Profesor Jacques Binet
Instituto de Investigación para el Desarrollo (Francia)

 

NATURALEZA Y LÍMITES DE LA FAMILIA EN
ÁFRICA SUBSAHARIANA1

 

No es fácil dar una definición exacta a la palabra “familia”, el término puede aplicarse a muy diversas instituciones jurídicas y a datos biológicos. “Familia” señala la agrupación de aquellos que están relacionados biológicamente. Pero la ley interviene para fijar los límites de parentesco y su orientación. De pariente a pariente las personas buscan antepasados cada vez más lejanos hasta establecer una agrupación legendaria que incluye a todo un pueblo. Sin embargo, la memoria humana tiene sus límites y en general delimita sus fronteras. Por otro lado, desde que la humanidad comenzó a reconocer los vínculos entre un niño y sus dos progenitores, se estableció un doble parentesco paternal y maternal. Aquí otra vez la ley interviene para arreglar una preferencia. La paternidad no es simplemente una cuestión de la naturaleza sino también de la cultura. La familia es la célula donde estas relaciones se viven con intensidad. Si varias generaciones permanecen agrupadas alrededor de una cultura, de un líder, de un patrimonio común, la familia puede crecer hasta el tamaño de un pueblo y convertirse en la única unidad social importante. En otros lugares, padre, madre e hijos constituyen una familia básica que cabe en una unidad más grande, menos estrecha.

En África el sistema de una familia extendida es más frecuente, en las condiciones de residencia tradicional, aunque la sabiduría popular no alienta la confianza en el círculo de la familia. La familia garantiza seguridad total –tal vez demasiado total– porque provee un refugio a todo tipo de riesgos que podrían fortalecer el carácter, incitar energía, desarrollar la inteligencia. Es un refugio permanente, pues la familia está siempre ahí. El desarrollo de la personalidad no está favorecido por un marco demasiado protector. Separados de la familia, los migrantes se reúnen alrededor de un miembro mayor que desempeña el papel paternal de un árbitro y organizador. En suma, recrean una familia a elección. Trascendiendo a la muerte, el grupo familiar sigue viviendo, un nuevo padre reemplazando al padre cuando muere. Es bien sabida la importancia psicológica de tal confusión de personas.

En un estudio en 1962 J.P. Ndiaye estableció que de lo que más carecían los estudiantes africanos en Francia era de un medio social, un ambiente, un grupo 33%, un marco 32%, mientras que familia, amigos, madre obtuvo solamente un tercer lugar con el 31%. Una colección de individuos no debe ser confundido con un pueblo. Este término denota lugares, residencia pero también un tipo de vida, una actitud hacia los demás, a quienes considera como hermanos, sin una definición clara de su situación o relación. En la antigua sociedad occidental también existió una familia extendida, pero su importancia estaba balanceada por la del pueblo, donde las relaciones entre las familias forjaban los vínculos que eran firmemente políticos pero eran también el marco material para el trabajo y las herramientas, generando así relaciones económicas. La compleja diversidad de estos enlaces, combinado con la conciencia de la responsabilidad individual, fomenta el crecimiento y desarrollo de cada personalidad. El monoteísmo del cristianismo y del islam subraya el carácter interior e individual de las creencias y prácticas de cada miembro. Una familia africana continúa más marcada, al menos en sus objetivos, por factores de la comunidad. Para ver lo que es y lo que desearían los africanos que fueran, los elementos que la componen, individual y familiar, deben ser analizados y comparados con la sociedad global.

Familia e Individuo

La individualidad está siempre subordinada: teóricamente la única persona que tiene una personalidad jurídica es el jefe de la familia. Todos los demás, incluso jefes del hogar, son generalmente subordinados: sus responsabilidades son simplemente delegadas. Pero el derecho consuetudinario no lleva esta lógica al extremo y no protege a los menores. Las mujeres y los niños pueden comprar y vender sin restricciones; pueden organizar comercio, poseer su propio dinero. El marido, el padre controla poco y el patriarca menos aún. En realidad no es tema el ser menor de edad y la tutela, pero sí la dependencia. La dependencia a un patriarca sigue siendo firme, como la de un vasallo en el derecho feudal.

La diferenciación de individuos dentro de la familia no se recomienda: en algunos pueblos los hombres comen juntos. A veces la cocina es compartida, en un sistema de turnos. El individuo apenas tiene intimidad. Incluso los niños son compartidos: cada familia recibe voluntariamente un niño, lo alimenta y cuida de su educación. Inclusive los términos genéricos de relación se utilizan naturalmente. Todo el mundo llama a los hombres de la generación de su padre “padre” y a los de su misma generación “hermanos” y “hermanas”. En esas condiciones no puede desarrollarse ni la oposición de los padres ni el complejo de Edipo de la línea psicoanalítica clásica. Los niños encontrarán refugio en cualquier hogar si su madre no los acepta. Sin embargo, los lazos instintivos perduran y su incumplimiento ocasiona malestar. Muchos huérfanos huyen de la familia y migran a la ciudad porque no encuentran calidez con un tío o una tía. Contrario a la lógica de las leyes del clan, los individuos no están totalmente satisfechos por la absorción de la familia extendida y hoy en día prefieren vivir en las grandes ciudades la aventura de individualismo.

Como lo individual es subestimado, el individuo debe subordinar su interés personal al del grupo. Incluso los patriarcas que eligen matrimonios o profesiones para sus dependientes actuaban dentro de sus derechos. La reivindicación de la libertad, el derecho de los hijos o hijas a construir su vida y elegir un cónyuge, el derecho a la felicidad personal, todo esto encaja mal en la estructura de la familia patriarcal. Se trasmiten desde los pueblos, a través de círculos educados.

No cabe ninguna duda de que la armonía no siempre es perfecta. Solo necesitamos mirar la manera en que las relaciones se concentran alrededor de una persona exitosa. Por costumbre todo el mundo piensa encontrar allí la vida y un techo sobre sus cabezas. En un entorno rural la hospitalidad es la regla: la comida es provista por los productos del campo, el huésped puede ayudar en el trabajo compartido y si es necesario hacer otros aportes. En la ciudad el panorama es completamente diferente: todo debe ser pagado, incluso la leña. El espacio es muy limitado, incluso si alguien posee una casa independiente. Los habitantes de la ciudad son bastante reticentes acerca de las tradiciones de la hospitalidad. En el curso de una encuesta un entrevistado dijo cruelmente, “Las personas de 20 o 30 años no pueden ahorrar dinero, ya que sus parientes pasan pidiendo dinero y regalos. Sólo las personas de 40 o 50 puede ahorrar dinero, ya que los parásitos están muertos”. Por respeto a la tradición, los jóvenes intelectuales se rehúsan a estar de acuerdo en que esta hospitalidad es onerosa. Pero todo el mundo sabe que, para escapar de esa presión familiar, los funcionarios prefieren vivir en el extranjero. Además, las mujeres, en quienes recae este peso, a menudo son francas sobre su inquietud, sobre todo cuando se trata de la familia del marido. Algunas de ellas, más sensibles, dicen que toda intimidad conyugal se torna imposible. Entonces la familia en el sentido africano, la familia extendida, impone ciertos límites al individuo. La solidaridad es una gran cosa, ya que asegura la ayuda vital a todos, incluyendo a los enfermos, los incapacitados, las personas de edad. Además, y quizás más importante, garantiza a todos la seguridad necesaria presente y futura. Pero estas ventajas son pagadas por restricciones y represiones que limitan el avance y las iniciativas individuales.

En el pasado esto era apenas perceptible, pero con los modelos de vida modernos, la apertura a las costumbres extranjeras y la experiencia de vida urbana, existe una cierta incomodidad que es evidente.

Familia y Hogar

La familia debe distinguirse claramente del hogar. En el mundo occidental la familia está constituida por el padre, madre e hijos solteros. Estudios recientes enfatizan que los vínculos persisten al entrar en la edad adulta. Pero después de dos o tres generaciones los lazos colaterales se disipan. En el África subsahariana la situación es totalmente diferente: no hay diferencia entre familia y linaje: todos los descendientes de una rama permanecen vinculados y hacen lo posible para mantener la permanencia del clan. Este intento es a menudo ilusorio. Después de dos o tres siglos los descendientes son a menudo demasiado numerosos para permanecer juntos. Se forman pueblos nuevos que por lo menos teóricamente, mantienen sus vínculos con el pueblo de origen. A veces la diáspora es tan considerable que acaba con las relaciones. Los africanos afirman a menudo que conservan su genealogía del clan, sus prohibiciones rituales para evitar particularmente el incesto, un pecado capital, aunque sea involuntario. La nostalgia para reunir a los clanes nuevamente se mantiene fuerte en ciertas poblaciones, como el recuerdo de una mítica edad de oro.

A veces los derechos de herencia fortalecen este intento de lograr la permanencia. Los africanos no aprecian realmente las soluciones jurídicas que son demasiado estrictas y a menudo prefieren una solución más equilibrada. Nada tan rígido como los derechos del primogénito. Sin embargo, la línea de herencia se diseñó a menudo para evitar la división en varias ramas a la muerte de cada jefe. Sin embargo, darle a un sobrino autoridad sobre su tío parecería inaceptable. Por lo tanto a menudo sucedía, en estos casos que las relaciones con la otra generación se deshacían, a veces con una división de funciones: al lado del jefe, un anciano haría de consejero o sacerdote. En algunas tribus antiguas la sucesión del jefe de la familia va al superviviente mayor de la generación mayor. Esto tiene sentido en una cultura donde los muertos son importantes: la generación más antigua es la más cercana a los muertos y del mundo más allá, con el poder conferido por esta proximidad.

El problema primordial no es de herencia: las posesiones de un agricultor de subsistencia son modestas y perecederas. La tierra en sí no es escasa en un país de pocos habitantes. A veces se hace una distinción entre la tierra común que puede ser administrada por el padre de familia y la tierra apropiada por un individuo, especialmente en el caso de cultivos a largo plazo. En lugar de propiedad, es el control de un territorio lo que importa, o el derecho a tener autoridad sobre las personas. Poniendo el acento en la permanencia del linaje y en los esfuerzos por mantener unida una fuerza de trabajo (que podría ser tanto como, o incluso más de un centenar), el derecho consuetudinario limita la cantidad de pertenecientes a una sola rama, de la madre o del padre. Una comunidad patrilineal está especialmente bien adaptada a la residencia por los derechos locales del padre. Propiamente hablando, no hay un matriarcado, puesto que la autoridad se limita a un hombre, el hermano de la madre. Un niño se hace dependiente no de su padre, sino de su tío materno.

El sistema familiar africano se combina tal vez mejor con la poligamia que con la monogamia. Esta última modalidad le da al hogar un margen demasiado estrecho y una tendencia a derrumbarse sobre sí mismo. Padre, madre e hijos fácilmente pueden constituir un grupo autosuficiente. En el caso de poligamia el padre se mantiene un poco al margen de los varios grupos familiares constituidos por cada esposa y sus hijos, a menudo acompañados de algún elemento externo, un pariente, un trabajador o un huésped confiado a él.

El propósito del matrimonio, especialmente uno polígamo, es darle a la familia una progenie numerosa. Así los intereses de los hogares son subordinados a los de la familia extendida. De hecho, en las civilizaciones caracterizadas por el culto a los antepasados, una progenie numerosa es esencial para la supervivencia. Además, la gente siente su fragilidad en un país enorme y despoblado, donde un alto índice de mortalidad amenaza a los grupos con su extinción. Las personas asimilan solo lentamente los fenómenos de una escala que es demasiado amplia para que puedan entender. Hoy, con avances médicos (vacunas, antibióticos) la población de África está a menudo en el umbral de un crecimiento catastrófico, las personas continúan queriendo muchos hijos, al igual que en una edad anterior de déficit demográfico. La familia africana amortigua esta preocupación demográfica, ya que la familia –especialmente una monógama– parece ser demasiado limitada para certificar la supervivencia.

Algunas cifras pueden ayudar. Las familias polígamas no son frecuentes, tal vez el 15%. La poligamia es más frecuente en medios rurales que en zonas urbanas, sabana o bosque que en el Sahel. Más frecuentemente se trata de poca poligamia –dos o tres esposas– en lugar de la poligamia mayor donde los jefes reúnen decenas de esposas. Desde luego, como la proporción de sexos es más o menos estable, como en todas partes, la edad tardía de matrimonio y un porcentaje relativamente alto de varones célibes (un 20%) compensan esta poligamia.

Si la poligamia ocasiona problemas, la inestabilidad del matrimonio ocasiona más: muchas mujeres dejan sus hogares, con o sin un divorcio legal, se niegan a casarse y prefieren vivir en concubinato. Contrariamente a la creencia popular, un hogar monógamo o polígamo no es la única unidad económica. Cada individuo tiene una cosecha propia para vender o disponer como desee. En la situación actual los jefes de los hogares tienen cierta ventaja porque ellos disponen de sus productos agrícolas y especialmente aquello que no es tradicional; este es el caso de la mayoría de productos de exportación. En cuanto al patriarca, posee su propia tierra que le asegura una cosecha suficiente para alimentar a extraños, para dar una buena comida a la semana a todos aquellos bajo su techo y para distribuir alimentos durante el período de hambre, mientras se espera la nueva cosecha. Esta costumbre tradicional da al patriarca su preeminencia en una economía no monetaria. La mano que sostiene el grano tiene el poder. Pero los ingresos en efectivo están trastornando este equilibrio. En estricto rigor, el dinero pertenece a quien lo gana. Este dinero garantiza la independencia de los jefes de hogar de los patriarcas y la independencia de las mujeres y jóvenes de los jefes de hogar.

Familia Global y la Sociedad:

Incluyendo a individuos y hogares, hay vastas regiones donde las familias son las únicas sociedades existentes. Muchas sociedades tribales no han tenido instituciones a la escala de la tribu. Para algunos el único vínculo entre las familias fue la iniciación. A menudo un pueblo de un solo clan se confunde con una familia. Incluso cuando varias familias extendidas están representadas allí, es escasamente una comunidad organizada, simplemente una colección de familias, a cargo de un consejo de patriarcas u organizada alrededor de la familia fundadora.

En otros países se formaron reinos, surgiendo de estados medievales, nacidos de la conquista o el crecimiento de la población. En este último caso, entre los Yoruba de Nigeria meridional y entre los Bamilekes o Bamous de Camerún, el jefe era considerado un personaje sagrado, la encarnación de los antepasados, especie de patriarca en un nivel superior.

Sin embargo, cuando una sociedad se convierte en un Estado, las familias extendidas son los intermediarios necesarios entre los hogares y el Estado. Los patriarcas se encargan de filtrar las influencias externas. Insisten en que cada miembro de la familia se registre con ellos, “detrás de ellos” como dicen. Son cuidadosos de pagar los impuestos de cada uno para expresar concretamente los lazos de dependencia en la relación. Con el desarrollo de la autoridad personal y la movilidad de la población, muchos hombres y mujeres escapan de la autoridad del patriarca, incluso si vuelven a formar en su nuevo hábitat, un grupo que se asemeja a la familia que han dejado.

Entre los pueblos dominados por el culto de los antepasados, la familia extendida es por definición la primera comunidad religiosa, y cada familia tiene sus propios antepasados que no tienen nada en común con los de los vecinos. Sin embargo, a veces un grupo tribal se une a las familias, a veces los jefes han creado un culto más extendido para unir las dinastías de los antepasados de la población.

En áreas islámicas, las familias construyen su recinto de oración rodeando una zona arenosa con grandes piedras. En el islam –como en el cristianismo– la gran familia africana no encuentra una base filosófica o litúrgica que les calce. De hecho, el islam pone su acento en la comunidad de los creyentes y el cristianismo en la fraternidad de todos los hombres, mientras que la familia se repliega alegremente sobre sí misma.

Ante el mundo moderno, la gran familia africana es un obstáculo para el nacimiento de las clases sociales. En realidad la red de relaciones es tan grande que cualquier hombre rico tiene hermanos o primos que son pobres. Aunque quisiera, no podría romper con estos lazos y elegir asociarse solamente con su propia clase. Sin embargo, las primeras grietas ya se han hecho sentir y cineastas como Sembene en Xala o en El Mandato han denunciado el egoísmo de las clases acomodadas.

La familia africana nos parece una estructura social básica, distante del hogar familiar del occidente moderno, distante incluso de la familia extensa del pasado europeo, cuya base económica era tan poderosa. Individuos y hogares, buscando una mayor autonomía la han minado desde su base, mientras que las instituciones del Estado, especialmente la administración y la justicia regionales se han adjudicado un poder superior al que tenían.

Todos los que la han estudiado han comentado la fuerza y la armonía de la gran familia, su papel en unir todas las cosas. Pero ¿ha permanecido lo suficientemente flexible para adaptarse a los nuevos objetivos? El estudiante educado que sale de la escuela de su pueblo, los migrantes que viven en la ciudad, el agricultor que ha puesto una cafetería, todos ellos crean nuevos desafíos. Los que se han ido también desean hacer uso de sus energías y para ello recurren a los jóvenes pasando sobre las cabezas de los “padres”. Ya se nos señala que los ancianos están descontentos por el abandono; grupos de Acción Católica han tenido que lanzar campañas para fomentar entre los cristianos la asistencia a estas personas mayores. Esto habría sido inconcebible hace veinte años, cuando la gerontocracia oprimía a todos.

Las sociedades africanas necesitan enfrentar la necesidad de adaptarse rápidamente. Los líderes expresan un deseo de permanecer fieles a su herencia africana, su autenticidad y su africanidad. Deben definir la urgencia que quieren poner en estas palabras, pues día tras día el edificio se está desmoronando. Construido sobre la autoridad y el interés común no puede tolerar nuevas fuerzas o intereses individuales. Todavía se debe aceptar la autoridad de los patriarcas, el respeto debe ser teñido de afecto, la obediencia no debe bloquear las iniciativas libres, un sentido de comunidad debe incorporar el respeto y honor a las personalidades individuales.

 

 

1 Jacques Binet (1916-2009) fue Administrador de los territorios franceses de ultramar y Director de Investigaciones en la Oficina de Investigaciones Científicas y Técnicas de Ultramar y profesor del Centro International de Estudios en el Idioma Francés en la Universidad de Paris IV, la Sorbonne. Representó a Francia en varios organismos y ministerios en diferentes países africanos, y dirigió varios proyectos científicos importantes en África. Queremos agradecer al Instituto de Investigación para el Desarrollo por permitirnos publicar este artículo, publicado originalmente en in Études scientifiques (1979, http://horizon.documentation.ird.fr/exl-doc/pleins_textes/pleins_textes_5/b_fdi_04-05/03802.pdf).