Dom Gregory Polan, OSB
Abad Primado

 

PolanQueridos amigos,

Mis mejores deseos de paz desde San Anselmo en Roma. Durante estos últimos días, hemos escuchado en la liturgia eucarística la lectura del capítulo 13 del Evangelio según San Mateo. A menudo se llama el gran capítulo de las parábolas. Uno de los pensamientos que me gustaría compartir con ustedes es la importancia de ver la imagen de la semilla como un símbolo de la Palabra de Dios. Sabemos que casi todas las semillas son pequeñas, frágiles y requieren un gran cuidado. Esto también es cierto para la Palabra de Dios dirigida a nosotros. ¿Qué hemos de hacer para recibir esta semilla de la Palabra de Dios?

Lo primero que tenemos que hacer es preparar el terreno de nuestro corazón para recibir el don de la Palabra de Dios. En la tierra de nuestros corazones como en la del suelo, hay muchos elementos. En la tierra de nuestro corazón, hay vitaminas, nutrientes y materia orgánica que juntos crean “la comunidad de esta tierra”. Esto ayuda a que la semilla se nutra y crezca. De la misma manera en el suelo de nuestros corazones, hay fe, esperanza, amor, misericordia, compasión y las muchas experiencias de nuestra vida. Cuando la Palabra de Dios llega a unir todas estas experiencias de nuestro corazón, esta Palabra se convierte en una palabra muy personal que se dirige a nosotros, que está dirigida a mí, a ti.

Y si esto es cierto como creemos que es, entonces Dios siempre tiene algo importante que decirnos a través de esta Palabra. Por eso que es tan importante para nosotros tener un corazón listo para escuchar lo que Dios quiere decirnos. A veces puede ser una palabra desafiante o una palabra de aliento. La Palabra de Dios puede llamarnos a nuevas experiencias y separarnos de los caminos del pecado. La Palabra de Dios puede iluminarnos para vivir con más fe con la gracia del Espíritu Santo que obra en nosotros. Recordemos esto: Dios se dirige constantemente a nosotros a través de su Palabra.

PolanChampTodo esto toca a la práctica espiritual monástica de lectio divina, la lectura lenta y orante de la Palabra de Dios. Si practicamos la lectio divina todos los días, permitiendo que la riqueza de la Palabra de Dios sea sembrada en nuestros corazones, la semilla de la Palabra de Dios en la tierra fértil de nuestros corazones, entonces podemos esperar dar mucho fruto, el fruto del Reino de Dios, y crecer cada vez más profundamente en la comunión del amor de Dios siempre presente en nosotros. Que su palabra sea un regalo de vida para nosotros, en la medida que preparamos el terreno de nuestros corazones para recibir el don precioso de la Palabra de Dios.

Muy sinceramente en Cristo.