Viajes a Vietnam
Mayo – julio, año 2016

Padre Jean-Pierre Longeat,
Presidente de la AIM

 

 

paysagevietnamEste año, el trabajo de la AIM ha puesto un énfasis especial en Vietnam. En mayo fui a la zona norte del país, a Hanoi; y en julio, a la ciudad de Ho Chi Minh (Saigón) y sus alrededores. Durante los dos periplos visité una docena de monasterios.

El catolicismo ha estado presente en Vietnam desde el siglo XVIII. De 92.000.000 de habitantes, 5.658.000 son católicos, es decir, cerca de un 7% de la población en un territorio cuya superficie es dos veces menor que la de Francia. Hay veintiséis diócesis repartidas en tres provincias eclesiásticas.

 

Los orígenes de las creencias y de las ideas religiosas

Desde el punto de vista religioso, Vietnam es un cruce de caminos, una bisagra importante entre el mundo chino y el indio. Tradicionalmente, éstas han sido las fuerzas morales y espirituales que han sostenido al pueblo a lo largo su trágica historia. Dichas creencias tienen su origen en el budismo, el confucionismo y el taoísmo, que todavía impregnan pensamientos, usos y costumbres. El budismo representa sólo el 10% de la población, pero el confucionismo impregna el espíritu familiar y el culto a los antepasados, practicado habitualmente en todo el país.

En Vietnam, la imagen de la pagoda es más que familiar. La palabra pagoda se refiere a un lugar donde se guarda la reliquia de un sabio; también es un lugar de culto para los creyentes de la religión budista y tiene la apariencia de una torre de varios pisos, circulares, octogonales o cuadrados. Por lo general, el lugar está ocupado y animado por una comunidad de monjes o monjas budistas.

El comunismo está todavía muy presente y activo en el país, especialmente en el norte. Las minorías religiosas están bajo control, aunque se ha aflojado significativamente la presión en las últimas décadas.

 

Visita a Vietnam del Norte

En el norte sólo hay un monasterio; se trata de la abadía de Chau Son, en la región de Ninh Binh, al sur de Hanoi. Es una comunidad de la orden cisterciense, de la congregación local de la Sagrada Familia.

Los contactos con el clero de la diócesis de Hanoi, me han permitido percibir mejor la situación. En Hanoi, hay unos 150 sacerdotes activos y en el seminario interdiocesano ¡hay 300 seminaristas!

 

Abadía de Chau Son

ChauSonDespués de visitar algunas zonas de la ciudad, fui al monasterio de Chau Son, a 120 kilómetros de Hanoi. Me condujo un hombre de unos cuarenta años, que pertenece a la parroquia de la catedral y que tiene una tienda de ornamentos litúrgicos.

Para llegar al monasterio, hay que cruzar una región de bosques y de paisaje ligeramente montañoso. Después de dos horas y media de viaje, llegamos a la entrada del monasterio. Chau Son significa “Montaña de la Perla”, en relación con la colina vecina, que es un lugar de peregrinación para las poblaciones circundantes. Fundada en 1936, la abadía ha sobrevivido a las vicisitudes de las dos guerras de Vietnam.

Aquí llegó a haber hasta 200 monjes, y unos 2.000 católicos establecidos en los alrededores. Después de los Acuerdos de Ginebra (1954), se quedó un solo monje cuidando del lugar. Murió en 1998, a la edad de 95 años. Los demás monjes huyeron y fundaron Chau Son del sur, en Vietnam del sur. Después de la caída del muro de Berlín, se presentaron algunas vocaciones; el renacimiento fue especialmente floreciente a partir del año 2000, al igual que en otros monasterios del sur y del centro. Chau Son norte es el monasterio que en la actualidad cuenta con más vocaciones en la Congregación Cisterciense de la Sagrada Familia. La comunidad tiene, en este momento, 150 monjes, de los cuales sólo 25 son profesos solemnes. Los otros hermanos son profesos temporales, novicios o aspirantes; en el monasterio sólo viven un centenar de monjes; los otros 50 están ausentes por formación o por razones pastorales.

La enorme abadía fue construida entre 1939 y 1945, con ladrillos hechos en el lugar. Los cuatro grandes estanques cuadrados que rodean el monasterio se excavaron para conseguir la arcilla necesaria para la fabricación de ladrillos. Actualmente se utilizan como estanques para piscicultura.

El superior del monasterio es el padre Domingo Savio. Habla bien francés, pues estudió cuatro años de teología en Toulouse. Los monjes han expandido el monasterio, que ya era muy grande. Actualmente, están construyendo un nuevo edificio para alojar a los candidatos a la vida monástica.

Su trabajo consiste en la fabricación de botellas y bidones de agua, jardinería, cultivo de arroz, cría de cerdos, pollos y peces, fabricación de velas litúrgicas, rosarios de madera y estatuas religiosas. Son buenos medios de ingreso para el monasterio. Los fines de semana, desde Hanoi llegan autobuses llenos de visitantes o personas de retiro.

La misa se celebra regularmente en una cueva de la colina cercana, de muy difícil acceso y que alberga una gran estatua de la Virgen de Lourdes. Además de visitar el monasterio, la participación en la vida de la comunidad y una reunión con los monjes, tuve ocasión de hablar largo y tendido con el obispo Joseph, ex-arzobispo de Hanoi, que reside en el monasterio después de haberse retirado de su sede episcopal. Me contó que lo esencial aquí es la formación de los jóvenes. Debemos encontrar formas adicionales para asegurar una buena formación, sobre todo, porque el número de monjes jóvenes es considerable.

El Oficio Divino se lleva a cabo en la gran iglesia con gran esmero. Un momento particularmente interesante fue el tiempo que tuve para reunirme con la comunidad. Las preguntas llegaban desde todos los lados. Lo que más me sorprendió es la amplitud de este cuestionamiento y la libertad.

Una de las grandes dificultades de esta comunidad es la de llegar a encontrar trabajo para todos y asegurar las condiciones óptimas para la vida del monasterio, tanto a nivel humano como material y espiritual. Es importante que esta comunidad sea visitada regularmente por monjes de otras partes del país o del extranjero para que la visión de los monjes pueda ir enriqueciéndose constantemente.

De vuelta en Hanoi, me encontré de nuevo con sacerdotes y cristianos de la diócesis, y con el propio arzobispo. Un hombre de edad (actualmente 78 años) muy sencillo, con una mirada clara de vitalidad y bondad irresistible. Me dijo que venía del sur y que le llevó algún tiempo acostumbrarse a la mentalidad del norte, tan diferente de la de su región. Fue nombrado después de que el obispo Joseph se retiró y creado cardenal. Tratamos con gran confianza muchos temas. Después de un rato, me preguntó por el motivo de mi venida a Vietnam y, al hablarle de mi visita al monasterio de Chau Son, en el marco de la AIM, me habló de la joven fundación de Thien An en su diócesis: Hoa Binh. Le manifesté mi sorpresa, pues nunca había oído hablar de ella. Tomó su teléfono y de inmediato me puso en contacto con esta pequeña comunidad para hacer una visita improvisada.

 

HoaBinhVisita al monasterio de Hoa Binh

Después de la fiesta de Pentecostés, en que presidí la misa en la catedral con la comunidad de habla francesa, me reuní con el Prior de Hoa Binh para ir a su monasterio.

Después de dos horas de camino, llegamos a una zona montañosa, en la que el auto circulaba por carreteras cada vez más estrechas. Apareció una iglesia. Éste es el pueblo donde se encuentra el priorato. Cruzamos un sólo portal, aparcamos el coche junto a un edificio largo y relativamente modesto. Apareció un hermano para darnos la bienvenida. Entramos en la casa, después de saludar a las personas que trabajan en la cocina, tomamos el té. La fundación abrió hace cinco años. El Abad de Thien An envió al padre Francisco como pionero, y dos años más tarde llegaron otros tres hermanos para ayudar a establecerse. Todo es muy sencillo, aunque los proyectos no fallan y los planes son muy precisos. Visitamos la zona. La propiedad abarca cinco hectáreas, pero se podría aumentar. Los monjes realizan muchos tipos de cultivos, cuyo rendimiento es bastante bueno. Los campos están en buen estado y la tierra está rodeada por un muro de clausura de buena proporción.

El porvenir parece abierto positivamente para este embrión. Lamenté no poder permanecer más tiempo en este lugar.

El balance de este viaje ha sido muy positivo. Los contactos han sido fraternos y profundos. El deseo monástico, de unos y de otros, es muy real. Hace falta seguimiento en la formación y buena capacidad de integración. La AIM puede ayudar en este sentido. La Iglesia de Vietnam del norte busca liberarse y desarrollarse. Los apoyos son bienvenidos y es necesario un discernimiento.

 

Julio de 2016, Vietnam del Sur

En julio de 2016, de nuevo volví a Vietnam, pero esta vez, al sur. Me acompañó en el viaje el padre Minh, sacerdote de origen vietnamita, establecido en Francia durante 37 años, en la diócesis de Poitiers. Ha mantenido el contacto con su país, y se dedica al apoyo de los seminaristas, religiosos y sacerdotes vietnamitas en Francia. Fue para mí un guía valioso para comprender mejor lo que realmente está en juego en las reuniones en las que participé.

Llegados a Ho Chi Minh (Saigón) nos dirigimos inmediatamente al monasterio de Thu Duc, a sólo 15 kilómetros. Una imponente comunidad de unas 80 hermanas, novicias y muchas postulantas (alrededor de 30). Toda la liturgia se canta en vietnamita, por supuesto. El oficio es precioso, la bienvenida fraterna, las comidas abundantes, con exóticas preparaciones de todo tipo.

ThuDucEl monasterio se extiende sobre dos hectáreas. El diseño es notable, realizado con gran cuidado. El ambiente es silencioso y al mismo tiempo, los contactos son sencillos y alegres. Las hermanas fabrican hostias para dos diócesis, entre ellas la de Saigón, y ornamentos litúrgicos. La cocina está equipada de manera muy racional. Los dormitorios de novicias y postulantes son muy simples, con camas cubiertas sólo con una estera. Cada hermana tiene una box rudimentario. El Capítulo, sala de reuniones de la comunidad al aire libre; hospedería, talleres, todo bien pensado. Estamos en un monasterio aireado, que uno siente que permite la vitalidad del Evangelio y que trata de interpretar la Regla de San Benito, de un modo apropiado para Vietnam.

Me reuní con la comunidad. El encuentro fue muy sencillo y hermoso. Las hermanas tenían muchas preguntas de gran profundidad espiritual. El interés se centró en la experiencia práctica de la vida monástica: ¿Qué es lo que es más importante, lo más difícil, lo más bello?

No muy lejos de Thu Duc, en el otro lado de Saigón, está el monasterio de Thien Phuoc. Fui a visitarlo una mañana después de Laudes, a las 4:30, a continuación la misa y el desayuno. Este monasterio pertenece a la Congregación de Subiaco. Fuimos recibidos por el prior administrador y el subprior, y un joven que hablaba un excelente francés. Una vez más, nos llamó la atención la amplitud de los edificios en una propiedad relativamente pequeña, de sólo unas pocas hectáreas. Después de los saludos habituales, visitamos el terreno en el que hay una gran fábrica de café, dos estanques de peces, diversas plantaciones, cría de ganado, cerdos, y un corral. Al volver de la visita, nos encontramos con dos monos que nos hicieron fiesta.

ThienPhuocLos hermanos son unos 100 y están construyendo un edificio adicional, que se inició hace dos años, pero que no tienen suficiente dinero para continuar. El crecimiento fue muy rápido, como en todas partes, especialmente a partir del año 2000. Y, como en cualquier período de expansión, es importante no perder de vista que el sentido de la vida no está en el despliegue de fuerzas, sino en la profundización de las raíces.

Por la tarde, se llevó cabo una reunión con los jóvenes y profesos benedictinos de Vietnam, reunidos en el monasterio de Thu Duc. Fue un hermoso momento de intercambio con muchas preguntas acerca de la experiencia de la vida monástica.

El domingo 17 de julio, después de la misa de la mañana y del desayuno, comenzamos una expedición de cinco horas en coche al norte de Ho Chi Minh, en las montañas, para visitar la fundación Loc Nam, del monasterio de Thu Duc. El pequeño autobús estaba lleno de jóvenes hermanas que habían asistido a la sesión de Thu Duc y retornaban a su comunidad en Loc Nam. Al llegar, descubrimos un paisaje fabuloso en el borde de un ancho río con abundante vegetación y una variedad de animales acuáticos, ¡incluyendo muchos patos ruidosos! El monasterio fue fundado hace 17 años: hay 40 hermanas. La AIM ha ayudado mucho a esta comunidad. En la primera noche se celebró una breve reunión con las hermanas.

Al día siguiente pasamos la mañana visitando el lugar. Debido a la gran cantidad de cursos de agua en todo el edificio, hay muchos deslizamientos de tierra. La comunidad ya ha construido varios refuerzos, pero no es suficiente. Están haciendo llenar parte del río con enormes bloques de piedra con una excavadora imponente. Además de los ya existentes, las hermanas construyeron un nuevo edificio de dos plantas.

LocNamLas hermanas siguen utilizando algunos de los edificios primitivos, que son muy rudimentarios, por ejemplo, la cocina y el refectorio. La hospedería se compone de pequeñas casas dispersas en la propiedad, en las laderas de la colina, por encima del curso del río. Aunque esto le da un aspecto muy atractivo, es poco práctico de mantener.

La comunidad está bien integrada en la región. Acoge cada día un centenar de fieles en la misa comunitaria presidida por el párroco. Los domingos hay 400 o 500 personas, y en Navidad o Pascua, pueden llegar a ser más de 1.000 personas. En la parroquia hay también catecúmenos y muchos bautismos. Las hermanas ayudan al coro parroquial enseñando nuevos cantos.

A lo largo de un encuentro con la priora de Nam Loc, madre Agnès, le planteo preguntas:

• Respecto a la colaboración con otros monasterios en el mundo, “¿qué le parece más útil hoy?”. La Madre Agnes responde, sin vacilar: “orar los unos por los otros”.

• “¿Qué es lo más difícil en la vida monástica hoy en Vietnam?”- “La confrontación con la vida moderna que cambia por completo la mentalidad”.

• Las y los superiores monásticos de Vietnam se reúnen cada dos años, durante dos días y abordan temas que les son comunes. Estas reuniones gozan de una amplia participación.

• La formación se realiza por medio de sesiones inter-monasterios para los formadores y los jóvenes. A veces es necesario recurrir a expositores externos.

Por la tarde tuvimos una reunión con toda la comunidad para compartir sobre el sentido de la vida monástica, intercambiar experiencias y enriquecimiento mutuo.

Poco a poco me fui acostumbrando al ambiente y las noches fueron mejores. La Misa se celebró poco después de Laudes, que son a las 4:00.

La estadía en Loc Nam después de la de Thu Duc fue especialmente significativa. Nos hemos dado cuenta de cómo los católicos en Vietnam están sedientos de vida espiritual. Que conceden gran importancia, no sólo a la oración personal, sino también a la dimensión comunitaria, que se alimenta en la experiencia familiar. Esta última es realmente fundamental en Vietnam y se enraíza en una sabiduría ancestral. Incluso si la vida actual puede ser una amenaza, a pesar de todo, sigue siendo una referencia para muchas personas.

Por la tarde, el hermano Vicente Liem (Doanh), de Thien Binh, nos recogió para acompañarnos a una propiedad del monasterio, de la que es responsable. Es un lugar de quince hectáreas llamado Thien Loc, donde tres monjes explotan la tierra con el fin de proporcionar algunos recursos adicionales para la casa-madre y también para preparar el futuro de una posible fundación. Este lugar fue fundado por iniciativa de Thien An. En casi todos los monasterios de hombres en Vietnam, podemos encontrar este tipo de iniciativas.

Estoy impresionado por la sencillez del lugar e incluso su pobreza, y sin embargo, sorprende que los edificios de los tres monjes son relativamente grandes. Después de beber el excelente zumo de aguacate, me dirigí en auto en dirección a Thien Binh, a tres horas y media. Llegamos a las 17:30 y fuimos recibidos por el Padre Prior Philippe Minh Ngoc Vu Tuy y el Visitador de la provincia vietnamita de la Congregación de Subiaco, padre André Quang. Me alegré mucho de encontrarlos, pues los había conocido en Francia, ambos eran estudiantes en la Abadía de la Pierre-qui-Vire.

ThienBinhA la mañana siguiente visitamos el monasterio. La propiedad abarca 23 hectáreas. Una parte del terreno sigue estando disponible para un posible studium monástico para los monasterios del país. Se organizará primero un curso para los monjes. A continuación, podrá extenderse a las monjas. Este proyecto, sin embargo, por diversas razones, todavía está en estado de borrador.

Continuamos la visita de las plantaciones, los estanques de peces, la granja y la clínica. La clínica es un servicio para la población local. Practican medicina tradicional, aunque de un modo bastante elaborado: acupuntura y masajes de todo tipo. Hay muchos pacientes.

Estoy muy impresionado con la calidad de vida en el monasterio, tanto en términos de oración, como de trabajo, de acogida y de atención a las poblaciones circundantes.

Después de dos días de estadía en Thien Binh, donde me reuní largamente con el prior, el padre visitador y toda la comunidad; salimos por la mañana temprano para el monasterio de Phuoc Vinh, de la Congregación cisterciense de la Sagrada Familia. Allí hay dos ex-estudiantes del Studium de Vanves.

Vinh PhuocAccueilEl monasterio está bien situado, es amplio y cómodo. Los edificios son armoniosos. Por la mañana visitamos las diferentes partes de este gran complejo. Algunos cultivos, algo de ganado, un taller de hostias y de ornamentos, estanques para la piscicultura, jardines de recreo para la hospedería (vienen numerosos grupos), lugares de devoción, como un pequeño santuario a la Virgen María, un gran vía crucis a la entrada del parque, etc.

Por la tarde, tuve un encuentro con las hermanas. Son más de un centenar y, por supuesto, la mayoría muy jóvenes. Las preguntas se referían más o menos a los mismos temas. El interés es constante.

Al día siguiente, a las seis de la mañana, me reuní con las novicias, para una entrevista de formación. Las preguntas fueron profundas. La relación es muy viva. Quedé realmente sorprendido por la calidad de estas jóvenes. Son chicas que han asistido a la escuela secundaria o la universidad, saben lo que quieren y algunas lo expresan con convicción. Más allá de las formas externas, de las convenciones sociales y la cortesía íntimamente vinculados a la cultura del país, es evidente que existe una profundidad, que tiene sus raíces en los sufrimientos de un país destrozado por las luchas políticas y que tuvo que servirse del sentido del humor para evitar hundirse en la desesperación. Las generaciones actuales no han experimentado esas situaciones, pero han heredado esa manera de ser y la presión de los organismos públicos siempre está presente.

Las monjas se esforzaron por ofrecernos una gran variedad de deliciosos platos, típicos de la cocina vietnamita. Aunque no soy un experto en este campo, aprecio la variedad, la sorpresa, la preparación, la inventiva de unos platos siempre muy provechosos.

Por la tarde, fuimos en coche a Saigón para reunirnos con un grupo de 40 jóvenes profesas de Vinh Phuoc, que participaron en la sesión de verano de la Escuela de Teología. Dicha sesión tiene una duración de tres semanas cada año y está abierta a varias congregaciones religiosas. Cuarenta jóvenes hermanas que viven en una casa que pertenecía al monasterio de Phuoc Vinh. La AIM ha contribuido al desarrollo de este lugar. Las hermanas duermen y comen en un espacio muy reducido para su número. Duermen en el suelo sobre esteras, una al lado de la otra. Durante el año escolar, la casa está ocupada por una quincena de hermanas de profesión perpetua que siguen la formación filosófica y teológica en la Facultad de Teología de Saigón.

Plantearon todo tipo de preguntas muy profundas. La Madre Abadesa relató la historia de esta casa, que costó mucho adquirir y es necesario ampliar. Luego cantamos vísperas y cenamos allí mismo. Después, volvimos en auto al monasterio.

Al día siguiente, durante el desayuno, la abadesa (que recibió la bendición abacial el 14 de agosto de este año 2016) narró los inicios heroicos de su monasterio en tiempos de persecución. Relató muchas anécdotas que muestran la verdadera naturaleza del temperamento nacional y profunda vinculación de los católicos a la fe de su bautismo. Aquí siempre hay algo que te hace sentir pequeño.

PhuocLiEgliseDespués partimos en dirección al monasterio de Phuoc Ly, de la Congregación cisterciense de la Sagrada Familia. Llegamos después de dos horas de viaje. Cruzamos la puerta principal de un monasterio que tiene un aspecto grandioso. Nos alojaron en la clausura. Encontré muchos hermanos que hablaban un poco de francés. El abad estaba ausente, en este momento estaba en Alemania.

La reunión de la comunidad tuvo lugar por la tarde. Fueron sobre todo los mayores quienes tomaron la palabra, muchos hablaban francés.

El domingo 24 de julio, la Congregación cisterciense de la Sagrada Familia celebró el nonagésimo octavo aniversario de su fundación, fue un día de fiesta. La misa solemne se celebró a las 5:00 y un centenar de laicos participaron en la Eucaristía. Después del desayuno, al ser un día de fiesta, los monjes dedicaron parte del día a jugar fútbol y voleibol.

Por la tarde, visitamos a los extensos edificios. La finca es impresionante, con vacas, 500 cerdos (¡hubo hasta 2000!), pollos y diversos cultivos. Todo exige un gran esfuerzo de mantención. Aunque el monasterio es autosuficiente económicamente en el día a día, necesita recursos de los donantes para los gastos más grandes.

Pude visitar, también, los campos exteriores del monasterio. Hay varias hectáreas de cultivos, estanques, campos de arroz y en el medio de todo esto, un santuario dedicado a la Virgen, donde vienen muchos peregrinos.

Volvimos para vísperas. Después de la cena, me reuní con el padre Vincent, director de formación de los jóvenes. Compartió conmigo sus preocupaciones sobre el tema. Seguiremos en contacto.

Al día siguiente, después del desayuno, dos hermanos de Phuoc Son, de la congregación cisterciense de la Sagrada Familia, vinieron para llevarnos a su monasterio. Llegamos en menos de una hora. El padre Juan de la Cruz es el abad y nos esperó en la puerta del edificio. Me alegró encontrarlo. Él estaba en París, en la abadía de la Source, cuando yo ejercía de administrador para reorganizar esta casa como lugar de acogida para los monjes extranjeros que venían a estudiar a París. Por lo tanto, convivimos durante muchos años.

PhuocSonNos alojamos en la hospedería y pronto llegó la hora del oficio de sexta en la iglesia, después compartimos el almuerzo con la comunidad. Por la tarde, nos reunimos con toda la comunidad e intenté poner en práctica un nuevo método para conseguir un diálogo más auténtico. Les pregunté acerca de la vocación de cada uno, sus procesos, etc. El resultado fue espectacular. Los monjes fueron inagotables: hablaron de su experiencia, la evolución de la vida monástica en su país, los motivos de la abundancia de vocaciones, etc. Por último, me di cuenta de que los que tomamos como jóvenes, son un poco menos de lo que parecen. Parece tener 25 años, pero en realidad tienen 35. Algunos han tenido experiencias enriquecedoras antes de entrar. Necesitaría mucho más tiempo para escuchar a cada uno y obtener una imagen más precisa de las experiencias de los miembros de la comunidad. El padre Juan de la Cruz estuvo presente en la reunión y sus intervenciones fueron muy provechosas. Ante el interés en este intercambio, continuamos el encuentro después de un breve descanso, y luego, fuimos a vísperas. Me reuní con el padre Juan de la Cruz otras dos veces y pudimos profundizar en varios puntos.

El 26 de julio, visitamos las diferentes plantaciones del monasterio y la granja de cría de vacas. También vimos un lugar relativamente grande con una tina para producir un producto típico de la comida vietnamita. Allí trabajan unos 30 monjes. Uno de ellos está al mando de una excavadora, otros llevando carretillas de cemento. ¡Muy impresionante!

PhuocThienA continuación, nos acercamos al monasterio cisterciense de Phuoc Thien. Es el monasterio femenino vecino al de Phuoc Son. Las hermanas son 30 (mientras que los monjes son casi 200). Nos dieron la bienvenida con gran fraternidad. Su monasterio es bastante sencillo y muy bien diseñado. Con la comunidad utilizamos la misma pedagogía que empleamos en Phuoc Son; también en este caso, el diálogo fue muy intenso. Varias hermanas dijeron que fueron religiosas apostólicas antes de entrar en el monasterio. Participamos en el oficio de sexta y en el almuerzo de las hermanas en el refectorio en un ambiente alegre.

Por la tarde salimos hacia el monasterio de Thien Binh, que visitamos demasiado rápido y sin embargo, nos marcó mucho. Llegamos en la tarde y pudimos encontrarnos con el prior Philip, el padre Andrés y los demás hermanos.

Después de vísperas y la cena, organizamos una reunión con la comunidad con nuestro nuevo método. El diálogo fue muy enriquecedor. Percibimos mejor los desafíos de la vida monástica en el contexto de este país en particular.

El miércoles 27 de julio, el padre Philip nos invitó a visitar una pagoda budista. Está a veinte minutos y acoge a un gran grupo de monjes budistas (200). Parece que el éxito de los monjes budistas es importante. Tienen un centro de educación y reciben a muchos jóvenes a quienes proporcionan educación y formación en la sabiduría budista.

Después de esta breve estancia en Thien Binh, volví a Thu Duc, mi punto de partida. Me encontré con la priora y otra hermana por la mañana. Después de un viaje de este tipo, ¡teníamos mucho para compartir!

Hicimos un balance de este itinerario monástico con el padre Minh:

• Vietnam está viviendo una época de esplendor, que en última instancia beneficia a la Iglesia. Esto, a pesar de los problemas internos, incluyendo el éxodo rural, la urbanización y otros relacionados con la época y su contexto. La Iglesia de Vietnam todavía tiene muchos recursos (no hay caída de la práctica religiosa desde hace mucho tiempo). Incluso con la evolución de la moral, la Iglesia tiene realmente futuro durante muchos años.

• En el contexto del desarrollo, el tema de la formación es importante. Se trata de formar a los formadores. Se requiere una mayor coordinación entre las órdenes en diversas formas monásticas. No debería ser que cada comunidad se autogestione. Lo mejor es promover la formación in situ con soluciones compartidas a una adecuada formación monástica. El Instituto Católico de Vietnam (en Ho Chi Minh) abre sus puertas este año ¿por qué no aprovecharlo para los estudios teológicos?

• ¿Cómo ayudar a estas comunidades a tener mayor confianza en sí mismas, sin necesidad de recurrir a la autoridad de un “poder intelectual extranjero”? Debemos ser capaces de considerar la riqueza a nivel local y alimentar un desarrollo adecuado de la Iglesia, y por lo tanto, también un monacato local.

• Muchos cristianos vienen del norte, y por lo tanto también los monjes y monjas, lo que puede producir un desequilibrio en las comunidades. Esto no es nuevo. En 1954, cuando las diócesis del norte se refugiaron en el sur, hubo la misma competencia regional. Sería importante fomentar proyectos que promuevan el norte y quizás el sur profundo en el delta.

• Hay un fondo religioso en el alma vietnamita. El comunismo, en realidad, no ha logrado imponer su ideología. ¿Cómo ayudar a los jóvenes a profundizar su espiritualidad? Se puede notar a veces en los monjes, en especial, un interés cultural por el fenómeno de la ascensión social que puede permitir la vida religiosa, sucede lo mismo en el sacerdocio. Esto requiere apoyo y un discernimiento serio.

• El sentimiento que surge en un testigo exterior, es el de un país (tanto en la Iglesia, como en la sociedad) en plena construcción a diversos niveles, tanto en el exterior, como a nivel interior. Las comunidades se han de esforzar en equilibrar constantemente el desarrollo personal (que es menos evidente en la cultura vietnamita) y la coherencia de la comunidad (esencial en la cultura vietnamita basada en la experiencia familiar, pero que, a veces, resulta demasiado insistente).

En la tarde del 27 de julio, volví a Francia. Ciertamente estas dos semanas y media no fueron suficientes para darme una visión clara de las realidades monásticas que se viven en Vietnam, pero al menos el intercambio fue enriquecido con contactos concretos y experiencias que van mucho más allá de lo que se puede decir cuando se ve la realidad sólo desde Europa.