MONASTERIO NUESTRA SEÑORA DE MIRAFLORES

      Pertenecemos a la Orden de los Cistercienses, que en un principio (año 1098) no era más que un grupo de monjes benedictinos que quisieron vivir en forma más sencilla según la Regla de San Benito (siglo VI), en un lugar llamado "el Císter", en Francia

Todavía hoy nos comprometemos a vivir según esa Regla.

Nos llaman también "trapenses", porque somos descendientes de la reforma, que en el siglo XVII, se realizó en el monasterio de "La Trappe", en Francia. Posteriormente nuestro nombre oficial pasó a ser el de Orden de los Cistercienses de la Estricta Observancia.

  Dicho en forma sencilla, nuestra vida consiste en "buscar a Dios" por la oración. Los medios principales de esta búsqueda son tres: (1) la oración en común, (2) la lectura meditativa, y (3) el trabajo manual.

Buscamos ganarnos el sustento a través de nuestro trabajo, y con la valiosa colaboración de nuestros obreros, en las siguientes fuentes de entradas:  un huerto de almendros, unas 50 cabezas de ganado de engorda, recientemente se está implementando un proyecto de forestación con especies de madera noble: nogales, castaños, guindos, encinos, secoyas, además de los tradicionales eucaliptos y pino insigne. Desde hace unos años fabricamos un chocolate artesanal, que tiene buena venta en nuestra tienda a la entrada de nuestra propiedad, y en varios supermercados de Santiago y provincias. Además de un plantel de abejas para la polinización de nuestros almendros, que producen una deliciosa miel.

Desde hace unos años se ha implementado un programa de formación monástica, con el concurso de profesores que vienen a dictar sus clases a los profesos temporales, además de seminarios sobre temas monásticos por una o dos veces al año, con la participación de nuestras hermanas de Quilvo y otras comunidades monásticas hermanas.

  Medios importantes para nuestra vivencia monástico-contemplativa son el silencio y la separación del "mundo". Estos medios son conducentes no al aislamiento, sino a la solidaridad con todos los hombres en lo que es más central  en cada uno: la pobreza radical que Dios transforma en capacidad de recibir su Palabra Salvadora, Jesucristo. No menos importante es el ámbito que matiza todos los demás medios e instrumentos de nuestra espiritualidad: la intensa vida de comunidad.

  Se oye hablar todavía del "silencio absoluto" de los trapenses. Debemos aclarar que nunca fue absoluto, y que hoy el énfasis está más bien en buscar un equilibrio creativo entre el uso de la palabra y el silencio receptivo. Tampoco ha habido nunca un "voto de silencio".

  Nuestro monasterio fue fundado en 1960 por los monjes de St. Joseph's Abbey, Spencer, Massachussetts, EE.UU. De esa época quedan dos hermanos: P. Ricardo, que fue nuestro Prior por 16 años y que ahora está encargado de la Chocolatería, y Hno. Tomás, nuestro cocinero por largos años. En 1966 la paternidad pasó al monasterio de Gethsemani, en Kentucky, EE.UU. para que Spencer pudiera ocuparse mejor de otras tres fundaciones. De esta comunidad quedan dos hermanos, P. Lino nuestro actual Prior (noviembre de 2002), ya en su tercer período, y P Jorge.

En 1970 nos reconocieron como monasterio autónomo, y tuvimos la primera elección de superior. Desde entonces hemos tenido una nueva elección de Prior cada 6 años. En los últimos años el número de la comunidad se ha mantenido alrededor de 21 en total, de los cuales 6 son de los EE.UU. y los demás de Chile, España o América Latina. Actualmente (noviembre de 2002) hay 6 sacerdotes en la comunidad y uno ausente, con permiso en la Diócesis.

  El 8 de Septiembre de 1986 la comunidad se mudó de su antiguo emplazamiento en La Dehesa, cerca de Santiago, a su actual ubicación en un predio agrícola al noreste de Rancagua. Cabe señalar que en septiembre de 1981 llegaron a Chile nuestras hermanas de Quilvo, provenientes de la Abadía de San José de Vitorchiano, Italia.

Para implementar nuestra tradicional acogida benedictina, disponemos de una casa de huéspedes con 5 piezas, donde varones, previo contacto con el hermano hospedero, pueden pasar unos días de recogimiento espiritual.

  Al despedirnos queremos recordar las palabras de San Benito, que bien pueden servir como resumen de su espíritu. En realidad estas palabras están dirigidas también a ti:

“No anteponer nada a Cristo",

...porque Cristo no quiso anteponer nada a ti.