El cierre del monasterio benedictino
de la Trinidad en Fujimi, Japón

Romano Paur, OSB, Prior
Septiembre 2016

 

FujimiEn diciembre de 2014, el Capítulo de la abadía de St. John de Collegeville, Minnesota (EE.UU.), votó el cierre del monasterio benedictino de la Trinidad en Fujimi, su priorato en Japón. Este priorato fue creado en Tokio en 1947 y luego se trasladó a la pequeña ciudad de Fujimi (prefectura de Nagano) en 1999.

En 1931, los monjes de la Abadía de Beuron vinieron a Japón y fundaron el primer monasterio benedictino de este país. Este priorato tuvo que cerrarse en 1940, dos de sus monjes, los padres Hildebrand Yaiser y José Schmerbach se quedaron. Poco después de la guerra, fueron a Estados Unidos para buscar monasterios que estuvieran dispuestos a apoyar la presencia benedictina en Japón. St. John respondió positivamente a esta solicitud y se fundó un priorato-parroquia en los alrededores de Meguro, Tokio. El trabajo de los monjes en Meguro fue principalmente pastoral, al servicio de una población convertida al catolicismo y que aumentó rápidamente después de la guerra.

La comunidad benedictina de Tokio siempre fue pequeña. Aunque algunos japoneses expresaron su interés en la vida monástica y se unieron a la comunidad, sólo dos pronunciaron los votos solemnes y perseveraron. En los años 1990 la comunidad, alentada y apoyada por la casa madre de Minnesota, decidió devolver la parroquia a la arquidiócesis de Tokio y fundar un monasterio autónomo. Se esperaba que una forma más contemplativa de vida monástica atrajera a japoneses que buscaban una vida de monjes. Compraron una tierra en Fujimi, pequeña ciudad de la región montañosa situada a 200 kilómetros al oeste de Tokio. El diseño del complejo monástico se encargó a un arquitecto japonés.

La comunidad se trasladó de Tokio a Fujimi, en el verano de 1999. A lo largo de estos dieciséis años hubo, de hecho, una serie de hombres que expresaron su deseo de unirse a la comunidad. Siete de ellos terminaron su noviciado y pronunciaron los votos simples. Sin embargo, sólo uno (que era originario de China) pronunció los votos solemnes. En noviembre de 2014, los cinco profesos solemnes de la comunidad de Fujimi votaron por unanimidad pedir al capítulo de la abadía de St. John, el cierre del monasterio.

Cerrar un monasterio es un desafío a distintos niveles para todos los implicados, los propios monjes, los fieles, la iglesia local, vecinos y amigos no cristianos, así como el público en general. Algunos de los principales problemas demandaron nuestra atención fueron:

1. ¿Es necesario cerrar?

A partir de junio 2014, la comunidad comenzó una serie de conversaciones respecto a su futuro y se llegó a la conclusión de que “no podía sobrevivir”. Las razones aducidas fueron:

• La edad avanzada de varios monjes.
• La imposibilidad para la casa madre de continuar enviando monjes a Japón.
• La falta de un monje de habla japonesa para asegurar a largo plazo la misión de liderazgo y de formación.
• La poca probabilidad de atraer vocaciones japonesas.

A lo largo de estas discusiones, el reto fue reconocer que los sueños llenos de esperanza debían ceder ante los hechos históricos y ante una evaluación realista del futuro. Una vez llegado al consenso, el resto del proceso se hizo más fácil y menos doloroso. Llegar a tal consenso, sin embargo, requirió tiempo y de la escucha respetuosa de las opiniones de cada monje.

Desde el principio se decidió que otras personas, aparte de nosotros, debían estar involucrados en la decisión de cerrar. En nuestro caso, fueron consultados e informados tanto los miembros del Consejo consultivo como los oblatos del monasterio. Fue necesario encontrar la forma de responder a su pena y a su resistencia; les explicamos los hechos dolorosos y las conclusiones que de ellos se derivan.

2. Impacto de la decisión en cada monje:

La decisión de cerrar el monasterio puede ser traumática para algunos miembros de la comunidad. Es importante que los sentimientos de cada monje, respecto a la planificación y el futuro de cada uno de los miembros de la comunidad, sean respetados, ya sea en las discusiones comunitarias o durante conversaciones en privado con el superior.

Fujimi23. Elaboración de un calendario flexible para las decisiones y acciones:

A fin de velar por todos los detalles que entraña el cierre de un monasterio y tranquilizar a la comunidad mostrando la realización de procesos concretos, es importante establecer un programa con un calendario para la realización de cada tarea. Dichas tareas consisten en:

• Poner al corriente de la decisión de cerrar y los plazos a diferentes personas (por ejemplo, el Ordinario del lugar, amigos y benefactores del monasterio, la comunidad local y el público en general).
• Informar directamente, así como a través de publicaciones de la comunidad, a los oblatos, benefactores y huéspedes del monasterio.
• Reducir progresivamente el ministerio sacramental y otros ministerios.
• Evaluar la propiedad por profesionales experimentados.
• Intentar vender la propiedad a otras instituciones religiosas y, en caso de no conseguirlo, al público en general.
• Responder a la exigencia legal concerniente a la venta de algunos bienes y las hipotecas.
• Asegurarse que los límites de la propiedad fueran exactos.
• Realizar un inventario de los objetos de valor, tales como libros, muebles, objetos de arte y otros para determinar su destino.

Habrá que afrontar asuntos importantes no previstos que se podrán presentar.

4. Documentación para las decisiones importantes, las autorizaciones y registros:

Probablemente habrá exigencias legales (civiles y canónicas) que exijan aportar la documentación apropiada para acciones tales como:

• La decisión de cerrar el monasterio y disolver la sociedad sin fin de lucro.
• La autorización de los superiores locales para iniciar el proceso de cierre y la venta de los bienes.
• La venta o distribución de los bienes muebles.
• Solución de todos los pequeños conflictos que puedan afectar a las propiedades.
• La desacralización de la iglesia.
• La información a las autoridades civiles y el registro de todas las transacciones de acuerdo con la ley, etc.

5. La venta de los bienes muebles

No es una tarea sencilla, puede ser bastante tediosa e incluso, dolorosa. Los bienes muebles pueden ser diversos elementos tales como libros, muebles, obras de arte (o no), vestimentas litúrgicas, vasos sagrados, objetos de culto, etc.

Es también necesario examinar los documentos de todo tipo para decidir cuáles deben ser conservados en los archivos. Los documentos financieros y compañías de seguros deberían ser catalogados de forma que puedan ser consultados fácilmente. Los documentos relativos a la arquitectura, ingeniería, planos de edificios, operaciones mecánicas, garantías, etc., deberán ser conservados para los futuros propietarios.

6. Disposiciones para la venta de los bienes muebles

Son especialmente importantes las decisiones respecto a la propiedad y los edificios. ¿Hay algún requisito específico de mantenimiento?, los equipos eléctricos, los de calefacción y refrigeración ¿necesitan adaptarse a las normas vigentes? ¿Cuáles son los edificios que necesitan una limpieza profunda? ¿Queda algún trabajo pendiente en los terrenos? ¿Se ha de reservar el uso de los edificios y los terrenos para fines religiosos (católicos, cristianos u otros) o hay que venderlos a quien ofrezca más, sin tener en cuenta su uso futuro? ¿Se puede donar la propiedad para apoyar una causa específica o un objetivo? ¿Quién se beneficiará de la venta de la propiedad? ¿En qué se debe usar el dinero obtenido de la venta de las propiedades? ¿Cómo se desarrollará la puesta en venta del inmueble? ¿Quién la gestionará? ¿Quién es responsable de estas decisiones?

7. Reuniones comunitarias

No es necesario insistir en la importancia de las reuniones comunitarias regulares para las puestas al día y las precisiones. Estas reuniones son necesarias para comunicar información y para involucrar a la comunidad en la toma de decisiones; contribuyen a minimizar los rumores, el desánimo y la pérdida de tiempo. También es importante que los monjes tengan conversaciones regulares con su superior sobre su futuro personal.

8. El cierre

Los monasterios ocupan un lugar especial en el corazón de muchos. Por ello, se ha de preparar cuidadosamente una liturgia de despedida. También, se pueden llevar a cabo otros eventos importantes para poner en relieve las bendiciones que la comunidad ha recibido y ha ofrecido a los individuos y comunidades que han estado asociadas a lo largo de su historia. Estas celebraciones pueden ayudar a aceptar el cierre del monasterio.

9. Aprendizaje

El cierre de un monasterio es, sin duda, una experiencia enteramente nueva y estimulante para todos los monjes. Puede haber una sensación de urgencia por ponerse manos a la obra en el trabajo a realizar a partir de la toma de la decisión de cerrar. Es muy importante dejar a todos los miembros de la comunidad el tiempo necesario para trabajar, a pesar del dolor que acompaña al cierre. Se debe, también, promover y fomentar la contribución de los consejos asesores de los oblatos, feligreses (si una o varias parroquias están implicadas), los donantes y los vecinos. Ellos pueden proporcionar información útil e importante para considerar otras opciones, y puede ayudarlos a prepararse para el cierre.

Hay que estar informado de los requerimientos civiles y canónicos, por ejemplo, un impuesto a pagar al Vaticano por la venta; y anticipar los obstáculos legales que de otro modo podrían complicar el proceso de cierre.

Por último, el rol del superior es exigente. Debe ser paciente, pero persuasivo; flexible pero firme; capaz de soportar la frustración sin llegar a resentirse; dispuesto a dar tiempo para la discusión y la decisión, tratando de frente a los hermanos que tienen otras ideas, capaz de organizar y poner en marcha el calendario de acciones, concentrado en su objetivo y eficaz en la comunicación, sensible a los detalles y en la realización de las acciones necesarias o que aún esperan su puesta en marcha.

Cuando este texto fue escrito (mitad de septiembre de 2016), la sociedad civil y canónica formada por el monasterio benedictino de la Trinidad había sido disuelta. El 11 de agosto, Mons. Rafael Masahiro Umemura, obispo de la diócesis de Yokohama, celebró una liturgia de clausura en la que participaron alrededor de ciento veinte amigos del monasterio. El padre John Klassen, abad de St. John, concelebró y terminó con palabras de agradecimiento y despedida. El domingo siguiente, 14 de agosto, la comunidad fue a la iglesia de San Anselmo, en Meguro, para una última liturgia y una recepción en su antigua parroquia. Después, el abad John y tres miembros de la comunidad se fueron a St. John. El miembro japonés de la comunidad y yo mismo volvimos a Fujimi para terminar los últimos detalles de la venta de terrenos y edificios. El monasterio será comprado por el hospital Kogen de Fujimi.