Dom Notker Wolf, OSB
Abadía de Santa-Otilia, Alemania

Monjes emprendedores

 

NMellerayEste título puede parecer contradictorio. El objetivo monástico es habitare secum o mejor, habitare cum Deo. A veces nos olvidamos ese habitare secumas que Gregorio el Grande pone siguiendo insuperni spectatoris Oculis, “bajo la mirada del celestial Espectador” (Dial.II 3,5). Los monjes tienden a retirarse, pero no a centrarse en sí mismos de un modo narcisista. Abren su corazón a Dios. Más aún los monjes benedictinos viven en comunidad. Viven “del trabajo de sus manos” (RB 48,8) y no llevan una vida de sarabaítas o giróvagos que viven del trabajo de otras comunidades (cf. RB 1,6.10). Un buen abad debe disponer las cosas bien, de manera que los hermanos vivan en paz. Él no es el único responsable e incluye a sus hermanos en su liderazgo (cf. RB 3).

La contemplación no excluye el trabajo arduo. San Pablo insistía en que él vivía del trabajo de sus manos (1Cor 4,12). Sin embrago permanecía con Dios. “Todo cuanto hagáis, de palabra y de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús , dando gracias a Dios Padre, por medio de él” (Col 3.17).

Examinando nuestra historia monástica, quisiera mencionar solamente a los grandes abades de Cluny. Fueron jefes de empresa en la construcción de sus abadías, en la fundación de prioratos a lo largo de toda Europa occidental. San Bernardo, famoso por sus escritos espirituales, fue un gran emprendedor montando sobre su caballo en busca de nuevos novicios y animando a la Cruzada. Nuestros abades barrocos construyeron enormes abadías de gran calidad cultural. Nuestros colegios benedictinos tienen una larga tradición.

Todo lo anterior requiere grandes cualidades de organización y un liderazgo excepcional.

Algunos pueden tenerlo naturalmente por carácter, pero se puede mejorar. Es por esto por lo que hemos realizado el curso de verano sobre “Leathership y la Regla de San Benito” en San Anselmo, en Roma.

En una sociedad agrícola era más bien fácil sobrevivir, pero hoy en día estamos inmersos en el desarrollo político y económico de nuestro mundo moderno. Ya no es fácil encontrar medios de supervivencia.

Los trabajos se han profesionalizado con estudios de las leyes modernas y habilidades especiales. Los monjes no están preparados para trabajos altamente profesionales y tendrán que contar con el conocimiento de los laicos. Sin embargo, tendrán que conocer todo el proceso y supervisar las operaciones, a la vez que dar las orientaciones.

Aunque todavía podemos fabricar nuestros propios productos como quesos, chocolates, licores o dulces, estamos obligados a cumplir con las regulaciones sanitarias modernas. Esto puede llegar a ser caro y solamente será rentable si producimos en gran escala. Otras actividades, como el bordado de las monjas, han sido absorbidas por la industria china barata. Tenemos que ponernos creativos y encontrar nuevos productos.

RawasenengLas granjas monásticas han descubierto la industria verde, el biogás y los paneles solares. Nuestros artesanos monásticos fueron muy creativos en el pasado y están llamados a serlo también ahora.

Tal vez debiéramos mirar este problema no sólo desde el punto de vista del abad y algunos monjes individualmente. ¿Por qué no sentarnos juntos la comunidad completa y encontrar un nuevo camino para el futuro?

No sólo el superior debiera ser emprendedor, sino que toda la comunidad debiera poseer un sentido de “emprendimiento”.

Esto no nos aparta de Dios, a menos que caigamos en el peligro de una mentalidad orientada al lucro. Hemos sido creados a imagen de Dios. La creatividad es el despliegue de nuestros dones. Nuestra vocación es ser co-creadores con Dios. Esta es nuestra dignidad y nuestro desafío que no siempre resulta cómodo. Por otro lado, los monjes ¿han hecho un voto de comodidad? “La ociosidad es enemiga del alma” (RB 48,1).