Abadía de la Santísima Trinidad de Las Condes
Nuestro monasterio se fundó el año 1938 por la Abadía
de Quarr (Isla de Wight -Inglaterra), perteneciente a la Congregación
de Solesmes. Junto a un pequeño grupo de 4 monjes franceses la incipiente
fundación contó también con la presencia de un monje
chileno, el Padre Pedro Subercaseaux, destacado pintor de temas de la historia
de Chile. Dom Henri Berard, quien antes de venir a Chile ocupaba
el cargo de prior de la Abadía de Solesmes, sería primer
prior de la fundación solesmense . Posteriormente se incorporaría
a este grupo inicial otro chileno, el Padre Eduardo Lagos quien, como el
P. Pedro Subercaseaux, también había ingresado como monje
en Quarr. Por diversas circunstancias, en 1948 se acordó la supresión
de esta primera fundación y los monjes franceses debieron retornar
a Europa. La generosidad de la Archiabadía alemana de Beuron
impidió que este proyecto de vida benedictina en Chile se
interrumpiera, realizándose el día 8 de diciembre de 1948
la incorporación oficial de este Monasterio Benedictino de Las Condes
a la Congregación de Beuron. Con el envío de doce monjes
beuronenses capacitados para asumir las diversas responsabilidades de la
comunidad, se lograría entonces implantar y consolidar la vida regular
hasta nuestros días. El primer prior de esta etapa beuronense en
Las Condes fue el Padre Odón Haggenmüller, quien posteriormente
se desempeñaría como prior de Beuron y de Lliu Lliu.
En 1976 Las Condes entra a formar parte de la naciente Congregación
Benedictina de la Santa Cruz del Cono Sur. En 1980 es erigida en Abadía,
siendo el P. Eduardo Lagos su primer abad.
Actualmente la comunidad está conformada por 15 monjes profesos
solemnes, dos profesos temporales, un novicio y un postulante.
El monasterio se encuentra ubicado en un cerro contiguo a la cordillera de los Andes en la localidad de Las Condes, hoy un sector residencial incorporado a la ciudad de Santiago. El área del monasterio ha sido reconocida por el Gobierno de Chile como "zona típica", a la vez que todo el conjunto arquitectónico ha sido declarado monumento nacional, en el año 1981. De este conjunto destaca sin duda la iglesia que, proyectada por dos monjes arquitectos de este monasterio, ha sido capaz de captar en la extraordinaria simpleza de sus formas la vida que la luminosidad del día le va imprimiendo en los distintos momentos de la jornada.
Expresión característica de nuestra comunidad es
la celebración del Oficio Divino y de la Eucaristía. Son
numerosos los fieles que, especialmente los fines de semana, se acercan
para participar de ellas. Las dos hospederías, una para hombres
y otra para mujeres, acogen a personas de distinta condición y origen
que vienen con la intención de vivir unos días de encuentro
con Dios y consigo mismos. A pesar de encontrarse actualmente en un entorno
urbano, la comunidad intenta ser fiel a su orientación
monástica original evitando asumir compromisos pastorales de manera
estable en el tiempo. La Iglesia local respeta y valora esta opción
lo que nos permite ser también un aporte desde nuestro carisma a
la comunidad eclesial.
El monasterio cuenta con talleres de encuadernación y otras artes manuales, a la vez que dispone de un local de ventas donde los interesados pueden adquirir productos elaborados por los monasterios de Chile. La comunidad vive en su mayor parte del ingreso que le proporcionan los arriendos de terrenos, para usos agrícolas y educacionales. Debido a la presencia importante de monjes jóvenes, el tema de la formación es hoy prioritario. De una manera seria y sistemática, con la ayuda de profesores laicos, se imparten dentro o fuera del monasterio las distintas disciplinas que exigen la formación monástica, filosófica y teológica.
Vale la pena también destacar el esfuerzo de los últimos años en ir mejorando el entorno del monasterio por medio de un plan de forestación y de recuperación de un territorio que, con el tiempo, debiera irse transformando en un santuario de la naturaleza. De esta forma nuestro monasterio quiere ser para la ciudad de Santiago un lugar de oración, donde el visitante pueda realmente reconocer los frutos de la paz benedictina.