Padre Martin Gomez, OSB
Abadía de Malaybalay (Filipinas)

Arte en la Abadía de la Transfiguración

 

MalaybalayPMartinA través de los siglos, los monasterios benedictinos han sido conocidos siempre como centros de arte y cultura y han cultivado un tipo de arte que san Benito personalmente encargó a sus monjes. Los valores de una noble simplicidad, sentido del equilibrio y armonía están consagrados en la Regla que san Benito escribió para los monasterios. El capítulo 57 de la Regla (RB) está dedicado a los artesanos del monasterio.

La Abadía de la Transfiguración en Malaybalay, Filipinas, es un buen ejemplo de un monasterio benedictino, cuyo arte ha contribuido en forma importante no solo a enriquecer el paisaje cultural de la región, sino a guiar a otros hacia la experiencia de lo divino, al creador de toda belleza, a Dios mismo. Fue fundada en 1983 por el primer abad benedictino, el padre Eduardo P Africa, OSB. La abadía de la Transfiguración está situada en los magníficos cerros de Bukidnon, al sur de la isla de Mindanao.

Apenas diez años después de ser construida, la iglesia quedó demasiado pequeña para la gran cantidad de gente que empezó a afluir al monasterio. Así, se decidió construir un nuevo monasterio con un templo mucho más grande. Se organizó un comité para a obtener fondos para la construcción, con la presidencia del Senador Vicente Paterno e Imelda Cojuanco como co-presidente. Con la ayuda de otro benefactor, Manolo Agustines, invitaron al arquitecto filipino Leandro Locsin, con el encargo de proyectar un monasterio completamente nuevo, que tuviese a la iglesia de la Transfiguración como su centro. El nuevo templo fue inaugurado el 6 de agosto de 1996.

MalaybalayinterieurLeandro Locsin, también conocido como “el poeta del espacio”, está muy en armonía con el modo de vida filipino, incorporando en sus proyectos las particularidades locales. Mucha gente que viene a ver la iglesia de la Transfiguración, normalmente cree que está inspirada en una pirámide por su forma en punta y sus tejuelas negras. Pero la verdad es que el tradicional bahay kubo o casa baja campestre filipina hecha de bambú y nipa (hojas secas de palmeras), fue su verdadera inspiración. Si uno observa el cielo de la iglesia e imagina los pilares de tubos de acero como bambú y las vigas como nipa, se puede percibir el interior del bahay kubo, y cómo Locsin interpretó las formas autóctonas en un lenguaje y presentación muy modernos.

Aún más, una inspiración más específica viene de las cabañas de Ifugao, que se encuentran en el extremo norte de Filipinas. En las terrazas de arroz de las Cordilleras Filipinas se pueden ver estos conjuntos de cabañas con techos piramidales trepando por las pendientes de las terrazas como champiñones gigantes, en una alfombra de terciopelo verde.

De lo vernacular también adaptó un amplio espacio casi sin divisiones piso a cielo al aire libre, lo que provee flexibilidad respecto a la cabida de gente sentada en la iglesia. Por lo tanto, se diseñaron sillas en vez de las tradicionales bancas de iglesia.

Al centro de la iglesia de la Transfiguración se encuentra su altar, una pieza única de roca volcánica encontrada a unos 20 metros del lugar de la iglesia con su textura intacta. ¡Qué concordante realmente con la descripción bíblica de una roca como altar!

En este magnífico templo, los monjes de la Abadía de la Transfiguración celebran la tradicional Liturgia de las Horas, desde Maitines a las 3:40 am hasta Completas a las 7 pm. Los monjes han recibido la bendición de poder acoger en esta iglesia monástica, no sólo altos dignatarios de la iglesia como abades presidentes, nuncios papales, cardenales, representantes del gobierno como presidentes filipinos, sino a miles de visitantes y especialmente a los devotos de Nuestra Señora de Montserrat, cuya imagen está en un trono detrás del altar.

Frente a la Iglesia de la Transfiguración, en dirección al monte Kitanglad está el museo de la Abadía (MTA). El Museo, inaugurado el 6 de agosto de 2008 con ocasión del 25 Aniversario del Monasterio, fue concebido como el hogar permanente de su colección de ornamentos litúrgicos filipinos. Creado originalmente como una contribución del monasterio a la celebración del Centenario de la Independencia Filipina en 1998. Fue exhibida primeramente en el Museo Ayala de Manila durante seis meses. Luego fue llevada a la Costa Oeste de los Estados Unidos a una serie de exhibiciones, y más tarde una parte de la colección estuvo expuesta en el Museo textil de Canadá, antes de volver finalmente a Filipinas.

Malaybalaymusee3Se trata de una colección de 50 piezas de ornamentos litúrgicos, todos tejidos a mano en materiales autóctonos. San Benito fomentó (RB 55) que los materiales para la vestimenta fueran de “lo que hubiera disponible localmente”. Las instrucciones generales del Misal Romano indican que “los sagrados ornamentos deben contribuir a la belleza del acto sagrado”. Las Instrucciones también declaran que “la belleza y nobleza de los ornamentos deben derivar del material y su diseño más que de elementos superfluos y lujosa decoración”. Más aún, materiales de la localidad pueden usarse para la liturgia.

Cuando hace unos 400 años los colonizadores españoles llegaron a Filipinas, trajeron consigo sus ornamentos europeos. La mayoría de éstos no eran apropiados para el clima tropical de Filipinas. Pero los primeros sacerdotes filipinos los usaron felices.

En años recientes y especialmente luego del Concilio Vaticano II, la Iglesia ha sido más consciente y respetuosa de la cultura de los pueblos donde se encuentra. En los últimos 40 años más o menos, este movimiento en la Iglesia llamado inculturación, ha ganado más fuerza y aceptación. En Filipinas, los monjes benedictinos han estado a la cabeza de este movimiento. Poco tiempo después del Concilio Vaticano II, el brillante compositor filipino padre Benildus Maramba, OSB, de la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat en Manila, empezó a componer música litúrgica en filipino. Otro monje benedictino empezó a promover arquitectura religiosa inculturizada con el uso de materiales autóctonos como narra, bambú y adobe.

MalaybalaychasubleEn la Abadía de la Transfiguración, dom Martin Hizon Gomez, OSB, diseñador de moda por 20 años antes de entrar al monasterio, empezó a trabajar en la inculturación de los ornamentos litúrgicos. Con el estímulo del padre Anscar Chupungco,OSB (QEPD) primer director del Instituto para la Liturgia Paulo VI (PIL), dom Martin hizo una investigación sistemática del material, diseño, color y uso de textiles tejidos con materiales filipinos como abaca, (la fibra del tronco del árbol de la banana), piña, (la fibra de las hojas de la planta de la piña), algodón y seda. Su investigación se originó como base para sus charlas en el PIL, que luego lo llevaron a visitar 20 centros de tejido y grupos etno-linguísticos en todo el país, desde el Ifugao en el norte, al Yakan en el sur. Les pidió a los variados grupos etno-linguísticos elaborar textiles que pudieran ser usados en la liturgia, textiles autóctonos que fueran compatibles con la solemnidad de la celebración litúrgica.

El resultado es la colección de 50 piezas que se exhiben en forma permanente en el Museo de la Abadía de la Transfiguración que dom Martin también diseñó. Con su colección de ornamentos para el culto, el monje- artista pudo combinar el arte clásico benedictino con los textiles autóctonos de su país. Estas vestiduras expresan una noble simplicidad, equilibrio y armonía junto con la tradición del arte clásico y el respeto benedictino por los elementos nativos.

Muchos de estos ornamentos han sido usados para celebraciones especiales en la iglesia abacial. Pero se conservan en el museo en vez de estar guardados en la sacristía, por lo que pueden ser admirados y estudiados. Se les da el mayor cuidado como obras de arte que son, tal como san Benito desea que todos los materiales del monasterio, sean tratados como si fueran “vasos sagrados del altar” (RB 31). Ojalá puedan inspirar a otros a continuar en sus propias localidades el proyecto de inculturación de ornamentos que dom Martin empezó en la Abadía de la Transfiguración, “para que en todas las cosas sea Dios glorificado”.