P Jean-Pierre Longeat, osb
Presidente de la AIM

El “Espejo de la Vida Monástica”

a partir de lectio divina

 

JPLongeat2018He utilizado en ocasiones el texto del “Espejo” como base para la animación de encuentros o retiros con comunidades. En cada una de estas ocasiones me ha parecido importante enraizar el debate en un intercambio inicial de lectio divina sobre cada uno de los capítulos de este documento. Quisiera dar aquí un eco a título de ejemplo; son posibles otras alternativas y referencias de textos.

Introducción

El centro de la vida monástica cristiana es el amor a Dios y al prójimo. Es indispensable recomenzar desde este fundamento. A lo largo de nuestra vida, Cristo nos ha revelado este amor de innumerables maneras. Su llamado nos ha conmovido. Quisimos responder para llegar a ser miembros de Su Cuerpo a fin de estar unidos a Dios y a todos los demás en el Espíritu Santo. El monje es aquel que no tiene nada más querido que Cristo y lo hace todo por amor a Cristo, para que todos puedan saborear los frutos de su pasión y de su resurrección.

Jesús dijo: “Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado” (Mt 4, 17). Uno de los mayores desafíos para nosotros hoy es tomar en serio esta invitación. Se trata de un giro radical para vivir desde lo profundo del corazón, donde la vida emerge en nosotros al nivel más visceral. Se trata de pasar del intelecto al corazón para vivir juntos según la lógica del amor creador, para acoger todos los frutos de esta disponibilidad en la vida más cotidiana en el corazón de nuestras sociedades. Las principales dificultades de nuestro mundo, así como de la Iglesia católica, están vinculadas a esta conversión exigente.

1) Comunidad

En la víspera de su pasión, Jesús oró: “ que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti “( Jn 17, 21). Para ser “uno” juntos, es necesario ser “uno” con Dios. El mandamiento del amor es doble y el segundo es semejante al primero: “Si alguno dice: “Amo a Dios”, y odia a su hermano, es un mentiroso” (1 Jn 4, 20). Es asombroso que hayamos desarrollado hermosos discursos sobre el amor de Dios y que no seamos capaces de considerar que es tan parte de nuestra vida espiritual, el amor a los demás.

2) Ejercicio de la autoridad

En materia de autoridad, Cristo denuncia el poder de dominación. Dice: “el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir,” (Mt 20, 28). El ejercicio de la autoridad requiere realmente la toma de conciencia de tal disposición. Hace falta tiempo y paciencia para que la flexibilización del corazón permita este servicio a cada uno de los miembros de la comunidad y a la comunidad en su conjunto.

3) Formación

Para Jesús, la formación tiene algo que ver con esta propuesta hecha en la tarde de la Última Cena: “Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” ( Juan 13, 15). La formación no puede limitarse a la transmisión de conocimientos teóricos, sino que está ligada a la experiencia. A partir de esta base, se introduce en el camino de la conversión en el amor y permite progresar en él.

4) Vocaciones

Cristo mismo nos llama, como dice san Benito en el Prólogo de su regla – “A ti, pues, se dirige ahora mi palabra, quienquiera que seas”: “Ven y sígueme” (Mc 10, 21). Así, no tenemos que preocuparnos por las vocaciones. Dios llama y estamos disponibles para acoger los frutos de su llamado. Las personas que reciben el llamado de Dios deben ser animadas a encontrarse con Cristo para reflejarlo después de diferentes maneras en su vida.

Nuestros monasterios no son oficinas de reclutamiento para que la institución viva a toda costa. Nuestros monasterios son lugares donde el llamado de Cristo se hace oír de manera fuerte y clara. Cada uno puede discernir entonces cómo responder. Algunos miembros de nuestras comunidades pueden ayudar en este discernimiento.

5) Trabajo

Cristo dijo: “Id también vosotros a mi viña” (Mt 20, 4). Para san Benito, toda la vida del monje es un trabajo, un trabajo de conversión. Es la práctica de los Ancianos. La contemplación se considera más allá de este trabajo de conversión. La liturgia, la lectio, el trabajo manual o intelectual se practican para que pueda realizarse la obra del Señor en el monasterio, que es un taller y una escuela del servicio del Señor.

6) Estabilidad financiera

En una parábola, el Señor alaba a un mayordomo que se hace amigo del dinero engañoso (Lc 16, 1-13). Puede haber objeciones sobre la utilización de esta parábola para profundizar la estabilidad financiera de los monasterios. Pero, de hecho, se trata de no absolutizar el valor del dinero y de ponerlo al servicio de una fraternidad que permita la comunión. La buena gestión y la estabilidad financiera son necesarias para el sano desarrollo de la comunidad.

7) El monasterio y el mundo

Los monjes viven como los demás cristianos según la palabra de Cristo: y Dios no envió al Hijo del hombre al mundo para juzgar al mundo, sino para que sea salvado ( Jn 17, 14-18). Dice también: He venido al mundo, pero no soy del mundo. Los monjes están en el mundo, pero su último punto de referencia no son las de un mundo sin Dios. Por lo tanto, se mantiene alejado para poder discernir mejor qué opciones tienen que tomar.

 

Conclusión

Hay por supuesto, otros ámbitos y desafíos de la vida monástica. Cada comunidad deberá elaborar su propio programa de discusión interna. Nuestro propósito es vivir el mandamiento del amor convirtiendo nuestras percepciones y nuestras decisiones desde lo profundo del corazón. El gran desafío de hoy y de mañana es trabajar en esta perspectiva para participar en un mundo nuevo que será signo del Reino que viene. Esto requiere un verdadero y profundo compartir en comunidad, por una parte, sobre la acogida del fuego interior del amor divino, y sobre poner en práctica la organización que de él se deriva. Esperamos que los puntos planteados sean útiles para favorecer este trabajo y estas tomas de decisión comunitarias, a fin de que seamos realmente testigos de la Buena Nueva de Jesucristo para el mundo de hoy.

Hay por supuesto, otros ámbitos y desafíos de la vida monástica. Cada comunidad deberá elaborar su propio programa de discusión interna. Nuestro propósito es vivir el mandamiento del amor convirtiendo nuestras percepciones y nuestras decisiones desde lo profundo del corazón. El gran desafío de hoy y de mañana es trabajar en esta perspectiva para participar en un mundo nuevo que será signo del Reino que viene. Esto requiere un verdadero y profundo compartir en comunidad, por una parte, sobre la acogida del fuego interior del amor divino, y sobre poner en práctica la organización que de él se deriva. Esperamos que los puntos planteados sean útiles para favorecer este trabajo y estas tomas de decisión comunitarias, a fin de que seamos realmente testigos de la Buena Nueva de Jesucristo para el mundo de hoy.