Comunión Internacional de las Benedictinas
Vivir en red

Madre Thérèse-Marie Dupagne, osb
Monasterio de Hurtebise, Bélgica
y Rosy Demaret

les_auteursLa Comunión Internacional de las Benedictinas (CIB) es un organismo particularmente admirable debido a la puesta en marcha de una red benedictina. La delegada de la región europea responde algunas preguntas de una laica estrechamente ligada a la vida en el Monasterio de Hurtebise. Es la oportunidad de rescatar el carisma propio de esta organización que puede tener un importante rol en el paisaje monástico contemporáneo.

Este testimonio es presentado en forma de diálogo entre la Madre Thérèse-Marie, Priora de Hurtebise, delegada regional del CIB y Rosy, una laica, miembro del Movimiento Reliance, verdadera comunidad de fe y vida con la Abadía de Hurtebise.

Madre Thérèse-Marie: ¿Reflexionar sobre la vida en red? Deseo que reflexionemos juntas… y ¿por qué no escribimos juntas? ¿Estás de acuerdo?

Rosy: Si así lo deseas y ¡gracias por esta proposición de escribir “en red”!

Madre Thérèse-Marie: Bueno, dime lo que significa para ti vivir en red. Acláramelo porque esa expresión inicialmente no me dice nada.

Rosy: Una red, es una “pequeña malla” que puede crecer muchísimo, de manera ilimitada… ¡Está en dos dimensiones! No hay nudos (de personas, de comunidad) que estén arriba o abajo… Cada nudo está interconectado con todos los otros y, si nuestra red no está bien tejida, interconectada con otras redes… No miremos aquí la red del cazador que se cierra sobre sí misma, sino más bien una red de tenis o una hamaca (en algunos idiomas es siempre la misma palabra). Para mí, “red” suena a relación… y nuestro Dios ¿no es relación?

Madre Thérèse-Marie: Visto de esta manera, me parece más claro. Y entonces puedo reconocer en la CIB, como en la UBB[1] o en el grupo de Reliance[2] del cual eres miembro, lugares de vida en red, y esto para mí tiene sentido. Incluso, más sentido puesto que las redes son múltiples. Vivir en una sola red correría el peligro de encerrase, de transformar esta red -cualquiera sea su tamaño- en un lugar cerrado a los demás, al prójimo. Ahora bien, una vida cristiana en red se encarga del advenimiento del Reino, porque construye la comunión. Y, en la eternidad, esa comunión será finalmente completa, será universal. No nos llevaremos nada de esta tierra, solo los lazos de comunión tejidos día a día. Tú sabes que me gusta mucho lo que dice san Pedro en su segunda carta: “Cómo conviene que seáis en vuestra santa conducta y en la piedad, esperando y acelerando la venida del Día de Dios”[3]. Mi participación en la CIB, mi compromiso al servicio de la comunión en diversos grados responde a ese apuro.

Rosy: En realidad, es bello y justo ese nombre que se dieron: CIB (Comunión Internacional de las Benedictinas). Cuando escucho la palabra red, pienso también en “relación fraternal” y es aun más auténtico ya que aquí hablamos de hermanas. Pero también porque esta red está abierta, compuesta de hermanos y hermanas en un sentido más amplio: “son todos hermanos”… En una relación donde cada uno, cada una, tiene tanto que aportar y recibir.

En ese sentido, cuando leo los informes de los encuentros de la CIB, hay algo que me llama la atención y me maravilla. Se trata de las actividades que tienen cada vez, fuera de las reuniones de trabajo. Pero ¿por qué es tan importante para ustedes juntarse en Filipinas con las familias que viven sobre el basural de Smokey Montain, o recorrer el camino de los esclavos en Ouidah, en Benin, o pasar por el puesto de control a pie hacia Palestina?

dechargeMadre Thérèse-Marie: Me recuerdas Smokey Montain, el inmenso basural de Manila. Sí, pienso que nuestro paso por ese lugar es uno de los momentos clave de mi vida en la CIB. Cuando nos juntamos en un seminario, somos una veintena de benedictinas (hermanas apostólicas y monjas) venidas del mundo entero. Cada una representa las comunidades de una región del mundo. Tenemos la misión de dar cuerpo a la CIB, de tejerla humildemente, pacientemente, para que esa comunión sea una realidad. Por esa razón, nos juntamos anualmente. Vez por medio en Roma (con motivo del simposio de las benedictinas o del congreso de los abades), y vez por medio en una de las regiones. Desplazarnos para las reuniones en las distintas regiones es muy importante para conocernos mejor. En nuestras reuniones, hay espacios más administrativos, pero buscamos también que existan momentos de intercambios, no solamente alrededor de la mesa, o en la lectio, la liturgia y la oración. Hay tantos intercambios que no pasan necesariamente por las palabras, pero sí en el compartir la vida, en descubrir dónde vive el otro, los desafíos que debe enfrentar cada día.

Nuestras hermanas de Manila son mujeres extraordinarias. En sus misiones están pendientes del más chico, del más pobre. Es en virtud de ello que levantaron un centro diurno sobre el mismo basural. Durante nuestro encuentro en 2007, nos invitaron a reunirnos con las familias que viven sobre el basural[4]. Para mí esa  visita se transformó en un encuentro eucarístico. Allí, comulgué con la fuerza de la vida, de la fe y de la esperanza de nuestras hermanas filipinas. Allí oí el llamado del corazón de nuestro Dios. Y desde entonces ya no puedo olvidarlo, me siento comprometida con el deber de testimoniar y vivir de otra manera.

ouidahEl camino de los esclavos de Ouidah[5], lo recorrimos el último día de nuestro encuentro de 2011. Estábamos algo extenuadas por los largos senderos recorridos durante más de 15 días. Pero yo había percibido que para nuestras hermanas de África, nuestro paso por Ouidah era muy importante. De su parte, era una demostración de confianza, un intercambio profundo, la mirada sobre una herida que está viva en sus pueblos. Se atrevieron a invitarnos porque llevábamos varios días de convivencias. Quedé impactada al recorrer con ellas esas etapas de la peregrinación. Recordaré por mucho tiempo a una de ellas diciéndome como confidencialmente: “Puedes ver que no valemos gran cosa, si pueden hacer esto con nosotros”. Se cayeron las vendas de los ojos de mi corazón. Debido a esta proximidad con mis hermanas de África occidental, aquella peregrinación se me manifiesta como un faro, como una invitación. Llevar con mis hermanas esa herida, para con ellas sanar. Y así abrir los ojos a las nuevas esclavitudes, mantenerse atenta… todo esto nos transforma en seres de comunión.

murEl punto de control en Belén… es también otro compartir. Desde el levantamiento del muro a través de Tierra Santa, a través de Belén, yo sabía que nuestras hermanas que vivían justo al lado, compartían la suerte de los palestinos… pero para mí era como una idea vaga. Encontrarse juntas en ese recorrido -porque nuestras hermanas quisieron que conociéramos un poco de su rutina diaria- fue más impactante que muchas palabras.

Conocer desde adentro la realidad de sus vidas me da una proximidad que no se puede describir. Justo frente al monasterio, como un acto de resistencia se dibujó un ícono de María y también una puerta. Y nuestras hermanas proclaman una oración a “Nuestra Señora que hace caer los muros”.

Este gesto de esperanza, puedo compartirlo, unirme en su oración y darla a conocer vendiendo en Hurtebise pequeñas cruces de su artesanía en un pequeño gesto de apoyo, pero esto nos mantiene en comunión con ellas, y también con las familias palestinas que ellas apoyan, para quienes ellas quieren ser presencia de paz y esperanza.

Sí, como ves, si queremos que nuestra comunión sea profunda, las palabras no bastan. Es indispensable compartir la vida y las experiencias. Aun cuando eso será siempre limitado. Estos encuentros marcan, transforman nuestro corazón, nos convierten. Ya no soy la misma. Mi inserción en la familia benedictina es totalmente diferente, lo mismo ocurre con mi inserción en la humanidad. Y en esos encuentros, siento que el corazón de nuestro Dios late. Lo descubro vibrando con las penas y alegrías de nuestros hermanos y hermanas. Trato de hacer concordar mi corazón.

Rosy: Y esos encuentros tan ricos y necesarios, siento que tienes una gran preocupación para que un máximo de personas los aprovechen ¡mucho más allá de las hermanas benedictinas! Gracias por estos variados testimonios que publicas y que nos permiten comulgar con esas personas. Pero ¿cómo nació la CIB? Tú me habías hablado de un crecimiento muy lento…

Madre Thérèse-Marie: La CIB es una larga historia. Ahora tiene 11 años, pero su elaboración fue mucho más larga. Si quieres saber más, puedes leer, nuevamente, el artículo que la hermana Judith Ann, la moderadora de la CIB, escribió en la revista del AIM, para festejar nuestros 10 años. Ahí está descrita toda la hazaña. Es un desarrollo lento que se inició en 1966.

Al principio, las estructuras benedictinas a nivel mundial solo atendían a los monjes. Después hubo una comisión de hermanas y una comisión de monjas y poco a poco esos dos grupos se juntaron – lo que es una profunda riqueza – y formaron lo que hoy es reconocido oficialmente como la CIB. En mis primeras participaciones en la CIB, cuando llegábamos a una reunión, la pregunta típica era: ¿eres monja o hermana? Hoy esa pregunta ha desaparecido totalmente, nos sentimos miembros de una misma familia. Poco a poco se redactaron estatutos, que están en permanentemente revisión porque siguen la vida y no al revés. Y a medida que la red internacional se construye, es necesario que las redes regionales hagan lo mismo. Porque la internacional se injerta sobre la regional. Allí donde no existían lazos entre las comunidades de una región, la delegada debe ocuparse en buscar lugares de encuentro e intercambio. Allí donde las estructuras ya existen, sirven de base a una red local. Sabes, el asunto que me ocupa es muchas veces acerca de una verdadera comunión. En nuestra sociedad, nos comunicamos mucho, nos informamos (o desinformamos), pero hay que ir más lejos, vivir en comunión.

Rosy: Siento que el hecho de vivir en red exige mucha vigilancia para que no se seque el flujo de nuestras relaciones y también exige mucha esperanza puesto que una obra de tanta envergadura seguramente nos sobrepasa. Aunque nuestro deseo sea grande, muchos asuntos inevitables lo complican. Entre otros, el tema del idioma: los estatutos prevén dos idiomas en la CIB: el francés y el inglés, pero es probable, como en otras asociaciones, que se gire hacia “todo en inglés”.  Cómo considerar tantos idiomas… que dificultades entre eficacidad, comunicación, reconocimiento de cada uno, necesidad de encontrar traductores, aunque las comunidades tienen bastantes riquezas en ese sentido.

Me imagino que el tema de las finanzas no es menos simple como es el costo del desplazamiento, más o menos accesible según las regiones y comunidades. ¿Cómo hacer para que la expectativa de financiamiento no esté demasiado presente en relación a los países más “ricos” y que la relación de ayuda mutua funcione en todos los sentidos?

Madre Thérèse-Marie: Efectivamente, mencionas aquí dos temas muy importantes. El tema del idioma es un gran desafío. Cuando debemos juntarnos en Roma (más de cien asistentes), la traducción se organiza en cinco idiomas, lo que permite que muchos puedan participar. Pero no hay que hacerse ilusiones, si bien para las conferencias y mesas de trabajo hay traducción, para todas las otras actividades, tenemos que arreglarnos solas. Las conversaciones informales también pueden ser un maravilloso intercambio, construyen la comunión. Todas tendríamos que tener la valentía de aprender otro idioma. Para la calidad del intercambio, es necesario hablar en su propio idioma, pero después traducir para uno u otro del grupo, porque es más difícil expresar lo que tenemos en el corazón y la mente con un idioma mal hablado.

El tema del financiamiento es también un problema permanente. Los viajes cuestan caro. Las estadías en San Anselmo en Roma son extremadamente caras. En cada encuentro, volvemos a abordar el tema: como producir más ingresos para abastecer los fondos de solidaridad. Porque de esto depende la posibilidad de participación de todas las regiones. A veces, se propone organizar el seminario en otro lugar distinto a Roma, pero las estadías en San Anselmo son una ocasión de comunión con nuestros hermanos benedictinos, lo que es importante. No sería bueno que la CIB se aleje del mundo benedictino masculino. Si nos quejamos que en nuestra Iglesia, las mujeres están algo alejadas, no es conveniente que por nuestro lado reproduzcamos esa misma separación. Es bueno que las mujeres se organicen en la CIB. ¡Pero debe desembocar en una comunión profunda con nuestros hermanos! Sueño con que podamos invitar a nuestros encuentros no solamente al padre abad primado, sino también a otros hermanos. ¡Podemos soñar que un día haya una sola “comunión benedictina” que reúna hermanos y hermanas!

Rosy: ¿Y lo que es verdad para las hermanas y los hermanos benedictinos debe también ser cierto para otras asociaciones?

Madre Thérèse-Marie: Sí, lo vimos recién en Bélgica, los religiosos y religiosas pertenecientes a los Países Bajos se agruparon en una sola asociación y los francófonos acaban de hacer lo mismo y fundaron la COREB. Es muy enriquecedor sumar nuestras fuerzas, ideas y sueños. Si enaltecemos las diferencias, creamos una rica armonía. Es igual en la vida eclesial, tenemos que lograr la comunión. No porque vivamos en un monasterio tenemos que vivir replegadas. La comunidad de fe que formamos con los laicos que eligieron Hurtebise para insertarse eclesialmente es para mí un guiño del Espíritu. A partir del momento que dejamos que nos invada el corazón, no cesa de entrelazarnos en comunión.

Rosy: Y es necesario que la red apunte a más apertura e interconectividad. ¡Y al mismo tiempo debe ser sólida! Que cada malla sea como una micro red local donde la comunión se viva con toda la fuerza del amor fraternal. Seguramente se espera que cada comunidad de la CIB acoja todos estos ecos llegados de todo el mundo gracias a vuestros encuentros, gracias a todas las informaciones y deseos que circulan. No debe ser fácil lograr que cada hermana esté informada, pero lo más doloroso debe ser cuando la información queda detenida en alguna parte durante su transmisión, o que algunas opiniones más rígidas paralicen la posibilidad de encuentros: por ejemplo, se debe tener una concepción “viva” de la clausura para ponerla al servicio de la comunión y no a la inversa.

Pero me gustaría terminar sobre la manera de vivir la solidaridad. ¿Qué desafíos concretos se confrontan con ese deseo de solidaridad?

Madre Thérèse-Marie: Tú hablabas del tema de las finanzas. Hay también otro desafío: el intercambio de comunión entre nuestras comunidades a nivel mundial. Siento que está siempre presente el riesgo de colocar a occidente como generoso donante, y el sur como permanente solicitante. Esto se acerca un poco a lo que te comentaba sobre la peregrinación de los esclavos. Es necesario que nuestros hermanos y hermanas del sur tomen conciencia de su valor, de su don y de su talento. Y que avancemos en el intercambio, en la reciprocidad. Es necesario que cada una, sin importar de donde venga, presente sus necesidades. E intentar intercambios. Pero esos intercambios deben ser meditados, respetuosos. No se puede permitir agotar, comenzar a sacrificar jóvenes de países emergentes, para asistir a nuestras comunidades moribundas. Obviamente que nos pueden ayudar, pero en el marco de un proyecto reflexionado, pero no venir a ayudar para permitirnos que no reflexionemos ni preparemos el futuro.

Rosy: La misión de la CIB es entonces no ser el capataz de sus obras. Su misión es más bien la de suscitar espiritualidad. Si la “red local” de las regiones está viva, las experiencias que se logren pueden servir de semillero para fecundar toda la red de la CIB. ¿No es éste el caso de “Ananías” del cual me hablabas?

Madre Thérèse-Marie: Se dice mucho que un cristiano solo es un cristiano en peligro. Me gusta decir que es igual para una comunidad. Una comunidad cerrada sobre ella misma está en peligro. Hoy, cuando las comunidades en occidente se han fragilizado, se abren a la colaboración. Fueron empujadas por la necesidad, pero estoy persuadida de que allí hay más que solo necesidad. Hay un deber en la apertura y la colaboración. Pero está claro que no podemos asumir todo. Las hermanas más comprometidas en la CIB como delegadas no pueden responder a todos los llamados que surgen en las comunidades. Pero si iniciamos un movimiento, si intentamos crear lazos, toda la familia benedictina podrá dejarse interpelar, involucrarse. El proyecto “Ananías” del cual hablas, es un proyecto que nació en el seno de la congregación benedictina de Santa Bathilde de Vanves. Nuestras hermanas se dieron cuenta, cuando se realizó un capítulo que, con urgencia, había que ocuparse en la formación de los formadores. Un ciclo estaba organizado en Roma en inglés y soñaron con organizar uno en francés. Y la reacción fue de ofrecer inmediatamente un proyecto a los hermanos y hermanas benedictinos y cistercienses para la elaboración y la participación. Hoy este ciclo está en marcha. Es un fruto maravilloso de comunión.

Siento que nuestro dialogo se alarga, creo que ya es tiempo de concluir nuestro artículo. Pero como conclusión, sabes, prefiero la apertura… Te dejo finalizar.

Rosy: Deseo que todas nuestras redes se amplíen, se interconecten, que puedan circular en ellas todas nuestras ideas, nuestra solidaridad concreta. Como en Ouidah o en Belén, que podamos abrir allí compuertas de esperanzas y fortalecernos mutuamente para caminar en la alegría de nuestro Dios.

[1] UBB: Unión de las benedictinas de Bélgica. Esta unión reúne once comunidades benedictinas que se apoyan para vivir hoy una auténtica vida monástica.
[2] Reliance: Comunidad de fe compuesta de laicos y hermanas benedictinas de Hurtebise.
[3] 2 Pedro 3, 11 – 12.
[4] Ver Boletín AIM Nº 91 o en el sitio de la región Benelux: 2007 Manila, 9 septiembre: https://sites.google.com//site/cib5benelux/les-rencontres-internationales-de-la-cib/2011-afrique-de-l-ouest.
[5] https://sites.google.com/site/cib5benelux/les-rencontres-internationales-de-la-cib/2011-afrique-de-l-ouest.

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