Hermana Maria Gertrude Ihionu, OCSO

Abakaliki, Nigeria

FUNDAMENTOS DE LA VIDA FAMILIAR
Y LA VIDA MONÁSTICA

A LA LUZ DE LUC 8, 19-21

 

19”Se le presentan su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la gente. 20Le avisaron: “Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte.” 21Pero él les respondió: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen”.

LectioSoeurIhionu“Pues, viva es la Palabra de Dios y eficaz... y discierne sentimientos y pensamientos del corazón” (cf. Hb 4, 12). Es la fuente de toda la espiritualidad cristiana. La Palabra de Dios permite una relación personal con el Dios viviente y con su voluntad que salva y santifica.

La escucha de la Palabra de Dios ha sido muy apreciada por monjes y monjas desde los primeros tiempos de la vida monástica, a través de la Regla de san Benito y hasta el día de hoy. La lectio divina es el fundamento de las escuelas de contemplación, de meditación y de oración en el mundo monástico. Leer la Palabra de Dios todos los días renueva y fortalece los espíritus en el conocimiento de la voluntad de Dios para saber “lo bueno, lo agradable, lo perfecto” (Rm 12,2).

Este patrimonio concierne a toda la Iglesia. Por ejemplo, leer y escuchar la Palabra de Dios todos los días en una vida de familia, aporta a la unidad y a un entendimiento más profundo entre padres e hijos. Según el papa Juan Pablo II, citando a Santa Teresa de Calcuta: “Una familia donde rezamos juntos puede mantenerse unida”1; una familia donde se está acostumbrado a leer y escuchar la Palabra de Dios puede vivir en armonía. La naturaleza de la familia como realidad social concierne a las ciencias humanas, las disciplinas culturales y religiosas. Solo podemos subrayar la importancia del papel de la familia en el seno de las sociedades humanas como centro de vida y amor, como primer lugar de educación y de primera experiencia eclesial. La institución de la familia humana por el Señor es uno de los dones más fundamentales e importantes que Dios nos ha dado. Debemos creer que la familia es de primera importancia como centro de vida para hacer brillar la fe. Cuando las familias dejan de generar vida y fe, se convierten en una mera yuxtaposición de individuos que no tienen una conexión profunda entre sí.

El factor liberador para la familia es lo que Jesús dijo a la multitud: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen” (Lc 8,21). Como resultado, la conciencia de pertenecer a la familia de Dios viene a través de la lectio divina como un alimento diario para el viaje interno que puede nutrir a cada discípulo de Cristo. En las Constituciones de la Orden Trapense, una de las primeras observancias monásticas presentadas a los novicios es cómo practicar la lectio divina: aprenden a leer las Sagradas Escrituras y a comunicarse con Dios.

 

La lectio divina es el fundamento de la espiritualidad monástica

Para profundizar el vínculo entre la familia y la vida monástica a la luz de Lc 8, 19-21, hemos de describir los medios efectivos para escuchar la Palabra de Dios. Escuchar es la primera de las tres etapas principales del viaje de fe. Para los miembros de una familia como comunidad monástica, la lectura diaria de la Palabra de Dios no puede ser reemplazada por nada.

La lectio comienza cuando los monjes hablan de corazón a corazón con Dios. Es una escuela donde aprenden a fundirse en la Palabra de Dios para llegar a ser como sus instrumentos. La lectio es una lectura del texto sagrado lento y sabroso, que se diferencia de una lectura teológica académica. La verdadera relación de un discípulo de Cristo con Dios se basa en la escucha de la Palabra de Dios, donde Dios nos habla en todas las cosas. La Sagrada Escritura contiene todo lo necesario para conocer a Dios, conocernos a nosotros mismos, entrar en una buena relación con los demás y vivir una verdadera vida espiritual. Se puede decir que la lectio divina persigue tres objetivos: encontrarse con Dios, discernir su voluntad y conocerlo de una manera insuperable.

 

Una síntesis teológica de Luc 8, 19-21

El texto de Lc 8, 19-21 está situado entre la perícopa de la lámpara debajo de una vasija (Lc 8, 16-18) y el episodio en el que Jesús calma el mar embravecido (Lc 8, 22-25). El conjunto de estos pasajes se refieren al significado de escuchar la Palabra de Dios. El versículo 16 muestra cómo los discípulos deben manifestar la luz de la Palabra de Dios; el versículo172 se refiere al conocimiento de los misterios del reino de Dios para todos y no solo para una parte de las personas, mientras que el versículo 183 indica que escuchar la Palabra sin entenderla hace que sea imposible comunicarse con los demás, como si uno fuera sordo. El versículo 19 se refiere a la familia y la experiencia de los obstáculos que impiden alcanzar a Jesús. En el versículo 20, la multitud informa a Jesús de la presencia de su madre, sus hermanos y sus hermanas. El versículo 21 se refiere a no estar conectado con la escucha de la Palabra de Dios en relación con el versículo anterior, aunque María sigue siendo el modelo del verdadero discípulo que rumia la Palabra de Dios y la pone en práctica.

Por lo tanto, los discípulos de Cristo se convierten en la familia de Dios, escuchando e implementando la Palabra de Dios y no simplemente debido a su nacimiento o buena observancia externa.

Los versículos siguientes describen el temor de los discípulos a la tormenta o al caos de la existencia (vv. 22-23). Jesús les pregunta acerca de su fe (v.25).

Así, tenemos tres imágenes simbólicas en el texto de Lc 18,19-21, asociadas a la escucha de la Palabra de Dios, a la lectio divina: la familia de Jesús, Jesús mismo y la multitud.

La familia de Jesús representa las distracciones externas que experimentamos en la lectio.

Jesús es la Palabra de Dios que escuchamos y leemos en las Sagradas Escrituras.

La multitud se divide en dos grupos: los discípulos y los espectadores del escenario. Los discípulos son aquellos que leen y escuchan la Palabra de Dios (entre ellos hay monjes y monjas); mientras los espectadores informan a Jesús de la presencia de su familia y son una forma de obstáculos para escuchar la Palabra sin distracciones.

Estos “espectadores” simbólicamente representan una cantidad de obstáculos: preparación insuficiente, ubicación inadecuada, asientos y mesas inapropiados, escaza luz, problemas de salud, etc: todo esto puede obstaculizar la escucha de la Palabra como aquellos que informan a Jesús de la presencia de su familia: son distracciones que provienen del exterior. La dificultad en la experiencia de lectio según este texto son las distracciones y obstáculos que se acumulan alrededor del lector, alrededor de los monjes para escuchar a Dios que les habla. Cuando un monje, una monja comienza un tiempo de lectio y no hay suficiente luz o preparación y su mente recuerda que hay esto o aquello por todos lados, entonces si presta atención a estas solicitudes, no podrá escuchar a Dios que le habla. Jesús dice que su madre, sus hermanos y sus hermanas, son aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la guardan. San Benito en su Regla dice lo mismo: “No anteponer nada al amor de Cristo”(RB 4, 21). Y San Pablo también testifica: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?¿la tribulación? ¿la angustia? ¿la persecución?¿el hambre?”(Rm 8,35). El primer mandamiento dice: “No tendrás más Dios que a mí”. Todo esto nos muestra que las distracciones exteriores son el cáncer del alma. Este texto es aconsejable para mostrar la buena disposición hacia la lectio divina.

Jesús dijo: “ Yo soy el pan de vida” (Jn 6, 35) y luego, les preguntó a los discípulos si querían irse, pero Pedro respondió: “Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras vida eterna”(6, 68).

Aquí Jesús no condena los lazos familiares, pero les pide que no sean un obstáculo para escuchar la Palabra de Dios. Jesús dijo claramente en Mt 5,30: “Y si tu mano derecha te es ocasión de tropiezo, córtatela y arrójala lejos de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehena.”. También le dice a Marta: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas, y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada”(Lc 10, 41).

 

El informe de Lucas 8, 19-21 con lectio divina

El texto de Lc 8, 19-21 recuerda la importancia de la Palabra de Dios como criterio para la iniciación de los monjes, de las monjas en la vida de la familia de Dios. Ya que se revela que la lectio divina es la luz de la vida cristiana. A través de ella, el conocimiento que se adquiere del misterio de la Palabra de Dios no es solo para los monjes y las monjas, sino para toda la familia de Dios. El texto también muestra que la grandeza de la lectio sobrepasa los lazos familiares. En otras palabras, aquellos que escuchan la Palabra y viven de acuerdo con ella entran en una relación real con Dios: pertenecen a la familia de Dios. Este texto destaca la joya que es lectio divina; aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la guardan son bendecidos (Lc 11,28). Eligieron la mejor parte (Lc 10, 42); quien pone por obra lo que ha escuchado, ese tiene vida. Escuchar la Palabra de Dios sobrepasa las consideraciones externas. La familia y la vida monástica tienen un lugar en la vida con Jesucristo en la medida en que le dan más importancia a su Palabra que a las relaciones externas. Aquí, Jesús nos enseña la actitud correcta en la práctica de la lectio divina. Testifica que la lectio es realmente un lugar de encuentro y comunión con Cristo.

 

Conclusión

La lectio divina es un instrumento para el trabajo interior. Hace que los monjes y las monjas puedan escuchar con el corazón. Los sumerge en una mayor intimidad con lo que tienen más verdadero y más auténtico en ellos. Hace que la oración a Dios y la conciencia de Dios crezca y dé forma a mentes y corazones. Este texto nos recuerda el primer mandamiento: “Adorarás al Señor tu Dios y a él solo servirás”.

En Lc 8, 19-21 realmente sana las relaciones que no van bien y bloquean al lector para escuchar y leer la Palabra de Dios. Lc 18,19-21 nos ayuda a redescubrir la dimensión eclesial de la Palabra de Dios, recibirla en la fe, meditar en ella con esperanza y vivirla en caridad. Familia y vida monástica son inseparables para producir vida e irradiar fe mediante la escucha y la lectura diaria de la Palabra de Dios.

 

[1] Carta para el año del Rosario, 2002, n ° 41.

[2] V. 17 : “Pues nada no hay oculto que no quede de manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto”.

[3] V. 18: “Mirad pues, cómo oís; porque al que tenga se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará”.