La conversión es dinámica, nunca se termina, somos siempre principiantes (Cf. RB 73). Es un viaje que no está nunca completamente terminado en esta vida. La conversión es el núcleo del mensaje cristiano, los cristianos son los que creen verdaderamente en el amor de Dios. Y la vida monástica es una vida de amor, participa activamente en el amor de Dios.

Sobre la experiencia de la conversión, a partir del intercambio en cada grupo, he aquí lo que fue transmitido por los secretarios de grupo: descubrimos que la conversión implica un combate espiritual para la entrega de uno mismo. Esta lucha implica un desafío que llama a una fuerte voluntad, una gran determinación y una no menor perseverancia. A veces nos sentimos golpeados en el momento de la conversión, necesitamos de un empujón para mover nuestras vidas. Esto nos lleva a entrar en una perspectiva de humildad. La conversión es una transformación radical que conduce a muchos cambios en la vida de la persona.

Intercambio sobre las fundaciones monásticas (hno. Colman Ó Clabaigh, osb)

Hacia el final de su intervención el hno. Colman pidió a cada comunidad decir algo acerca de la fundación de su monasterio. No era de ninguna manera evidente el saber inmediatamente dónde nos llevaría esta historia de nuestras diversas fundaciones monásticas. Durante unos quince minutos cada participante estuvo tratando de encontrar la mejor manera de presentar los valores humanos y espirituales de cada uno de los grupos monásticos a los otros miembros del seminario. La historia de San Benito de Ewu actuó como un catalizador, y a partir de ahí se desarrolló un ambiente de confianza y comprensión en el grupo que permitió que otros compartieran un poco de su propia vida interior. Aprendimos a dar sin miedo y a sacar lo mejor los unos de los otros: fue también el fruto de la simpatía y el afecto mutuo, aunque cada evaluación es única para cada comunidad. Ninguno de nosotros podría haber llegado a esta conclusión si no hubiera sido alentado por los otros, gracias al apoyo, la risa, la crítica y la perspicacia.

Era más que un trabajo de terapia de grupo; tomamos conciencia que el Obispo Okoye y el Cardenal Arinze jugaron un papel fundamental en la fundación de la vida monástica en Nigeria. Del mismo modo, el compartir sinceramente algunos de nuestros fracasos y debilidades nos dio a cada uno, en nuestros diferentes estilos, una nueva confianza para enfrentar e integrar la manera de cómo Dios nos lleva a la plenitud. De hecho, esto nos ha fortalecido en la fe que Dios es más real que todo en el camino monástico. Muchos de los participantes llegaron a considerarse parte de la tradición monástica que nos llegó de Egipto, de ahí el título “de Egipto a Ozubulu”. Todos tomamos consciencia de que hay elementos muy humanos en las fundaciones monásticas. Por otra parte, el hecho de que haya diferentes tipos de vida monástica en la historia nos impresionó muchísimo. Cada persona pudo decir un par de cosas que eran nuevas para ella; enseguida el hno. Colman recordó al grupo que cada uno es responsable de transmitir la tradición. Después de la sesión, hubo gran celo para contar a los demás la historia de nuestras fundaciones monásticas.