Padre Armand Veilleux, ocso

Abad emérito de N.-D. de Scourmont (Bélgica)

 

Asesinados allí donde servían

Beatificación de los mártires de Argelia

 

AVeilleuxEn el momento de la independencia del país en 1962, la Iglesia de Argelia se redujo drásticamente. Como las conversiones del islam al catolicismo fueron prohibidas, se excluyó toda forma de actividad misionera, considerada como proselitismo. Por tanto, la Iglesia se redujo a lo esencial: vivir el Evangelio.

La actividad religiosa de los extranjeros consistió fundamentalmente en poner en práctica el capítulo 25 del Evangelio de Mateo: “tuve hambre... tuve sed... estuve enfermo..., etc”. Diecinueve de estos testigos de la caridad cristiana, muertos entre mayo de 1994 y agosto de 1996, fueron beatificados en Orán el pasado 8 de diciembre. Se habían puesto al servicio del pueblo argelino, sin distinción de raza o pertenencia religiosa. Fue justo beatificarlos como “mártires”, porque todos ellos fueron auténticos testigos del amor universal. Lo que se ofrece a la Iglesia y al mundo en esta celebración no es simplemente el ejemplo de testigos individuales, sino el de la santidad de una Iglesia local.

 

Proximidad Culpable

Entre los servicios ofrecidos por la Iglesia a la juventud argelina, se encuentran varias bibliotecas donde los jóvenes estudiantes, casi todos musulmanes, vienen a estudiar. Fue en una de estas bibliotecas, frecuentada por más de mil jóvenes del barrio popular de la Casbah, donde el primero de esta línea de mártires, el hermano Henri Vergès y la hermana Paul-Hélène Saint-Raymond, fueron asesinados el 8 de mayo de 1994. Es significativo que, como muchos otros después de ellos, fueran asesinados en el mismo lugar donde trabajaban al servicio de la población argelina.

 

Una Iglesia reducida a lo esencial

La beatificación de Pierre Claverie y de sus dieciocho compañeros, fue un ejemplo del testimonio de toda una Iglesia local. Unos meses más tarde, en octubre, dos agustinas misioneras españolas, las hermanas Esther Paniagua Alonso y Caridad Álvarez Martín, fueron abatidas a tiros cuando se dirigían a misa cerca del lugar donde atendían a jóvenes discapacitados. El 27 de diciembre, cuatro Padres blancos fueron asesinados en Tizi-Ouzou, donde ofrecían servicios a la población local. Se hizo evidente que esa misma proximidad era lo que pretendían hacer desaparecer los patrocinadores de los asesinatos.

Después de aproximadamente un año de calma, tres religiosas, cuya vida entera estaba dedicaba a ayudar a los más necesitados, sufrieron la misma suerte. Fueron dos hermanas de Nuestra Señora de los Apóstoles, Denise y Bibiane, en septiembre de 1995, y Odette, hermana menor del Sagrado Corazón, en noviembre. El destino de los monjes de Tibhirine es más conocido. Fueron presentados por el papa Francisco como ejemplo de “santidad comunitaria”, en su Instrucción Apostólica de 2018 sobre la santidad. Fueron arrancados de su monasterio en la noche del 26 de marzo de 1996 y asesinados aproximadamente un mes después. Sus cabezas aparecieron al mes siguiente después de su muerte, cerca de Medea.

El hecho de que no se hayan encontrado sus cuerpos tiene un valor muy simbólico. Sus restos se encuentran mezclados, en suelo argelino, con los de más de doscientas mil víctimas argelinas de la misma violencia.

 

Dos figuras de obispos

Para cerrar esta triste y noble lista, Pierre Claverie, obispo de Orán, fue asesinado el 1 de agosto de 1996, junto con su joven chofer musulmán, Mohamed, en la puerta de su obispado. Nacido en Argelia, había regresado como dominico y antes de ser obispo, se había ocupado durante varios años, de la biblioteca de Glycines, al servicio de los jóvenes argelinos.

Para finalizar conviene mencionar, a otro “testigo” de la caridad, el obispo Henri Teissier, de 89 años, que estuvo presente en la beatificación del 8 de diciembre. Fue la cabeza de la Iglesia de Argel durante todos estos años trágicos y pastor atento de casi todos estos mártires de la caridad cristiana.